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La Rioja, una tierra para degustar con calma

2026-03-23 - 09:50

La Rioja más rural abre sus puertas en primavera. Con la llegada de los primeros rayos de sol, los pequeños municipios vuelven a recuperar el latido vital tras el letargo invernal. Primero, sólo los fines de semana y festivos con la llegada de los hijos del pueblo que trabajan en la ciudad, pero que vuelven siempre que pueden para disfrutar de sus orígenes; después, en el día a día, con la presencia más constante de pequeños y mayores en las calles para pasar sus vacaciones en armonía con los residentes habituales. Los pueblos riojanos son espacios de quietud y tranquilidad que permiten el descanso en cualquiera de sus confortables y bien adaptados alojamientos rurales (dotados con las comodidades de los hoteles urbanos), pero también ofrecen un amplio abanico de posibilidades para los caracteres más inquietos. La naturaleza proporciona un escenario único para paseos a pie, en bicicleta o incluso en quad o a caballo. Los Cameros, el Alto Najerilla o La Demanda viven en estas fechas una explosión verde. Los bosques muestran la exuberancia de su vegetación y dibujan sendas por pinares, hayedos, choperas... que, con frecuencia, conducen (sólo con el ruido del viento y en algunos casos del agua de riachuelos y arroyos como banda sonora) a miradores naturales que se abren en plena serranía descubriendo impresionantes vistas. Por toda la región, los senderos GR , rutas señalizadas para bicicleta de montaña, las posibilidades que ofrecen vías verdes o antiguas calzadas, además de los caminos entreviñedos... invitan al paseo para establecer un contacto directo con la naturaleza más autóctona. Y mientras aún se aprovechan las últimas nieves en la estación de Valdezcaray , comienza ya el movimiento en el embalse González Lacasa para preparar el centro náutico de El Rasillo, que refrescará el verano de todo el entorno y amplía la oferta deportiva de la zona durante los meses estivales. Los pequeños municipios de entornos rurales son enclaves en los que dentro de unos meses, se tendrá el privilegio de disfrutar (como en pocos sitios) del eclipse solar que tendrá lugar este verano. La Rioja, y en concreto sus localidades serranas, constituyen la mejor ventana al firmamento y un escenario perfecto para poder disfrutar del cielo sin la contaminación lumínica de las ciudades. No en vano, una parte de la región está considerada Reserva Starlight , o lo que es lo mismo, es un territorio destinado a la preservación de la calidad del cielo nocturno y de los diferentes valores asociados al mismo. Estas circunstancias llevan a disfrutar de La Rioja a fuego lento. Sin las prisas de la ciudad, sin los ruidos de una urbe populosa y sin las aglomeraciones metropolitanas, los pueblos riojanos transmiten calma e invitan a deleitarse de la esencia de esa tierra. Además, los propios alojamientos rurales y también las diferentes casas de comidas y restaurantes repartidos por los diferentes municipios del ámbito rural sirven la cocina riojana más tradicional. Ésa que también se elabora a fuego lento. Con el tiempo y la paciencia como principales ingredientes, ollas y pucheros borbotean durante horas para destilar olores y sabores que evocan el pasado más apetitoso y llevan a la mesa platos de cuchara, guisos o elaboraciones que ya sólo se encuentran en la cocina más rural. Es una gastronomía que induce a sobremesas largas y charlas en torno a una mesa. Entretanto, en las diferentes localidades vinícolas de la región, las bodegas mantienen sus programas enoturísticos y reciben al visitante para mostrarle el milagro que cada campaña se produce en esas catedrales enológicas con la conversión de la uva en vino tras su paso por depósitos de acero inoxidable u hormigón, hacer la crianza en barricas de madera de roble y finalmente, afinarse en la botella antes de acudir a su cita con la copa, en cualquier lugar del planeta. Los pueblos de la comunidad autónoma son el claro exponente de La Rioja que se disfruta con los cinco sentidos.

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