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La supervivencia del bipartidismo

2026-03-19 - 05:20

En las elecciones generales de 2015, los españoles decidieron romper el sistema de partidos que surgió en la Transición, al entregar a Podemos el 20% de los votos, y a Ciudadanos casi el 14%. De repente, dos formaciones políticas recién nacidas irrumpían en el Congreso sumando más de 100 diputados, arrebatados a PP y PSOE. Y la conclusión más extendida fue que el bipartidismo había llegado a su fin. Once años después, esa afirmación ha perdido rotundidad. Es evidente que España no ha vuelto a los porcentajes de voto que se repartían los dos grandes partidos en otro tiempo, pero los últimos procesos electorales pueden estar indicando que los españoles, quizá, estén en ese camino. Algunos números nos ayudan a calibrar mejor la situación. A saber: en las elecciones generales de 2011, aún sin Podemos ni Ciudadanos ni Vox en el horizonte, PSOE y PP sumaron el 72% de los votos. Cuatro años después, en 2015, ya con Podemos y Ciudadanos, socialistas y populares se quedaron en el 50%. En la repetición electoral de 2016, el bipartidismo remontó ligeramente hasta el 55%. En abril de 2019 la suma PP-PSOE se desplomó al 44% y, al repetirse la votación en noviembre, apenas remontó hasta el 48%. Es en las elecciones de 2023 cuando se produce un repunte del bipartidismo, porque alcanzó casi el 65%, con la desaparición de Ciudadanos y la progresiva tendencia a la baja de la extrema izquierda. Incluso Vox perdió casi tres puntos. No se puede dar por seguro que esa evolución vaya a continuar. Lo que sí señalan las tres elecciones consecutivas de carácter autonómico que se han celebrado desde diciembre (Extremadura, Aragón y Castilla y León) es que el sistema de cuatro grandes partidos de ámbito nacional parece reducirse a tres (PP, PSOE y Vox), porque las diversas marcas de la extrema izquierda han sobrevivido en Extremadura, a duras penas en Aragón, y se han quedado sin representación alguna en Castilla y León. Un intento de recomposición de las fuerzas a la izquierda del PSOE podría tener algún efecto balsámico para ese espacio político en las próximas elecciones generales. Sin embargo, los resultados recientes no auguran grandes éxitos como los de hace 10 o 12 años, sino una posible resaca hacia aquellas posiciones que tuvo Izquierda Unida antes de la aparición de Podemos, con un número casi residual de escaños, porque los votantes de izquierdas tendían a concentrar su voto (el voto útil) en el PSOE para frenar a la derecha. Y no hay que ignorar el estancamiento de Vox en Castilla y León, como el aviso de un posible efecto parecido en la derecha hacia el PP, para frenar al sanchismo. No se puede considerar que el bipartidismo haya vuelto, pero no se puede descartar que vuelva.

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