La Ritirata: buscando el equilibrio
2026-01-31 - 09:55
La Ritirata nos traía un programa de lo más granado del barroco francés, con dos nombres señeros, de una misma época, en torno al reinado de Luis XIV : el absolutismo real lo quiso el florentino Lulli (en Francia, Lully) para sí mismo, al obtener del monarca el poder absoluto sobre la música en Francia, lo que le llevó a romper profesionalmente con Molière , quien buscó otro músico para su proyecto: Charpentier . En el programa que nos presentaban nos pareció que Lully salió perdiendo, se llevó el bastonazo que lo llevó a la muerte musical. Pareció que todos los mimos fueron para Charpentier, que era la obra grande, con voces, que se eligió para que cerrara el recital. No decimos que se hiciera adrede, sino que a lo mejor han tenido que elegir y se han ido a lo que tenía más dificultades. O simplemente se entendió así. En primer lugar, comprendemos que dos violines, una viola 'da gamba' y un enorme y poderosísimo 'violone' pueda suponer un problema, empezando por un desequilibrio evidente: dos violines, aunque uno de ellos sea el de nuestro respetado Hiro Kurosaki , y una viola, de por sí más ligera que un chelo barroco (aunque está claro que si la hubiese tocado otro podría haber doblado su volumen), pero también es verdad que el 'violone', con toda la pinta de un enorme contrabajo, en pizzicato en diferentes ocasiones, ya lo apagaba, e incluso opacaba hasta a los mismísimos violines. Ismael Campanero es un grandísimo músico, pero el director tenía que haber elegido a alguien como los demás o tenía que haberle 'bajado el volumen' al músico, como ocurrió en Charpentier (donde se hubiera notado menos por la presencia del quinteto vocal). Aunque, sinceramente, hubiéramos preferido que todos hubieran sido el torbellino Campanero. Obregón es un excelente chelista barroco y estaba dirigiendo desde el centro, tenía que haberlo oído. El segundo elemento fue el 'tempo', cansino, moroso, remiso. El rey no lo hubiera danzado, si recordamos la película de Corbiau. No invitaba al baile, no terminaba de arrancar, y no digamos en la vibrante, penetrante, fogosa y excitante 'Marche pour la Cérémonie des Turcs' , toda una colorística escena festiva que sólo se vio esbozada. Es verdad que las flautas y percusión contribuyeron a darle su parte de brillo. Todo pareció guardarse para Charpentier. No entraremos en los sobretítulos, pero sí que agradeceremos cada vez que los tengamos, así como la excelencia de quien los maneja, que casi diríamos que tendría que figurar en la ficha del concierto. Para empezar, la voces ya aportan su color, su mensaje, su ensamblaje con la música. A la valenciana Aurora Peña ya la tuvimos el mes pasado con la OBS , y nos encantó. Aquí también, pero nos pareció que su voz parecía más impostada, más escondida, más tensada, y como si no corriese lo mismo; y la dicción no parecía tan clara. Insistimos: nos sigue gustando ese registro tan homogéneo, con su volumen poderoso, su color... También hemos contado con la mezzo madrileña Lucía Caihuela , creemos que esta es la cuarta vez que la oímos, y cada vez mejor, con un volumen tremendo -que antes no era tanto-, además de que mantiene una dicción estupenda, cuida mucho la expresión y parecía sentirse a gusto con el repertorio. No hace falta presentar a Gabriel Díaz , otro valor seguro en el mundo de los contratenores, con ese timbre peculiar, cálido, bien asentado, sin que resulte forzado. No sabemos si en algún momento se quedó su voz al descubierto, con algún cambio de color fugaz, que no empañó su actuación. Además, nos pareció que había potenciado más su volumen a pesar de estar detrás. El tenor Diego Blázquez está en ese rango de voces sobradas de fuerza, con un registro muy completo, claro, y también con una voz muy impostada, que lo hacía sobresalir con frecuencia, pero acoplándose muy bien en el quinteto. Hemos loado con frecuencia la voz de Víctor Cruz , y aquí añadimos dos méritos de este concierto: en el momento más enervante, en el que los versos se llenan de palabras como 'guerra', 'arrastrar' y cuantas palabras terribles contengan ese sonido, el barítono las fue subrayando cuando las cantaba. Por otro lado, en el final pudimos oírlo con una guitarra barroca, acompañando con un rasgueo extraordinario. Y justamente con el derroche de potencia del quinteto, el 'violone' bajó su fuerza y se acopló al conjunto...