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La realidad de ser actor sordo en España: "La barrera es grandísima. Son extranjeros en su propio país"

2026-03-04 - 06:13

"Hay una persona sorda que quiere contactar con usted", dice la voz al otro lado del teléfono. La persona sorda es Carlos Soroa, actor a quien quizás conozcas por la serie de Netflix Bienvenidos a Edén y a quien he pedido que me llame por este sistema de videointerpretación en lengua de signos llamado SVisual. La idea me la ha dado un par de días antes su representante, Mariluz Manada, al contarme que a veces se comunica con Carlos a través de este sistema. Es un sistema que, curiosamente, yo conocía por el cine. Para ser exactos, por la película Relay, en la que Riz Ahmed interpretaba a un negociador especializado en mediar en los conflictos entre grandes corporaciones y los whistleblowers arrepentidos de haber filtrado información de sus empleadores. Para mantener su anonimato, su personaje se servía de un servicio de comunicación para personas sordas. En la vida real Carlos Soroa no escribe en un aparatito tan curioso como el que utiliza Ahmed en Relay sino que habla por videollamada con un intérprete de lengua de signos que es a quien yo escucho al otro lado del teléfono. Mariluz ya me había advertido de que la comunicación a veces puede resultar algo accidentada, de que puede haber retrasos porque el servicio está muy demandado, de que a veces la conversación no fluye tanto como a uno le gustaría. Pero he sido yo quien le he pedido hacer la entrevista por este medio para hacerme una idea, por pequeña que sea, de las barreras comunicativas a las que se enfrenta un actor sordo en su día a día. Con esa intención nace este reportaje. "Para mí, lo más importante es que haya cada vez más concienciación, que las personas oyentes conozcan más de la comunidad sorda, que no se quede todo en esta entrevista si no que mi testimonio sirva para dar a conocer la sordera", explica Carlos Soroa a través de su intérprete. Aunque nunca he escuchado su voz no puedo evitar que se me haga raro escucharle a través de otra persona. Ni esa sensación de extrañeza que acompaña a cualquier entrevista traducida, interpretada. Una extrañeza que aumentará cuando la llamada se corte y, tras un rato de espera, vuelva a hablar con Carlos, esta vez a través de una intérprete femenina. Carlos, que tiene pendiente de estreno Todo arde, de Samantha López Speranza (Todos los lados de la cama), pertenece a ese escueto grupo de personas sordas dedicadas a la actuación. Cuando le pregunto si hay alguna asociación con la que contactar se lamenta y me explica que lo más parecido que hay es un grupo de WhatsApp. A ojo, calcula que serán unos 30 o 35 actores sordos en toda España y por ese canal comparten noticias, oportunidades y propuestas de casting. Son un gremio pequeño pero que estos días está de actualidad gracias al Goya de Miriam Garlo, protagonista de la emocionante ópera prima de Eva Libertad, Sorda, y primera actriz con discapacidad auditiva en ganar el máximo galardón del cine español para una intérprete. Un antes y un después en visibilizar lo invisible La actriz y multifacética artista protagoniza esta película que ganó otros dos premios Goya (Eva Libertad se alzó con la estatuilla a mejor dirección novel y Álvaro Cervantes con la de mejor actor de reparto) y que, adentrándonos en el desconocido universo de las personas sordas, ha supuesto un hito a la hora de dar a conocer esta discapacidad. Basándose en el cortometraje homónimo de 2023, también nominado al Goya, cuenta los miedos de Ángela, una mujer sorda a punto de ser madre que teme no ser capaz de comunicarse con su hija y ve cómo esos miedos abren una grieta en su relación con Héctor, personaje oyente y signante para el que el actor Álvaro Cervantes aprendió durante un año la lengua de signos. “Sin comunicación somos muebles, sin comunicación no hay respeto. Sin respeto somos un fracaso cultural como sociedad. Aprendamos lengua de signos y, si no podemos, usemos nuestros cuerpos, nuestra inteligencia y nuestro arte para comunicarnos”, dijo Miriam Garlo al recoger su Cabezón el pasado 28 de febrero en Barcelona. Fue su compañero de reparto, Álvaro Cervantes, quien nos contó en nuestro podcast Mi vida en películas, cómo la actriz perdió el oído a los seis años y, como persona sorda postlocutiva, vivió toda su vida leyendo los labios. "Se sacó un doctorado leyendo los labios y culminó su etapa formativa con éxito, pero en un momento dado empezó a soñar en lengua de signos. La gente le hablaba en lengua de signos. Era una señal del inconsciente. Aprendió lengua de signos y conectó con su identidad sorda. Empezó una nueva vida para Miriam. Ella dice que hasta los treinta vivió en blanco y negro y a partir de ahí empezó a vivir en color", explicaba. El actor de 42 segundos o Tres metros sobre el cielo ha sido clave en la reivindicación del trabajo actoral de Miriam Garlo. Como testigo directo de su talento y esfuerzo siempre ha remarcado que interpreta un personaje con una sordera prelocutiva. "El personaje de Ángela pierde el oído a los dos años. Por tanto, tiene otra voz, otra forma de comunicarse. Y tenía que hacer ese trabajo de construcción dificilísimo porque ella tampoco se escucha. Le decía a Eva Libertad que era como pedirle a una persona ciega que pintase un cuadro al óleo. Fue flipante ver ese trabajo de encontrar esa voz", contaba Álvaro Cervantes en Mi vida en películas. Para Eva Libertad era muy importante que quedase claro que su hermana no estaba haciendo de sí misma, que había un trabajo interpretativo detrás que merecía la pena reconocer y así nos lo expresó cuando la entrevistamos por el estreno de la película, hace un año: "Me pasó con el corto. Y creo que tiende a suceder, que cuando una persona tiene una discapacidad podemos pensar que no está interpretando sino que la discapacidad ya hace el personaje". Para Miriam Garlo, el reconocimiento que ha alcanzado Sorda es sumamente importante. "Se han hecho muy pocas cosas que visibilicen a las personas sordas en España. Todavía es una comunidad que está muy invisibilizada, muy estigmatizada y muy silenciada cuando somos un millón de personas". Para Marc Blauk, actor sordo al que también has visto en el filme de Eva Libertad y en La última noche en Tremor y al que veremos próximamente en el cortometraje [Re]conecta[dos], dirigido por el cineasta sordo Pedro Soroa, la película "marca un antes y un después porque visibiliza algo que hasta ahora era invisible para la sociedad. Es una gran oportunidad para que la gente conozca nuestra diversidad y entienda que las personas sordas formamos parte activa de la sociedad, al igual que las oyentes". Espacios de formación en los que falta formación El audiovisual español tiene mucho trabajo por hacer respecto a la inclusión de las personas sordas. “Debe adaptar la comunicación en rodajes y castings, ofrecer oportunidades más amplias y normalizar nuestra presencia en pantalla. Las personas sordas podemos interpretar cualquier papel y aportar diversidad y riqueza a cualquier historia", explica Marc Blauk, que desearía interpretar “personajes complejos y desafiantes, que no se definan únicamente por ser sordos". Un anhelo que comparte con Carlos Soroa, que siente que ha tenido papeles muy parecidos y está preparado para interpretar personajes diferentes. Tanto ellos como Miriam Garlo tienen muy interiorizados los retos a los que se enfrentan los actores sordos en el desempeño de su profesión. Empezando por la formación, esos talleres o cursos a los que han accedido a lo largo de su vida pero en inferioridad de condiciones respecto a sus compañeros. "En esos espacios de formación está faltando formación. Esas instituciones, escuelas de teatro, academias o lugares donde se imparten cursos carecen de formación para enseñar a las personas sordas", cuenta la protagonista de Sorda, que a lo largo de su extensa trayectoria formativa ha tenido todo tipo de experiencias, desde profesores con buena predisposición, curiosidad y cariño, hasta docentes con poca inteligencia emocional que olvidan constatemente que no pueden dar la clase de espaldas. "Hace falta anticiparse para organizarlo todo. Porque adaptarse a las necesidades de una persona sorda sobre la marcha no es tan fácil. Y luego están los factores emocionales, psíquicos, energéticos para que te puedas relacionar bien con tus compañeras y compañeros, relajarte y aprender", continúa. La incorporación de un intérprete acabaría con todos estos problemas pero el tema económico se impone. Carlos Soroa recuerda todos esos talleres a los que se ha presentado sin intérprete porque "es caro. Los compañeros me tienen que ayudar. Y claro, eso es un reto". O puede, como le sucedió a Marc Blauk, que directamente no les dejen formar parte del proyecto. "Después de estudiar Bachillerato en un instituto bilingüe (lengua de signos y lengua oral), decidí formarme profesionalmente como actor. Sin embargo, ninguna escuela me admitió porque exigían estudiar canto y técnica vocal para obtener el título. Aquello me afectó profundamente, ya que fueron esas mismas instituciones las que pusieron barreras, tanto sociales como comunicativas". Hay una discriminación en la faceta formativa más sutil y que escapa aún más a su control. Y es que el aprendizaje de un actor pasa también por ver a otros actores trabajando. "Como personas sordas, ¿cómo conocemos los trabajos que hacen nuestras compañeras de la industria si no podemos acceder a ellos", se pregunta Miriam Garlo cuando hablamos con ella antes de los Goya y añade que no ha podido ver ni Los domingos ni Romería ante la inexistencia de pases de las películas españolas con subtítulos. Según la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE), en España el acceso a la cultura de las personas sordas está respaldado por un sólido marco normativo: la Constitución Española (arts. 9.2, 14 y 44.1), la Ley 27/2007 que reconoce las lenguas de signos españolas, la Ley General de derechos de las personas con discapacidad (RD 1/2013), la Ley 55/2007 del Cine, la Ley 15/2022 integral para la igualdad de trato y la no discriminación, así como la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. La propia Ley del Cine establece la incorporación de medidas de accesibilidad como el subtitulado y la lengua de signos, e incluso contempla ayudas para garantizarla. La realidad, sin embargo, es bastante distinta. La oferta accesible sigue siendo limitada, irregular y, en muchos casos, inexistente en lo que respecta al cine español. "Las personas sordas no pueden acceder al cine español porque no está subtitulado. Esa sería una primera reivindicación, el acceso a tu cultura, a tu gente", resume Lidia Díaz-Cardiel, intérprete de lengua de signos que nos ilustra sobre un chascarrillo habitual entre las personas sordas: "Nosotros tenemos la broma de que las personas sordas han visto más cine checoslovaco que español porque son las películas que sí que se subtitulan". Un cordón umbilical como el de la mamá y el bebé Lidia Díaz-Cardiel es intérprete de lengua de signos y socia de SIGNAR, cooperativa que ofrece interpretación y formación en Lengua de Signos desde 1997. Ella y sus dos hermanos son CODA, acrónimo en inglés de Children of Deaf Adults (Hijos de Adultos Sordos) que la película ganadora del Oscar en 2022 popularizó en el mundo oyente. A su hermano Raúl acudió Álvaro Cervantes para aprender lengua de signos durante la preproducción de Sorda. Y Lidia recuerda cómo el actor era una presencia habitual en el Ponce de León, centro referente para el alumnado sordo, y de qué manera en su casa "era uno más. Venía y practicaba com mis padres. Fue una inmersión lingüística total". Lidia y sus hermanos acaban de volver de los premios Goya, donde interpretaron a Miriam Garlo en la alfombra roja y durante la gala, como también hicieron durante la larga promoción de la película, que comenzó el año pasado en el Festival de Berlín. Sin embargo, en el rodaje de Sorda, al rodarse en su Murcia natal, Miriam contó con su intérprete habitual, Alejandro Macia. "Yo creo que debemos interpretar toda la información del rodaje pero conociendo las necesidades de los actores sordos, hacer de filtro, captar lo importante pero tener la sensibilidad de no agobiar", nos cuenta Macia en la propia entrevista a Miriam Garlo. Él fue una figura clave para que, durante el rodaje de Sorda, "yo no tuviese que estar haciendo un ejercicio paralelo al interpretativo de concienciación o explicación de lo que es la discapacidad" Porque, para Garlo, esa concienciación en el rodaje es clave: "Yo creo que igual que hay agentes de intimidad que están cuidando con delicadeza los espacios de sexo, de desnudo o amor, estaría muy bien que, si se trabaja con discapacidad en el set, hubiese un perfil que estuviese protegiendo a la discapacidad. No quiero decir a las personas con discapacidad, quiero decir a la propia discapacidad, a la condición. Y que eso fuese que estuviese formando desde ahí a todas las personas que están formando parte del set de rodaje". La actriz se emociona escuchando a su intérprete y cuando llega su turno de palabra lo resume así: "El vínculo entre Alejandro y yo no se ve pero es un cordón umbilical. Como el de la mamá y el bebé. Yo dependo de él pero desde un lugar muy bonito que no me hace dependiente. Y el depende de mí porque está trabajando para mí". Garlo, que lleva años trabajando con Macia, es consciente de lo difícil que es encontrar a un intérprete con el que exista esta simbiosis. "Yo tengo la suerte de haber encontrado a alguien que es el que a mí me va. Porque está a mi mismo nivel de contenidos intelectuales, teóricos y de sensibilidad. Eso es muy importante. No se trata solo de feeling, simpatía y querer hacerlo bien. Es muy importante que se ajuste muy bien al grado de curiosidad intelectual de la persona sorda". Lo mismo le sucede a Carlos Soroa con su intérprete de confianza, Sara Castro. Pruebas de casting, otro de los retos para los actores sordos Mariluz Manada nunca había representado a ningún actor sordo hasta que apareció en su vida Carlos Soroa. "Me experiencia con él es maravillosa. He aprendido muchas cosas porque no tenía a nadie cerca con sordera”, explica la representante cuando la contactamos. Hasta que aprenda lengua de signos, “una promesa que le he hecho a Carlos", dice, la comunicación entre ambos es sobre todo por WhatsApp o por SVisual. Miriam Garlo es consciente de la importancia de la figura del representante. "La mía se enfrenta al reto extra de, cuando propone todos los actores a los que representa, meterme a mí y tratar de pelear con el director de casting para convencerle de que ese personaje puede ser sordo", explica. Algo de lo que también es consciente Carlos Soroa: "Mariluz es muy importante para mí. Puede que haya otros representantes que se lavan las manos pero ella siempre cuenta conmigo. Hay barreras pero ella siempre es muy positiva y me apoya". "Si ya es difícil para los actores oyentes tener proyectos, para los actores sordos es más complicado", explica Manada que graba las pruebas de su representado con una herramienta llamada Selftape y con la ayuda de su intérprete habitual. Las pruebas de casting son, efectivamente, otro de los retos a los que han de enfrentarse los protagonistas de este reportaje. Es el caso de Marc Blauk, que, tras enviar su candidatura a castings siendo una persona sorda, se encontró con la respuesta de que no podían selecionarle porque no podrían comunicarse con él. "Esto se llama 'audismo', que es la discriminación hacia las personas sordas basada en su forma de comunicarse y en la creencia de que no somos capaces", explica el actor que, sin embargo, no pierde la motivación para seguir luchando por la visibilidad y los derechos de la comunidad sorda en el mundo audiovisual. Podemos hablar sin duda de un problema de desconocimiento, de falta de información y concienciación. Así lo ve Lidia Díaz-Cardiel, que trabajó como intérprete en el casting de Sorda. "Esos castings ya están pensando en actores que necesitan intérprete de lengua de signos, pero en los castings en general hay ese sesgo de que no quieren actores sordos. Hay una discriminación por lo económico, porque hay que incorporar en el presupuesto al intérprete. Y los directores de casting tampoco suelen tener en cuenta la iluminación, la posición de los actores o los tiempos, que son distintos para los actores sordos", explica la intérprete, que en algunos casos ha ejercido el voluntariado para no impedir que se contratase a actores sordos y se perdiese la oportunidad de representación de esta comunidad. No se escriben personajes sordos Y llegamos al fondo de la cuestión: el problema principal es que casi no se escriben personajes sordos. "No se crean historias con sordos. No sé si porque se piensa que no hay actores profesionales sordos, con formación. O porque a los guionistas no se les ocurren estas historias y quizás no tienen relación con el mundo de la sordera, como en el caso de Eva Libertad. O porque la gente piensa que es un proceso más difícil", reflexiona Mariluz Manada. Sin embargo, para Miriam Garlo la solución es fácil: "Ahora muchas directoras de casting piensan que un personaje masculino lo puede encarnar una actriz en vez de un actor. Quizás podrían plantearse si ese personaje puede ser sordo. Y convocar a los actores y actrices sordos, a la pequeña cantera que hay". Todos los entrevistados en este reportaje coinciden en la misma impresión, la de carecer de referentes. Si se les pregunta citan CODA, a Troy Kotsur, a Marlee Matlin y su Hijos de un dios menor. También a la actriz francesa Emmanuelle Laborit, cuyo libro autobiográfico El grito de la gaviota es un título imprescindible para los artistas sordos. Pero al acotar los referentes a algo cercano, la respuesta es nula. "Eso lo hace todo más complicado. Te dices que es imposible, que nunca vas a poder formar parte de este oficio", contaba Miriam Garlo antes de saber que ella estaba a punto de convertirse en el primer referente para la comunidad de actores sordos. Ella y su hermana, la directora Eva Libertad, han contribuido a que los futuros actores sordos no puedan quedarse en blanco cuando les preguntemos por sus referentes. Y a hacer visible esta discapacidad que todos coinciden en llamar invisible. Lo explica Lidia Díaz-Cardiel y se puede decir más alto pero no más claro: "Es una discapacidad invisible porque si tu te cruzas por la calle con una persona sorda no sabes que lo es, pero la barrera es grandísima porque es la de la comunicación. Son extranjeros en su propio país".

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