Las 7 vidas del último bar del pueblo: Narros del Castillo, en Ávila, el bar 'multitarea'
2026-03-26 - 05:30
Igual te puedes tomar un cafe, que comprar algo de detergente o una pizza para cenar; pero también sentarte a la mesa para disfrutar de su cocina, especialmente de sus tortillas: el Bar 'El Gallo Kiriko', situado en Narros del Castillo (Ávila), se define como una cafetería autoservicio, pero es mucho más. Es un local de hostelería (bar y restaurante), con terraza incluida y barra de cócteles para el verano, además de un supermercado, con mostrador incluido para embutidos. Todo lo anterior de la mano de una única persona, Rubén Sánchez, autónomo y emprendedor que también hace reparto a domicilio y, a ratos, de 'taxista'. Entramos y nos lo cuenta... "A diario no hay nadie... Aquí estamos solos, solos...", resalta el propietario del Bar 'El Gallo Kiriko' sobre una población donde la quietud reinante se interrumpe puntualmente por el paso de algún tractor rumbo hacia los campos de cereal de la zona, donde la ganadería es la otra gran actividad económica. Ahora 'comparte' clientela los fines de semana con otro establecimiento. Este emprendedor todoterreno aterrizó hace varios años en Narros del Castillo de la mano de su expareja, que es originaria de la localidad. "Me gustaba el pueblo y el dueño de la tienda que siempre ha habido, Ángel Luis, se jubilaba", comenta sobre cómo surgió la idea de relevarle y fundar su propio negocio, al que añadió las zonas de bar y restaurante. "Me gustaba el pueblo y el dueño de la tienda que siempre ha habido, Ángel Luis, se jubilaba", comenta Rubén Sánchez sobre cómo surgió la idea de relevarle y fundar su propio negocio, al que añadió las zonas de bar y restaurante. Tomate frito, lata de cocido, una mítica laca o conservas de una conocida marca blanca, además de piezas de fruta (naranjas, peras, manzanas...), diferentes clases de snacks y bollería local, entre otras 'delicatessen', conforman la zona de supermercado que ocupa gran parte del bar y que cuenta con un mostrador propio para despachar quesos, tortillas, pizzas o yogures. Es un 3 en un 1: bar, restaurante y tienda. Estadounidenses a la mesa La multitarea se la 'inspiraron' las personas que le preguntaban por un sitio en el que tomar un café o pedir un bocata, mientras acondicionaba su establecimiento. Casualidad o no, el negocio de Rubén se encuentra frente al Centro de Interpretación de Carpintería Mudéjar Abulense (CICMA), a cuyos cursos acude un alumnado internacional y, a quienes este hostelero, suele dar de comer. Incluso, comenta, hace unos días reservó una mesa para un grupo de estadounidenses que asistía a las clases de esta escuela. Un lugar donde se aprende a 'domar' la madera convirtiéndola en un elemento arquitectónico. De táper y reparto a domicilio No son los únicos servicios que ofrece el duelo de 'El Gallo Kiriko', que se multiplica en su bar multitarea. También prepara comida por encargo y la reparte entre sus clientes. "Es a demanda. Hay gente que lo que necesita: O vas o vas", comenta este hostelero que abre todos los días de 7 de la mañana a 16 horas. Los beneficiarios son mayoritariamente los más mayores del lugar. Se estima que viven permanentemente en esta localidad unas 70 personas con una edad superior a los 65 años. Lo que contrasta con los nueve menores de 15 años, que acuden al colegio de la vecina Fontiveros. "A Arantxa le traigo su leche sin lactosa, a Jesús sus flanes. A cada uno sus cosas. Esto en un pueblo tiene que ser así", comenta el dueño del 'Bar Kiriko' sobre sus labores de reparto Jóvenes para el cereal y el ganado "Aquí vive gente joven, aunque hagan su vida fuera del pueblo", defiende este emprendedor cuando le preguntamos por el fantasma de la despoblación. Una de sus clientas, también concejal del Ayuntamiento en esta legislatura, añade que "es gracias a la agricultura y la ganadería". Ambos son los 'motores' económicos de la localidad, que se reparte entre el cereal y el vacuno. "Ha venido gente al pueblo, aunque trabajan en otro sitio, pero viven aquí", resalta la edil. Rubén, que se maneja bien en los fogones, también se sube más de una vez durante el día a la furgoneta bien para hacer de 'taxista' para vecinos que necesitan acudir a una cita médica u otros compromisos, bien para entregar a domicilio algún pedido: "A Arantxa le traigo su leche sin lactosa, a Jesús sus flanes. A cada uno sus cosas. Esto en un pueblo tiene que ser así", enumera este amante de las motros quien reconoce que más de una localidad próxima se ha quedado "desolada" cuando el último hostelero ha echado el cierre. "La gente quiere un bar, si no lo tiene en su pueblo, se va al de al lado y este queda vacío. Cuantos más servicios haya, mejor va aun pueblo", sentencia .