La vieja Europa pulveriza en bolsa a Wall Street y paga más: Los aranceles también están detrás de este giro
2026-02-28 - 07:23
Dos semanas seguidas con entradas cercanas a 10.000 millones de dólares en fondos europeos. El Stoxx 600 marcando máximos históricos. El S&P 500 en negativo en el año y el Nasdaq retrocediendo alrededor del 1,5%. El dinero está cambiando de dirección en 2026. Los gestores globales están reduciendo exposición a Wall Street y aumentando posiciones fuera de Estados Unidos, según la última encuesta de Bank of America. Detrás de ese giro hay varios factores. En Estados Unidos pesan las dudas sobre el retorno de las inversiones masivas en inteligencia artificial (IA), la incertidumbre arancelaria y la elevada concentración del mercado en un grupo reducido de tecnológicas. Por otro lado, los llamados “Siete Magníficos” explican buena parte del comportamiento del S&P 500. Cuando ese bloque se enfría, el índice lo nota y, en lo que llevamos de año, solo Nvidia y Alphabet cotizan en positivo. Europa ofrece otra composición. Más banca, más aseguradoras, más energía, más industria y más defensa. Sectores vinculados a activos físicos y a estímulos fiscales como el anunciado en Alemania. Rheinmetall y BAE Systems siguen beneficiándose del aumento del gasto en defensa. El FTSE británico y el Stoxx 600 han ido ampliando el rally más allá de un puñado de valores. También influye la valoración. El Stoxx 600 cotiza en torno a 18 veces beneficios frente a las casi 28 veces del S&P 500. El descuento no es nuevo, pero la diferencia se ha vuelto más visible en un entorno de mayor exigencia sobre el crecimiento. A eso se suma otro elemento que rara vez aparece en el titular, pero sí en la cuenta del inversor. La rentabilidad por dividendo. Europa ofrece en torno al 3% de media en sus grandes índices, frente al entorno del 1% en el mercado estadounidense. En muchos bancos, aseguradoras y energéticas, la rentabilidad supera el 5%. Según Javier Molina, analista de eToro, el atractivo actual de Europa no responde solo a precios más contenidos o al entorno de tipos. “Es una combinación de ambos con base estructural real”, explica. Recuerda que históricamente el dividendo ha representado cerca del 39% de la rentabilidad total en Europa, el doble que en Estados Unidos. La caja manda en la nueva rotación Ese matiz cambia la lectura del movimiento. Parte del retorno europeo se materializa vía dividendos y no exclusivamente por expansión de múltiplos. En un contexto en el que el mercado examina con más detalle la rentabilidad futura del capital invertido en tecnología, el flujo visible gana peso. Andrés Allende, gestor de A&G Global Investors, subraya que en Estados Unidos y Japón el peso del dividendo es menor en términos relativos. En Europa su impacto sobre el resultado final del inversor es más directo. Pero dentro de ese universo, no todas las rentabilidades son iguales. TotalEnergies ofrece una rentabilidad estimada cercana al 5% para 2026, con un payout en torno al 60% y deuda neta sobre EBITDA inferior a una vez. La distribución se apoya en generación de caja y balance contenido. Odfjell Drilling, especializada en perforación offshore, eleva la rentabilidad estimada hasta casi el 10%, con crecimiento de beneficios elevado pero un payout que roza el 92%, lo que reduce margen si el ciclo se enfría. En Zegona, grupo inversor en telecomunicaciones, la rentabilidad estimada ronda el 5%, aunque con beneficios negativos y un porcentaje de beneficio destinado a dividendo (payout) superior al 270%, lo que implica repartir más de lo que se gana. La rotación hacia Europa no es solo una cuestión de múltiplos más bajos. También es una rotación de estilo. Del crecimiento esperado al flujo de caja. De la inversión tecnológica a sectores con beneficios recurrentes. Grant Cheng, gestor sénior de carteras en AllianzGI, mantiene su preferencia por financieros, especialmente bancos y aseguradoras, por su combinación de beneficios recurrentes y capacidad de distribución. También apunta a compañías de consumo estable e industriales seleccionadas. En energía destaca la flexibilidad para ajustar la inversión si el entorno se deteriora. Cheng observa que los inversores están analizando con mayor rigor la rentabilidad del capital invertido en las grandes tecnológicas estadounidenses. El aumento del gasto en inteligencia artificial eleva la exigencia sobre beneficios futuros. En ese escenario, el dividendo actúa como componente tangible dentro de la rentabilidad total. Pero el diferencial no elimina los riesgos. El crecimiento de beneficios previsto para las compañías del S&P 500 supera el 12% interanual en la actual temporada de resultados, frente a tasas cercanas al 4% en Europa, según Bloomberg. Si esa brecha se consolida, el equilibrio podría cambiar de nuevo.