La teoría del apego en perros y humanos: qué sabemos de cómo nos vinculamos con nuestros perros
2026-02-21 - 07:53
Solemos hablar de crear vínculo entre perros y humanos como si fuera algo obvio e incluyera perros que buscan a su persona de referencia, que muestran angustia por separación, que buscan su consuelo y compañía. Sin embargo, solo recientemente la ciencia que estudia el comportamiento ha empezado a aplicar un marco teórico riguroso, el de la teoría del apego, para entender cómo y por qué se forman esos vínculos, cómo funcionan y qué implicaciones tienen para el bienestar emocional de ambos animales, humano y no humano. La teoría del apego nació con John Bowlby para explicar cómo los niños se relacionan con sus cuidadores, moldeando su seguridad emocional y sus estrategias de regulación frente al estrés. Hoy en día se está utilizando también para investigar las relaciones con los perros, como una herramienta conceptual para explicar por qué algunos perros exploran confiados con su guía presente, por qué sufren cuando se separan o por qué responden de forma diferente según su historia y estilo de vida. Un artículo recientemente revisa esa literatura emergente y propone un marco para valorar este vínculo de forma crítica, con miras a mejorar tanto la investigación como las estrategias de manejo conductual en la clínica veterinaria. Qué es la teoría del apego La teoría del apego fue propuesta a mediados del siglo XX para explicar la relación entre los bebés y sus cuidadores humanos. El psiquiatra John Bowlby y sus sucesores describieron distintos estilos de apego (seguro, ansioso, evitativo, desorganizado) que no solo influyen en cómo los niños se sienten y regulan sus emociones, sino también en cómo aprenden a confiar, a explorar el mundo y a relacionarse con otros más adelante. Aplicada a perros y humanos, esta teoría sugiere que los perros también pueden formar estilos de vinculación que se reflejan en su comportamiento ante la presencia, ausencia o retorno de su cuidador. Algunos perros se sienten seguros y tranquilos cuando su persona de referencia está cerca, otros pueden mostrar angustia o inquietud al separarse, y otros se muestran más distantes o menos afectados. Esta interpretación es valiosa porque no trata al perro como un objeto de afecto sino como un ser emocional con estrategias propias de regulación del estrés que han evolucionado en interacción con los humanos. Estudios previos, por ejemplo, han mostrado que los perros exploran más un entorno nuevo cuando su titular está presente y tienden a mostrar malestar al separarse y júbilo al reencontrarse. Hallazgos sobre el apego entre perros y humanos El artículo publicado en 2025 no aporta datos experimentales nuevos, sino que se apoya en una revisión crítica y detallada de la literatura científica existente sobre el apego en la relación entre perros y humanos. Su valor reside precisamente en ordenar décadas de investigación dispersa y poner en contexto cómo un marco teórico nacido para explicar los vínculos humanos ha ido adaptándose, no sin fricciones, al estudio de otras especies. Uno de los ejes centrales del trabajo es la evolución conceptual de la teoría del apego. Los autores describen cómo un modelo pensado inicialmente para analizar la relación entre niños y figuras cuidadoras ha sido progresivamente trasladado al ámbito canino, primero de forma exploratoria y después con mayor rigor. Esta adaptación ha permitido observar que los perros muestran patrones que recuerdan a los estilos de apego descritos en humanos, como el apego seguro o inseguro, y que estos estilos no son meras etiquetas teóricas, sino que se relacionan con la forma en que los animales gestionan el estrés, la novedad y, especialmente, la separación de sus referentes humanos. Desde esta perspectiva, conductas tradicionalmente interpretadas como problemas (vocalizaciones excesivas, destrucción de objetos o marcaje en ausencia de las personas con las que conviven), adquieren una lectura más compleja. El trabajo académico subraya que muchas de estas respuestas pueden entenderse mejor si se analizan como manifestaciones de un vínculo de apego alterado, y no simplemente como malos comportamientos o falta de educación. En el caso de la ansiedad por separación, este enfoque permite ir más allá del síntoma visible y explorar las dinámicas emocionales que lo sostienen. No obstante, los autores también son claros al señalar las limitaciones actuales del campo. Uno de los principales desafíos metodológicos es la escasez de herramientas validadas y específicas para evaluar el apego entre perros y humanos de forma estandarizada. Muchas de las pruebas empleadas hasta ahora proceden del ámbito humano o de estudios con otras especies, lo que plantea problemas de interpretación, además de riesgos de antropomorfismo. Aun así, la revisión concluye que el estudio del apego ofrece un potencial relevante para mejorar el bienestar animal. Comprender cómo se construyen y mantienen estos vínculos puede ayudar tanto en el abordaje clínico como en la gestión del comportamiento, orientando intervenciones más ajustadas a las necesidades emocionales de los perros y favoreciendo relaciones más estables y seguras con las personas con las que comparten su vida. Por qué no basta con decir ‘los perros nos quieren’ Una crítica importante de este campo es justamente que no podemos confiar únicamente en frases hechas o metáforas. La ciencia del apego nos obliga a precisar qué comportamientos son equivalentes funcionales a los que observamos en humanos y cuáles no. Esto es crucial porque un perro mucho más reactivo o ansioso no es ‘menos afectuoso’, simplemente puede tener un estilo de apego diferente que requiere estrategias conductuales distintas para su bienestar. Además, entender mejor los estilos de apego ayuda a explicar por qué no todos los perros reaccionan igual a las mismas situaciones. Así, mientras unos se calman con juguetes o enriquecimiento cuando los dejamos solos, otros muestran ansiedad persistente. Identificar estas diferencias es extraordinariamente útil para intervenciones más humanas y eficientes. Implicaciones para los cuidados y la convivencia Analizar el comportamiento canino desde la teoría del apego permite interpretar muchas de sus reacciones ante situaciones potencialmente estresantes, como la separación de las personas con las que conviven, la llegada de visitas o los cambios en la rutina, desde un marco más comprensivo. En lugar de respuestas problemáticas que deben corregirse, estas conductas pueden leerse como señales de inseguridad, miedo o dificultad para regular el estrés, lo que abre la puerta a intervenciones menos punitivas y más ajustadas a las necesidades del animal. Esta mirada también tiene implicaciones claras en el ámbito del adiestramiento y el manejo conductual. El artículo subraya que los perros con estilos de apego inseguros no suelen beneficiarse de castigos, correcciones bruscas o refuerzos aplicados de forma inconsistente. Por el contrario, las estrategias orientadas a fortalecer la sensación de seguridad, previsibilidad y confianza, tanto en el entorno como en la relación, resultan más eficaces a largo plazo y reducen la probabilidad de respuestas desadaptativas. Desde el punto de vista del bienestar, el vínculo no se limita a una dimensión emocional abstracta, sino que tiene efectos observables en la vida diaria del animal. Un apego seguro se asocia con menores niveles de estrés, mayor capacidad de exploración y una mejor adaptación a contextos cambiantes, lo que repercute directamente en su calidad de vida y en la estabilidad de la convivencia. Un campo en expansión con preguntas abiertas Aunque el último estudio en este campo no da respuestas definitivas, busca entender en profundidad las relaciones interespecíficas sin caer ni en antropomorfismos banales ni en reduccionismos. En los próximos años, con herramientas más refinadas y estudios directos que cuantifiquen patrones de apego, es probable que podamos interpretar mejor por qué algunos perros se angustian de forma tan intensa, por qué el retorno del cuidador genera alivio de forma muy notoria o cómo podemos apoyar a perros y familias para construir vínculos más equilibrados. Referencia: Attachment theory applied to the human-dog relationship. Maria Cecília de Souza, Gabriel Quaresma Bastos y Rosana Suemi Tokumaru. Journal of Veterinary Behavior (2025)