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La vida de Marianne Nilsen, la artista noruega que fue musa de Antonio Flores

2026-01-27 - 12:09

Ya han pasado más de 30 años desde que Antonio Flores muriese apenas dos semanas después de su madre, Lola Flores. Fue el 30 de mayo de 1995 y el artista apenas si había podido recuperarse anímicamente del fallecimiento de La Faraona. "La muerte de Lola le rompió por dentro. Era todo para él, tenían una relación fortísima", explica Marianne Nilsen Nygaard, una de las personas más importantes en la vida del músico, alguien que lleva años afincada en Marbella y que, además, ahora va a realizar una exposición en Madrid. La temática es sencilla: las fotografías que realizó del autor de himnos como Arriba los corazones o No dudaría y que no habían visto la luz hasta ahora, aunque también salen otros miembros del clan Flores, como su hija, Alba Flores, que aparece siendo una niña en brazos de su padre y que ha usado parte de este material inédito en el documental que ha realizado sobre la figura de su progenitor. La exposición, que se podrá visitar desde este jueves 29 de enero hasta el próximo 8 de marzo, está, además, en un lugar privilegiado: la tienda Ojo con el duende, un negocio de moda vintage que, en el centro de la capital, abrieron Rosario Flores y Mariola Orellana el año pasado. "Él me decía que yo era su musa, me presentaba así. Antonio era entrañable, generoso... A mi hijo le regaló su primera guitarra eléctrica", recordaba la artista noruega el pasado septiembre, durante la promoción de Flores para Antonio en Telecinco, donde se puede ver parte de esas grabaciones, como vídeos que se grabaron en la cabaña de El Lerele, la casa de la jerezana en la que vivía el músico. "Antonio era un espíritu libre, auténtico, buena persona, cariñoso. Era muy cercano, lo contrario a lo que uno puede pensar de una estrella de la canción", rememoró. Tal y como recuerdan desde MálagaHoy, Marianne se ha dedicado al arte desde que era pequeña, pintando casi desde que tenía uso de razón en Noruega natal, haciendo también cosas con tela. La fotografía llegaría luego. Porque estudió en la Kolding School of Design, una escuela de diseño de Dinamarca, donde se encontraba cuando se creó el estado libre de Christiania. En Copenhague se dedicaba a hacer bolsos de cuero y bisutería, así como también vivió en París y en Centroamérica. A Marbella llegaría en 1969, con una hija en sus brazos, y Antonio le lanzó un guiño en el aeropuerto, aunque ella no sabía quién era. Lo conocería más tarde, en un chiringuito. Y se hicieron muy amigos. Según explicó en el diario local, Antonio le acabaría enseñando los palos del flamenco de una forma asombrosa. "Cantaba una canción de Jimi Hendrix y lo hacía con los distintos estilos del cante. Me introdujo en el mundo de los mejores flamencos, donde tuve la gran suerte de ser aceptada, cuando no soy ni paya. No tengo nada de flamenco, más que mi feeling, lo que siento", se lee en el reportaje. A partir de ahí, Antonio solía ir a su casa, en la famosa zona de La Virginia, a componer, mientras ella seguía con su arte —de hecho, ya era bastante conocida entre la bohemia malagueña, dado que una de sus obras fue seleccionada para la Bienal de Arte de Marbella de 1974—. Lola, explica, estaba tranquila si sabía que estaba con ella. Y reconoce que, a pesar de que grababa todas las sesiones, muchas de las mismas desgraciadamente las ha perdido, aunque recuerda que entre ellos le cambiaron la letra a una canción y salió Estoy aquí, que sería un éxito de Rosario, y que Antonio Flores compuso un tema llamado El rock de La Virginia que nunca se grabó. Porque, como reconoció en la entrevista a Mediaset, el músico tenía "un doble disco con canciones nuevas que enseñaba con ilusión". Pero su muerte cambió todos los planes. Ella, que había empezado a fotografiar queriendo inmortalizar la belleza de sus dos hijos, continuó haciéndolo con sus amistades. Y precisamente por esa capacidad para encontrar el rostro perfecto montaría, junto a su hija Eva, una agencia de casting, CastingMarbella, en 1989. Lo haría, entre otras cosas, porque había realizado multitud de contactos. Y es que su ristra de anécdotas con famosos es kilométrica a partir de entonces: suyo fue el casting de Bryan Adams y Paco de Lucía, con el guitarrista molesto porque el canadiense no había metido una de sus composiciones en el disco; conoció a Björk porque quería hacer una canción con Raimundo Amador; suyo fue el videoclip de Take a bow, de Madonna, en Ronda con el torero Emilio Muñoz; le organizó una fiesta a George Benson, que había conocido a Tomatito en el Carnegie Hall de Nueva York; llegó a grabar un documental con Álvaro Forqué sobre la cárcel de Carabanchel que nunca vio la luz; o solía acompañar a Tita Cervera a ver un vidente. Marianne reconoce que tiene multitud de fotografías de otros grandes nombres del flamenco y de la escena cultural que le tocó vivir, de Ketama a Remedios Amaya, de Manolo Sanlúcar y Carmen Linares a Estrella Morente o Alejandro Sanz. Sin embargo, ella más que trabajos los considera amistades, tal y como le enseñó Antonio Flores.

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