La villa de alma medieval que hay que visitar en el Valle del Tiétar
2026-03-03 - 12:43
A los pies de la Sierra de Gredos, a 624 metros de altitud y en pleno corazón del Valle del Tiétar, se encuentra un coqueto pueblo donde tradición y cultural se funden con un destacado patrimonio y un entorno natural único. Perfecto para una escapada de fin de semana, La Adrada , un imprescindible de la lista de la red de 'Pueblos Mágicos de España', disfruta de un microclima con inviernos suaves y veranos poco calurosos, lo que hace que cualquier época del año sea buena para descubrirlo, aunque acudir a primeros de mayo resulta más atractivo, pues se celebra su famoso Mercado Medieval, una cita con la historia declarada Fiesta de Interés Turístico Regional. Lo mejor para descubrir la magia de La Adrada es perderse por sus calles, sin prisa, saboreando cada detalle. La plaza del Riñón, donde se ubica la oficina de turismo, además de la conocida estatua de la Niña de la fuente, es el mejor punto de partida. El paseo puede seguir por la plaza de la Villa, donde se encuentra la Casa de los Jerónimos , construcción histórica que fue en el siglo XVI sede de la administración del papel que los frailes producían en los molinos de la Garganta de Santa María, y el Ayuntamiento, construido a finales del siglo XVIII. De aquí a la calle Larga, repleta de casas señoriales con balcones de forja y blasones centenarios, y a la calle Feria, donde se sitúa la casa del tío Talis, el mejor ejemplo de arquitectura popular de todo el pueblo. No hay que perderse tampoco la iglesia de El Salvador, templo que comenzó a construirse en el siglo XVI bajo la dirección del aparejador de las obras del Escorial, Pedro de Tolosa, que guarda en su interior un bello retablo de estilo barroco churrigueresco con seis columnas salomónicas, y la ermita Virgen de La Yedra, que guarda la imagen de la patrona de la localidad. Dominando la villa está su castillo , edificio que mandó construir en sillería y mampostería granítica el Condestable Ruy López Dávalos a finales del siglo XIV aprovechando los sillares de una iglesia preexistente, un templo gótico del que todavía hoy se pueden ver algunos restos integrados en diferentes puntos como columnas, muros, o el arco del triunfo. Un siglo más tarde se levantó la Torre del homenaje y un gran cubo artillero para adaptarlo a las necesidades de protección. Posteriormente, este pasó a manos de Don Álvaro de Luna, pero tras su ejecución volvió a la corona, hasta que Enrique IV se lo cedió a Don Beltrán de la Cueva. En el siglo XVI el castillo se transformó en un palacio renacentista porticado. Y, actualmente, este acoge el Centro de Interpretación Histórica, un espacio en el que se profundiza en la identidad del Valle del Tiétar, su historia y cultura. Por los alrededores de La Adrada se pueden realizar diferentes rutas senderistas, como la que sigue los diferentes puentes que fueron parte de importantes vías de comunicación que pasaban por estas tierras, como el Puente Mosquea , el de mayor envergadura que franquea el paso del Tiétar por el camino de Fresnedilla; el Mocha, que catalogado como romano forma parte del antiguo camino de La Iglesuela –vía de comunicación con Talavera de la Reina y demás pueblos de Toledo–; el Chico, que se levanta sobre el arroyo de la Cercá, o el Nuevo, que se encuentra sobre la garganta de Valdetejo, en el camino viejo de Piedralaves. Por otro lado, a los pies del arroyo de montaña de Aprisquillo hay que acercarse a ver el pino del mismo nombre, un ejemplar silvestre –variedad escasa en la zona– conocido popularmente como pino cascalbo, mote que hace referencia a su característica corteza de espejuelos plateados. También se puede pasear hasta el Charco de la Hoya, una poza natural de frías aguas cristalinas que, si bien antiguamente uno se podía bañar, actualmente no se permite.