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La razón por la que se puso de moda vender sombreros mexicanos en las tiendas de souvenirs de España

2026-02-17 - 09:45

Hubo un tiempo en el que, al pasear por casi cualquier zona turística de España, desde las Ramblas de Barcelona hasta los paseos marítimos de la Costa del Sol o las callejuelas de los cascos históricos, era fácil encontrarse con tiendas de souvenirs donde colgaban enormes sombreros mexicanos junto a imanes de paella, abanicos y camisetas de equipos de fútbol. Aquello era un claro anatopismo, término que describe el error de colocar un elemento en un lugar geográfico o cultural que no le corresponde, porque esos sombreros no pertenecían a la tradición española ni tenían vínculo real con las ciudades donde se vendían, y aun así durante décadas llegaron a verse como parte natural del paisaje turístico. Para entender cómo empezó todo hay que retroceder al gran boom turístico de los años sesenta y setenta, cuando la España franquista se vendió al exterior con el lema Spain is different y empaquetó sol, playa y folclore en un único producto. El turista sueco, alemán o británico que llegaba a Benidorm, Torremolinos o Barcelona veía borrosas las fronteras entre lo español y lo mexicano, alimentado por películas rodadas en Almería donde charros y bandoleros compartían casi el mismo vestuario, y por una publicidad que convertía lo ‘hispano’ en un cóctel de calor, fiesta y exotismo en el que el sombrero mexicano encajaba a la perfección. Aunque el sombrero cordobés era el icono español original, en las estanterías de las tiendas de recuerdos el sombrero mexicano ganó por goleada, más grande, más colorido, más fotogénico y mejor para protegerse del sol. Los fabricantes empezaron a exagerar formas y adornos hasta que, empujados por la demanda de algo festivo y barato, el catálogo derivó hacia versiones simplificadas del sombrero de charro. A los turistas les daba igual la fidelidad cultural, buscaban un disfraz para las vacaciones. Con el tiempo, la renovación de los souvenirs y el cambio de gustos fueron desplazando esos sombreros, que quedaron como una de las estampas más curiosas del turismo de masas en España.

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