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La razón detrás de la apertura al público del apartamento de la reina Isabel II en Edimburgo

2026-03-12 - 21:53

¿Qué significa realmente el último movimiento de la familia real británica? Máxime, claro, si se tiene en cuenta el frágil momento reputacional que atraviesa la institución por muy variados motivos, aunque especialmente por todo lo relativo al expríncipe Andrés y su relación con Jeffrey Epstein. Porque desde Buckingham Palace se es consciente de que Carlos III de Inglaterra no tiene la presencia pública ni la capacidad de liderazgo de Isabel II, quien a pesar de su muerte sigue siendo prácticamente un activo más en lo que a recaudación se refiere. Por eso el último "homenaje" a la difunta reina, la más longeva y la que más tiempo ha estado en el trono, se puede pensar así, como una forma de ganar dinero, de que siga siendo útil a la monarquía. Porque este 2026, concretamente el próximo día 21 de abril, se cumplen 100 años de su nacimiento y entre la multitud de actividades culturales y celebraciones en su honor sobresale, como puntualizan desde Vanitatis, la apertura de su apartamentos privados en Edimburgo. En concreto, en el Palacio de Holyrood, situado al final de la conocida como Royal Mile, en la que la soberana residía cuando viajaba a la capital escocesa. Se trata casi de un templo, dado que había zonas que jamás se habían abierto a la población, y, en forma de homenaje, como explican la iniciativa desde la institución, el público podrá ahora acceder al Salón Real, donde Isabel II y su esposo solían cenar; la Sala de Estar, donde trabajaba y recibía las cajas rojas de despacho del Gobierno; o el Vestidor, donde todavía se conservan tres de los conjuntos que utilizó en otros tantos eventos reseñables que tuvieron lugar en la ciudad. Son lugares que la visita estándar no incluye pero que ahora estarán disponibles... Bajo una entrada concreta que cuesta más del triple que el acceso normal, lo que ha levantado suspicacias sobre la verdadera razón detrás de esta medida, debido a los importantes ingresos que se esperan que esta idea genere para las arcas de la Royal Collection Trust, la organización dedicada a la gestión y conservación tanto de la colección de arte de la realeza británica como de sus residencias públicas —con el castillo de Windsor o el propio palacio de Buckingham como ejemplos más conocidos—. Como explican desde el citado medio, sí, son las viviendas oficiales de varios miembros de la familia real, pero pertenecen al Estado, siendo únicamente financiadas por la venta de entradas para las visitas, el merchadising disponible sobre las mismas y posibles donaciones. Es decir, que no reciben fondos públicos. De esta forma, el presupuesto estatal para la monarquía no varía de año en año en demasía si son necesarias reparaciones o mantenimiento, aunque, a su vez, exige que estén en perfectas condiciones para que el turismo siga acudiendo. Cuando iba a acceder al trono, se solía informar acerca de cómo Carlos III de Inglaterra pretendía conseguir que estas recaudaciones fuesen todavía mayores sin tener que subir los precios, rebajando el número de activos de los Windsor e invirtiendo. Fue un movimiento, de hecho, que le salió a la perfección con el castillo de Balmoral, también en Escocia, y donde de hecho falleció su madre. Sus visitas se abrieron al público por primera vez, de prueba en 2024. Pero fue tal la acogida que aunque en principio iban a ser unos meses, el palacio sigue pudiendo visitarse a día de hoy. Y es porque las cifras cuadran, por lo que no es descartable que ocurra lo mismo con estas nuevas estancias privadas de Isabel segunda en su residencia de Edimburgo. En principio, la apertura solo tendrá lugar del 21 de mayo al 10 de septiembre, exceptuando algunas fechas clave, como aquellas en las que el propio monarca hará uso del palacio. Pero el resto del tiempo están establecidos cuatro accesos al día, siendo de 25 personas cada uno. Si se llena, que es lo previsto, serán alrededor de 10.000 personas quienes acudan, dejando un total de 800.000 libras, muy cerca del millón de euros —unos 927.000, en concreto—. No son cifras que se puedan comparar con los aproximadamente 40 millones que, cada año, generan entre memorabilia y entradas, los grandes baluartes de La Firma, Buckingham, Windsor y el propio Holyrood, pero sí que, en este caso, es un dinero que no va a necesitar dedicarse a reformas o mantenimiento, dado que las estancias que se van a abrir no han necesitado más que el mínimo mantenimiento del propio uso cuando ha estado allí algún miembro de la familia real desde la muerte de la reina. Id est, que en la práctica son todo beneficios. Una medida estrella que es la que ha hecho preguntarse si se puede seguir llamando "homenaje" a lo que, sin lugar a dudas, es una idea de carácter crematístico, más comparable a lo que, en 2024, tras una reforma bastante cara, ocurrió con el ala este de Buckigham Palace, cuando se abrió —de nuevo con un precio de entrada especial, el Salón Central que da acceso al conocido balcón, el Victoria Memorial, el Salón Amarillo o el corredor principal o lo que se lleva haciendo en la familia Windsor desde la pandemia, cuando sus ingresos bajaron considerablemente.

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