Lamine ilumina una noche gris
2026-03-07 - 22:23
Cancelo casi marca para empezar, pero en propia puerta, un poco extraño lo que hizo, los primeros minutos que siempre son complicados en San Mamés. Pero a pesar de la efervescencia local -y puedo prometer y prometo que al escribir estas líneas no conocía el resultado final- los pantalones de Valverde y sus absurdos bolsillos delanteros eran signo inequívoco que de una manera o de otra su equipo iba a perder. Nos hizo lo mismo cuando entrenaba al Barça en aquella noche infame de Liverpool: su ridículo abrigo gris fue un preludio del naufragio Flick -por cierto, muy cariñoso con Unai Gómez cuando se retiró cojeando, tras un desafortunado lance con Marc Bernal- pedía calma a los suyos. Noche de entrada entretenida, vistosa, con idas y venidas, Unai Gómez fue sustituido por Navarro. Si en sus últimas actuaciones había estado brillante, Cancelo, anoche en San Mamés, se equivocaba compulsivamente en su toma de decisiones y daba una impresión más parecida a cuando se fue cedido y a nadie le importó demasiado. Otro que últimamente no está dulce es Ferran, que parece que como si tuviera una crisis de confianza que le hubiera apagado el instinto. El Athletic no hacía gran cosa, pero tampoco permitía que el Barcelona sacara provecho de sus largas y estériles posesiones. Pasaban los minutos, el partido ya no era el intercambio de golpes inicial sino más bien un monólogo; Valverde con su cara de acidez sin omeprazol infundía todavía más tristeza a lo triste que jugaba su equipo. Joan García, como siempre muy atento, supo estar a cada momento donde su equipo lo necesitaba. Rashford es un bruto, aunque a veces jugando a romper consiga algún beneficio. Lamine alzaba los dos brazos para pedir el balón a sus compañeros, que tardaban en dárselo. Lo de Dani Olmo es preocupante, incapaz de hacerse valer en una noche en que las rotaciones le concedían una titularidad de la que escasamente puede disfrutar. Cancelo insistía en su versión lunática. El Barça era superior pero tocaba desafinado, resaca del partido de Copa pese a los muchos cambios introducidos por don Hansi. El Athletic no era gran cosa y además, contra lo poco que tenía, estaba un estelar Joan García que atajaba cualquier peligro. Primera parte poco luminosa, como de muebles imperio sin laca, los dos equipos desacertados con el balón y por tanto sin demasiadas dificultades para controlar la última línea. El Barça empezó vivo la segunda parte y tuvo dos ocasiones que tampoco es que fueran espectaculares, pero por lo menos levantaban un poco el nivel de lo visto en los primeros 45 minutos. Pedri, que había entrado tras el descanso por Bernal, daba energía y profundidad a su equipo. Rashford continuaba en el desvarío y Lamine iba como cuando a media noche te levantas para ir a oscuras al baño en una casa que no es la tuya. Los de Valverde llegaban pero el maleficio de los pantalones de su entrenador y un imbatible Joan García impedían que se moviera el marcador. San Mamés pidió la expulsión de Cubarsí por una falta Iñaki Williams, que es cierto que era el último hombre, pero no tenía el balón controlado. Munuera acertó dejándolo en amarilla. Poco a poco el partido se rompió en un intercambio de golpes más vistoso aunque poco elaborado. Fermín, Lewandowski y Rafinha entraron por Ferran, Olmo, y Rashford. El Athletic tenía las ocasiones más claras pero parecía que sus delanteros -¡qué horror!- los pagara el Barça, que poco a poco se iba acercando al gol hasta que Lamine dio con el interruptor y marcó el primero de un bonito disparo curvo que reventó la escuadra de la portería de Unai. Araujo sustituyó a Casadó y aunque el Athletic tocaba y llegaba e iba a por el empate, fallaba estrepitosamente en el último tramo por la falta de calidad de sus atacantes. Es difícil ser tan torpe, tal vez fue por el oscuro embrujo de los pantalones ernestianos. El Barça suma y sigue a la espera de que Europa se ponga interesante.