La violencia que no se denuncia: el papel olvidado de los animales en los hogares donde hay maltrato
2026-02-15 - 08:55
La violencia dentro del hogar suele analizarse desde una perspectiva exclusivamente humana. Sin embargo, una investigación impulsada por la Cátedra Animales y Sociedad de la Universidad Rey Juan Carlos introduce un elemento que rara vez ocupa espacio en el debate público: la situación de los animales de compañía que conviven en entornos marcados por el maltrato. Lejos de ser meros testigos, el estudio concluye que estos animales son, con frecuencia, víctimas directas de la violencia ejercida en el ámbito familiar. El trabajo se desarrolló a partir de un cuestionario realizado en 2021 a más de trescientas personas residentes en España que convivían con animales domésticos y los resultados revelan que una parte significativa de los participantes había experimentado algún tipo de violencia en su entorno cercano, principalmente de carácter psicológico, aunque también física, económica y sexual. En estos hogares, perros y gatos (los animales más habituales) comparten no solo el espacio, sino también las dinámicas de miedo, control y agresión. Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la estrecha relación entre la violencia ejercida contra las personas y el maltrato hacia los animales. Según los autores del informe, David Dorado, criminólogo y oficial de la Policía Municipal de Alcorcón (Madrid) y Nuria Máximo, Directora de la Cátedra Institucional de Investigación Animales y Sociedad, "cuando una persona sufre violencia, a menudo su animal de compañía también se ve afectado", ya sea mediante agresiones directas, negligencia en los cuidados o amenazas que utilizan al animal como herramienta de intimidación. Este patrón refuerza la idea de que el daño infligido a los animales no es un fenómeno aislado, sino parte de una misma lógica de dominación. De hecho, los datos recogidos apuntan además a un perfil recurrente del agresor. En los casos en los que tanto la persona como el animal resultan víctimas, el agresor es mayoritariamente un hombre, una constante que refuerza la conexión entre el maltrato animal y otras formas de violencia interpersonal. El estudio subraya que estas conductas no deben interpretarse como hechos anecdóticos, sino como señales de alerta que pueden facilitar la detección temprana de situaciones de riesgo. Cuando una persona sufre violencia, a menudo su animal de compañía también se ve afectado Más allá de las cifras, el informe incorpora testimonios que evidencian el impacto real de esta violencia compartida. Relatos de animales heridos, abandonados o incluso muertos conviven con historias de amenazas y chantajes emocionales en los que el animal se convierte en un medio para ejercer control sobre la víctima humana. Tal y como recoge el estudio, los animales domésticos pueden llegar a ser "víctimas directas de la violencia intrafamiliar", una afirmación que cuestiona su tradicional exclusión de los protocolos de protección. El trabajo también pone el acento en el silencio que rodea a estos casos. La mayoría de las situaciones de violencia descritas no llegan a denunciarse, lo que dificulta tanto la intervención institucional como la recopilación de datos fiables. Aunque el maltrato animal está tipificado como delito, el estudio señala la ausencia de mecanismos coordinados que integren la protección de los animales en los recursos destinados a víctimas de violencia doméstica. Ante este escenario, los autores defienden la necesidad de ampliar la mirada con la que se aborda la violencia intrafamiliar. Reconocer a los animales de compañía como parte afectada permitiría no solo mejorar su protección, sino también reforzar las estrategias de prevención y detección de la violencia en el hogar. En palabras de los autores, avanzar en esta dirección supone adoptar "una perspectiva integral" que tenga en cuenta todas las formas de victimización que se producen puertas adentro. La investigación concluye que visibilizar el vínculo entre maltrato animal y violencia doméstica no es una cuestión secundaria, sino una herramienta clave para comprender mejor estas dinámicas y actuar antes de que el daño sea irreversible. Porque en los hogares donde la violencia se normaliza, el sufrimiento rara vez se limita a una sola especie.