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La muerte de un animal puede generar un duelo tan intenso como el de una persona, según un estudio

2026-01-30 - 06:15

La muerte de un animal de familia suele ir acompañada de un dolor profundo que, en muchos casos, sigue estando socialmente infravalorado. Aunque la relación con perros, gatos u otros animales es central en la vida cotidiana de millones de personas, el duelo que sigue a su pérdida continúa siendo tratado como algo menor, pasajero o incluso exagerado. Sin embargo, una investigación reciente cuestiona esta percepción. Un estudio liderado por la Universidad de Maynooth, en Irlanda, concluye que el fallecimiento de una mascota puede desencadenar un duelo prolongado clínicamente relevante, con una intensidad comparable a la que se observa tras la muerte de un familiar humano cercano. Cuando en España y gran parte del mundo se ha seguido con el corazón encogido la búsqueda y el rescate de Boro, el perro perdido tras el accidente ferroviario de Adamuz, y nos atravesó la imagen de su titular, Ana, proclamando que “ellos también son familia”, es más fácil comprender la magnitud de estos vínculos y, con ello, el sentido de los hallazgos del estudio. El trabajo recientemente publicado aporta datos sólidos a un debate cada vez más presente en ámbitos sanitarios, laborales y sociales: hasta qué punto el vínculo entre humanos y su animal de compañía debe ser reconocido también cuando se rompe de forma definitiva. Qué es el duelo prolongado El estudio se centra en el llamado trastorno de duelo prolongado, una condición psiquiátrica reconocida en los principales manuales diagnósticos internacionales, como la Clasificación internacional de enfermedades (ICD-11) y el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-5-TR). Este trastorno se caracteriza por síntomas persistentes de sufrimiento emocional intenso, como tristeza profunda, culpa, dificultad para aceptar la pérdida o una sensación constante de vacío, que se mantienen más allá de los 12 meses posteriores a una pérdida humana. Actualmente, estos criterios diagnósticos excluyen de forma explícita la muerte de animales. Los investigadores plantean que esta exclusión podría ser “significativamente errónea”, ya que ignora la intensidad y la complejidad emocional de los vínculos que muchas personas establecen con sus mascotas. Casi mil personas encuestadas y una cifra: el 21% Para analizar esta cuestión, el equipo recopiló datos de 975 adultos del Reino Unido, a quienes se preguntó por sus experiencias de duelo tras la pérdida de personas y animales, así como por cuál de esas pérdidas les había resultado más dolorosa. Entre quienes habían perdido tanto a un ser humano como a una mascota, el 21% señaló la muerte del animal como la experiencia más angustiosa. Este dato desmonta la idea de que el duelo animal sea siempre secundario o menos intenso que el humano. En el conjunto de la muestra, 84 personas cumplían criterios diagnósticos de duelo prolongado. De ellas, el 7,5% desarrolló el trastorno tras la muerte de su animal de familia, una proporción muy similar a la observada tras la pérdida de un amigo cercano, un abuelo, un tío o un hermano. El dolor depende del vínculo Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que los síntomas del duelo se manifiestan de la misma manera, independientemente de si la pérdida corresponde a una persona o a un animal. Los análisis estadísticos mostraron que la estructura del sufrimiento emocional es prácticamente idéntica en ambos casos. Philip Hyland, investigador principal del trabajo, subraya que la clave no está en la especie del fallecido, sino en la cercanía y la dependencia emocional del vínculo. En el caso de los animales de familia, esa relación suele ser diaria, constante y marcada por una sensación de responsabilidad total por su bienestar. A diferencia de muchas relaciones humanas, añade el investigador, los vínculos con animales suelen percibirse como más simples, seguros y libres de conflicto, lo que puede hacer que su pérdida deje un vacío especialmente difícil de asumir. El papel de la eutanasia y la culpa El estudio también apunta a factores específicos del duelo por animales que merecen una investigación más profunda. Uno de ellos es la eutanasia, una decisión en la que los cuidadores participan activamente y que puede generar sentimientos intensos de culpa, duda o vergüenza. Los investigadores recuerdan que, en el duelo humano, las circunstancias de la muerte influyen en la probabilidad de desarrollar un duelo prolongado. En el caso de los animales, la responsabilidad percibida sobre el momento y la forma del fallecimiento podría aumentar ese riesgo. Este aspecto, todavía poco explorado, abre la puerta a futuras líneas de investigación sobre cómo acompañar mejor a las personas que atraviesan este tipo de pérdidas. Implicaciones sociales Más allá del ámbito sanitario, Philip Hyland sugiere que, si el sufrimiento es real y clínicamente comparable, no debería negarse apoyo psicológico ni comprensión institucional a quienes atraviesan un duelo animal intenso. Entre las medidas que podrían revisarse está la inclusión de los animales de familia en políticas de permisos laborales por duelo, una cuestión que ya ha empezado a debatirse en varios países y que también ha llegado al debate público en España. Referencia: No pets allowed: Evidence that prolonged grief disorder can occur following the death of a pet. Philip Hyland. PLoS One (2026)

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