La sociedad perfecta
2026-01-29 - 05:50
En años mozos le presté a una amiga un libro esencial, La estructura de las revoluciones científicas, del filósofo Thomas Kuhn. A partir de él empezamos a hablar y a teorizar sobre la ruptura de los paradigmas científicos, históricos y sociales. Mi amiga no. Me devolvió el libro, con muchos elogios, al cabo de unas semanas, pero no lo había leído. Lo supe porque el ejemplar estaba repleto de errores de paginación, con algunas incluso en blanco, a partir de las primeras 15. Mi amiga formaba parte de la sociedad perfecta, o eso creía ella, con lo cual no se podía permitir el lujo, ni el acto humilde, de reconocer que no había leído el libro de Kuhn. Tenía que demostrar una estúpida contundencia pretendidamente intelectual, y un demediado afán de reto hacia mi persona. A trompicones de meses y años lo fui leyendo, otro ejemplar, claro, y casi lo entendí de una manera muy distinta a la que lo entiendo ahora. La sociedad actual, de aquí y de acullá, es un trasunto de mi amiga no lectora. No aspira a la perfección, se cree en ella. Por eso cuando ocurre una gran catástrofe, natural o accidental, se apresta a no mirarse en el espejo y solo es capaz de señalar con el dedo, sobre todo si le dan un mínimo espacio de protagonismo a sus individualidades. Qué más da lo que haya pasado, todo es susceptible de ser contra. La naturaleza que no es madre, sino más bien madrastra como la de Blancanieves, suele colocar las cosas en algún sitio. La naturaleza que es el tiempo y el espacio, sin lugares comunes ni antinomias. Por supuesto, jamás le dije nada a mi amiga. Le puse un disco, Revolver, de los Beatles, y nos fuimos en un destartalado coche prestado a las Rias Baixas. En la ruta, despiste mío, nos quedamos sin gasolina. Ella tampoco dijo nada, lo cual agradecí mucho.