La niebla sectaria
2026-03-10 - 04:24
Una de las peores consecuencias de la polarización que soportamos es que algunos nos quieren convertir a los demás en seres binarios que llevan el frentismo a extremos que superan la barrera del absurdo. ¿Un ejemplo? La respuesta de España a los ataques de Estados Unidos y de Israel a Irán y la niebla sectaria con que unos y otros analizan tanto el pronunciamiento del Gobierno como la campaña que ha abierto este contra quienes no suscriban su posición. Vayamos por partes para explicarlo, que es lo que toca. Primero, la condena del ataque. La gran mayoría de los españoles desaprueba la agresión de Trump y Netanyahu y comparte la firmeza del Gobierno de España y de su presidente, Pedro Sánchez; sin duda, el dirigente más beligerante de Europa contra Trump. Sobre esto, como digo, hay pocas dudas. Pero hay quienes, debido a su antisanchismo recalcitrante, se niegan a aceptarlo. Y segundo, la utilización del ataque por el mismo Pedro Sánchez como recurso para la movilización del electorado de izquierdas, que incluye la resurrección del lema del 'No a la guerra' y el intento de convertir al PP en el partido de la guerra, pese a que este no la haya apoyado. En esto, tampoco hay muchas dudas, pero hay quienes se niegan igualmente a aceptarlo. No debería, pero sorprende la falta de honestidad intelectual de quienes no pueden aceptar ni en sus peores sueños que el Gobierno de Sánchez haya hecho lo correcto en defensa de la legalidad internacional. Y sonroja también la ausencia de escrúpulos a la hora de usar este ataque para definir al PP poco menos que como un partido que apoya la muerte y la destrucción, una acusación tremendista y absurda. ¿Tan difícil es reconocer que el Gobierno ha actuado de modo correcto a la vez que podemos pensar que quiere aprovechar este ataque para movilizar a la izquierda que hoy dormita en la abstención? ¿O es que la crispación política nos impide ser más objetivos a la hora de valorar lo que hacen unos y otros? Vamos mal si dejamos que la polarización nos impida reconocer los aciertos de los adversarios o las estrategias torticeras de los nuestros. Y es lo que nos está pasando. Para pensarlo.