La psicología del crimen de Sueca: desde el trastorno mental transitorio a una explosión de ira por la custodia
2026-01-29 - 05:40
“Yo no soy así. Al final tu madre ha conseguido que me vuelva loco”. Estas habrían sido las palabras del padre a su hijo, con el cuerpo de su amigo aún tendido en el suelo del baño, después de matarlo. Las mismas palabras que empujarían a la idea de un crimen con tintes machistas, en paralelo a uno provocado por un trastorno mental. Ambas opciones pueden coexistir y todavía no se descartan. El sábado por la tarde un hombre se entregó a las autoridades en Sueca. Dijo que había matado al amigo de su hijo, de 13 años. Le habría sobrevenido una especie de ansia homicida, repentina, al verlo cruzar el pasillo. La cuestión que se retuerce estos días es la razón por la que descargó esa violencia contra el amigo de su hijo. Cuando la víctima le contó a su madre que esa tarde iba a ir a casa de su amigo a jugar y a hacer los deberes, la idea no le gustó. A la madre de la víctima, ese padre no le inspiraba confianza. Le conocía, aunque con quien mantenía más relación era con la madre, sin que fuera una relación especialmente estrecha. Lo que se conoce del agresor es que se había separado de su mujer, tenían dos hijos, el adolescente de 13 años que presenció lo ocurrido, y otra de siete. El proceso de separación no había sido sencillo. Llevaban tiempo en una batalla judicial por la custodia de los niños, que el propio padre tildaría de “guerra” ante el juez. Algunas informaciones apuntan a la posibilidad de que el padre se enfureciera porque pocas semanas antes de los hechos, la madre habría intentado modificar las condiciones de la custodia. En la vista, habría sacado un informe de servicios sociales, presuntamente desfavorable para el padre. El hombre había figurado en el sistema VioGén, existirían denuncias previas por conflictos entre ambos, pero en su momento quedó absuelto. Cae la sospecha de presunta violencia intrafamiliar. La posibilidad de que los reproches se fueran solapando podría explicar la animadversión entre ellos, pero no contra el amigo de su hijo, que nada tenía que ver con el asunto. Entonces, ¿por qué? La violencia no tiene justificación, pero sí motivación. O la víctima fue escogida, o descargó su ira de forma aleatoria. El hijo, después de ver lo que su padre había hecho, le rogó que no le matara a él también. El padre le abrazó, le dio un vaso de agua y lo llevó a casa de sus abuelos. El hijo le pidió que no se suicidara. Después, se entregó. Según la declaración del padre, él le habría insistido al hijo para que no trajera a nadie a casa porque ese día no se encontraba bien. Habría llegado incluso a ofrecerle dinero a él y a su amigo para que saliesen de casa. Otras versiones apuntan a lo contrario: que el padre propició ese encuentro en el domicilio, a solas con su hijo y ese amigo, evitando con excusas que otros compañeros pudieran acudir. El padre ha explicado que no tenía ningún problema con ese niño, ni con su familia. Al juez le dijo que se bloqueó, que entró en un estado de colapso y que no recuerda con claridad lo ocurrido. Solo cómo inició y el resultado. ¿Puede una persona sana volverse “loca” de repente? Hay distintas alternativas dentro de la psiquiatría. Los homicidios impulsivos son reacciones emocionales intensas y descontroladas. No hay planificación previa. Estas conductas suelen ser rápidas, desencadenadas por una emoción intensa como la ira, el pánico o la frustración. La fuerza emocional llega a mermar los frenos inhibitorios y se descarga una violencia afectiva, desbordada, que supera la capacidad de autocontrol. Ligado a esto, destacan los trastornos de control de impulsos o violencia reactiva. Son estados y mecanismos que alteran la regulación emocional. Se reacciona desproporcionadamente ante estímulos y puede desembocar en pérdida del control de impulsos o episodios de ira extrema. Se pierde la capacidad de detener la escalada de violencia y en casos extremos puede llevar al homicidio. Aunque no conste en los manuales diagnósticos, existe una afección llamada “síndrome de Amok”, muy rara y discutida, descrita como un fenómeno que provoca un brote repentino, aleatorio, de violencia salvaje sin motivo aparente. Se produce como respuesta a una acumulación de tensión emocional, a experiencias traumáticas, hostigamiento prolongado, periodos de estrés, depresión o fatiga. Es habitual que después del acto se produzca amnesia lacunar, es decir, que el sujeto no recuerde del todo lo ocurrido. Existen diversas vías para el arrebato, obcecación o estado pasional, tal como refleja nuestro Código Penal. Ante la aparente ausencia de móvil, cabe la posibilidad de un trastorno mental transitorio. El padre tenía depresión y estaba en tratamiento psicológico. De momento no constan patologías previas ni trastornos diagnosticados. Ahora serán los forenses quienes examinarán su psique para determinar si escogió a la víctima por algún motivo, ligado a la custodia, al litigio o algún tipo de venganza, si hay resquicios de una violencia vicaria extendida, o si fue una extrema acumulación de intensidad desmedida. La violencia suele ser resultado de una interacción de múltiples factores. Y el resultado siempre es la injusticia más dolorosa, que no descansa en razones.