La soledad climática no emociona
2026-03-24 - 05:20
Cada percepción es singular; el clima no iba a ser una excepción. Una persona observa la realidad y la llena de componendas. Lo que ve, acaso siente y piensa, no deja de ser un mosaico desordenado; tanto en el espacio como en el tiempo. Siempre hay excepciones. Pero en suma, o en interacción, esas marcas de observaciones previas se acumulan o desaparecen; a veces se tornan contrapuestas. De tal manera que no se organizan bien en los pensamientos; ni siquiera en los marcadamente emocionales. Hacemos lo que decimos con respecto al cambio climático o viceversa: pregonamos lo que hacemos, mucho o poco, para que nuestro pensamiento lo escuche. También para sentirnos bien ante nuestros conocidos. Me da por pensar en la difícil conjetura del aislamiento emocional. No de ese que surge ante una catástrofe como la ocasionada por la DANA de octubre de 2024. Sino de cuestiones más cercanas como pueden ser los destrozos del rosario de borrascas desplegado en enero y no sabemos hasta cuándo; o la movilidad urbana que intoxica a cada vez más gente. Acaso la no respuesta del transporte público ferroviario para mejorar la movilidad interurbana. Frente a ellos, no es extraño que nuestra mente se ocupe en hacer solitarios, a veces con trampas, conscientes o no. La inteligencia de una especie como la nuestra es singularmente crédula. Dicho así, de entrada, enmascara la búsqueda de la verdad. Maniobra esta que debería ser una estrategia de supervivencia. Eso sí, encontrada en lugares fiables. Pero claro, una cosa es la inteligencia y otra el uso que hagamos de ella. Por poner un ejemplo, quienquiera que desee enterarse del cambio climático no lo buscará en TikTok. Sin embargo, en torno al 40% de los vídeos con cuestiones del clima emitidos en ese canal provenían de influencers, personas sospechosas de no poseer una formación climática sólida. Así, no es aventurado decir que junto a informaciones asépticas aparece una cantidad considerable de burlas; mentir a sabiendas siempre lo es. En consecuencia, los usuarios y usuarias de esta red se exponen a aceptar todo lo que se les ofrece como evidente. Por tanto, su inteligencia se vuelve vaga. Permanece encerrada en sus propias creencias, construidas con una imagen atractiva o un mensaje gracioso. Primero creemos, y si dudamos lo hacemos después. Volvería a la posible influencia antrópica en la generación del cambio climático. Aquí vale aquello de "yo no he sido", porque así lo creo. Leo con preocupación el último informe Edelman Trust Barometer 2026, fácilmente accesible en internet. Edelman puede que sea la mayor agencia de comunicación y relaciones públicas del mundo. Para el informe se realizaron entrevistas; en este caso más de 33.000 en 28 países. Pues bien, como conclusión principal subraya el auge de lo que llama el "aislamiento identitario". El Barómetro de Confianza Edelman 2026 revela "un mundo que se encierra en la insularidad. A medida que se intensifican la ansiedad económica, la tensión geopolítica y la disrupción tecnológica, las personas acotan su mundo a círculos más reducidos y familiares que reflejan sus opiniones, lo que obstaculiza el progreso económico y social”. Por lo que parece, el 70% de la población reconoce que evita o desconfía de cualquier persona que no comparta sus mismos valores o fuentes de información, además de antecedentes culturales. Anotemos otros datos preocupantes. Las sociedades están perdiendo la capacidad de actuar. Se nota en la acción climática estancada en favor de intereses económicos a corto plazo y el bloqueo de proyectos locales urgentes, como el acceso a una vivienda asequible sin pobreza energética. Y lo más preocupante, se observa una pérdida global de optimismo. En promedio, solo el 15% de las personas en los mercados (países) desarrollados cree que la próxima generación estará en mejor situación. Para limpiarme un poco las neuronas acudo al profesor Nuccio Ordine (1958-2023), prematuramente fallecido, ¡cuándo tanta falta nos hacía! En su libro Los hombres no son islas. Los clásicos nos ayudan a vivir (Acantilado, 2022) hay pasado, presente y futuro. En alguna ocasión le he copiado títulos de artículos como aquel que hablaba de la utilidad de lo inútil. Justifica que las personas no son islas por muchas razones y conectan mundos imaginados. Algo así pensaron desde Séneca hasta Virginia Wolf, pasando por Montaigne; en un largo recorrido a través de los clásicos. Me acerca a Saint-Exupéry, que en su El Principito aconseja aprender a mirar con el corazón, para alcanzar el valor de la felicidad. ¡Qué cerca está el mundo de las emociones! El corazón es necesario para captar lo esencial del cambio climático. En este supuesto se hace muy presente un argumento: cada cosa que hagamos para no incrementarla nos acrecienta las emociones, que llegarán a demostrarnos la utilidad de lo aparentemente inútil. Si somos perspicaces dirigiremos nuestra atención hacia fenómenos y estrategias clave en las relaciones humanas. Una de las escenas que más me interesa es aquella que propone crear lazos, aunque para nosotros no sea domesticar; tal cual lo expresaba el zorro del principito. Enlazarnos con el cambio climático en forma de mitigación o adaptación es una aventura que conmueve; aunque no se vean resultados de inmediato. Es más, se elimina una parte de las ecoansiedades que preocupan ahora a bastantes personas; al menos se gestionan mejor.