La Sagrada Familia avanza en altura, pero topa con su desafío más delicado: la fachada
2026-02-04 - 13:15
Mientras la Sagrada Familia sigue creciendo hacia el cielo y acercándose a su imagen definitiva, batiendo a futuro récords de altura en la ciudad, el año 2026 se perfila como uno de los más complejos de su historia reciente: no tanto por la construcción de nuevas torres, un terreno ya conocido tras décadas de obra, como por la proyección de la escalinata monumental de la fachada de la Glòria, una intervención que afecta de lleno al tejido urbano de L'Eixample y que sigue generando controversia. A día de hoy, el templo ha completado 17 de las 18 torres previstas en el proyecto original. Todos los esfuerzos se concentran ahora en la torre de Jesucristo, que con 172,5 metros de altura se convertirá en la más alta de la basílica y en uno de los elementos más visibles del skyline barcelonés. La cruz de cuatro brazos que la coronará está llamada a cerrar simbólicamente el perfil vertical del conjunto y a marcar un nuevo hito urbano en la ciudad. El desafío, a pie de calle Sin embargo, el gran desafío pendiente no está arriba, sino a pie de calle. La fachada de la Glòria, concebida como el acceso principal al templo, requiere una gran escalinata que, según los planos originales de Antoni Gaudí, desembocaría en la calle Mallorca. Ejecutarla implica el derribo parcial de una manzana de viviendas, una operación urbanística de enorme complejidad técnica, social y legal. La Junta Constructora mantiene su voluntad de llevar a cabo esta intervención tal y como fue concebida, al sentir que es parte "indiscutible" de la obra gaudiniana. Así lo reiteró hace unos meses el director general del templo, Xavier Martínez, quien aseguró que el patronato “llevará hasta el final la voluntad de Gaudí”. Aunque reconocía la dificultad del proceso, confiaba en que “tarde o temprano” se alcance un acuerdo con los vecinos afectados, sin descartar que el conflicto deba resolverse en los tribunales, y por lo tanto, se prolongue en el tiempo. Su voluntad es ser fieles al proyecto, con el deseo de finalizar las obras del templo en los próximos diez años. Mientras ese consenso no llega, las obras continúan en los ámbitos que sí cuentan con licencia. Con trabajos en la verticalidad de la fachada de la Glòria, incluida la construcción de las cuatro torres previstas y parte del nártex, la escalinata es un proyecto independiente que podrá ejecutarse más adelante si se desbloquea la situación urbanística y legal con los vecinos. Calendario flexible En paralelo, otras piezas del proyecto avanzan a distinto ritmo. La sacristía, utilizada como acceso y almacén, se ha dejado para una de las últimas fases. El calendario, como ha ocurrido tantas veces, continúa siendo flexible. El entorno inmediato también se está transformando. Las obras municipales para convertir el tramo de la calle Marina frente a la basílica en una gran plaza ya han empezado, una actuación pensada para mejorar la movilidad y gestionar mejor la intensa afluencia turística. Todo ello sucede en un momento de máxima visibilidad para la Sagrada Familia. En 2025 volvió a ser el monumento más visitado de España y 2026 coincidirá con el centenario de la muerte de Gaudí y la finalización de la torre de Jesucristo, una doble efeméride cargada de simbolismo. Con ese motivo, el templo ha anunciado un descuento del 50% para los residentes en Barcelona durante todo el año, una medida que refuerza su vínculo con la ciudad. Así, mientras la basílica se acerca a su culminación formal, la fachada de la Gloria y su escalinata siguen siendo la gran incógnita. Más que una cuestión arquitectónica, se han convertido en el último gran debate sobre cómo cerrar una obra única sin romper el delicado equilibrio entre patrimonio, ciudad y vecinos.