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Las alcantarillas revelan dónde se consume más droga en Madrid: cocaína y cannabis se toman a diario

2026-03-09 - 14:33

Lo que fluye cada día por el alcantarillado de Madrid ha permitido trazar un mapa del patrón de consumo de drogas en la capital. Tanto de su cantidad como de su frecuencia. En las ocho depuradoras de la capital, la cocaína y el cannabis se coronan como las sustancias ilegales más consumidas por los madrileños, seguidas del MDMA, la metanfetamina y la anfetamina, según un análisis de muestras de aguas residuales recogidas entre diciembre de 2023 y octubre de 2025. En concreto, el estudio se basa en una premisa sencilla: cuando una persona consume una droga, el organismo elimina parte de esa sustancia —o sus metabolitos— a través de la orina. Estos compuestos terminan en la red de alcantarillado y llegan a las estaciones depuradoras, donde pueden detectarse mediante técnicas de laboratorio. En este estudio, se tomaron casi 400 muestras de 24 horas en las ocho estaciones depuradoras que recogen las aguas de los 21 distritos de Madrid. "Durante una semana, las depuradoras recogen muestras compuestas de 24 horas con equipos automáticos. Eso nos permite tener una imagen representativa de todo un día de consumo", explica Magra Cialor, profesora del Departamento de Química Analítica de la Universidad Complutense e investigadora del proyecto. Una vez recogidas, las muestras se procesan para concentrar los compuestos presentes y se analizan en el laboratorio de Madrid Salud, donde se mide la concentración de cada sustancia. Un consumo constante a lo largo del tiempo Los resultados muestran que el cannabis presenta un consumo relativamente estable a lo largo de la semana, mientras que otras drogas asociadas al ocio nocturno muestran picos claros en determinados días y el consumo, en general, aumenta en verano. "El MDMA es el compuesto donde más se nota el patrón de fin de semana", señala Cialor. El análisis también revela que, en términos generales, el consumo se mantiene bastante constante en el tiempo. "Hemos realizado siete campañas desde 2023 y no vemos grandes variaciones ni entre las zonas de la ciudad ni a lo largo del tiempo", añade la investigadora. Sí se observan, sin embargo, ligeras diferencias geográficas. Algunas depuradoras que recogen aguas del centro de la ciudad registran concentraciones algo más altas de ciertas drogas vinculadas al ocio nocturno durante los fines de semana, aunque la diferencia con otras zonas "no es muy marcada". Además de las drogas ilegales, el estudio también detectó la presencia constante de fármacos con potencial de abuso en las aguas residuales. Entre ellos destacan la ketamina y las benzodiacepinas, especialmente el lorazepam y el lormetazepam, utilizados como ansiolíticos y sedantes. "Estas sustancias muestran un patrón de consumo muy estable a lo largo de toda la semana, a diferencia de las drogas de ocio, que suelen repuntar en fines de semana", explica Cialor, investigadora de la Universidad Complutense. Un análisis que complementa los de la Policía Esta herramienta de análisis de agua residual es una potencial "herramienta innovadora para estimar el consumo de drogas en grandes poblaciones", según ha destacado desde el laboratorio la vicealcaldesa, Inma Sanz, se ya que permite "complementar la información que proporcionan encuestas o los datos policiales". Los resultados coinciden con otros indicadores que maneja el Ayuntamiento. En el Laboratorio de Salud Pública de Madrid Salud también se analizan cada año miles de muestras procedentes de decomisos policiales y de controles de tráfico y confirman "lo mismo que vemos en las aguas residuales: las drogas más consumidas son el cannabis y la cocaína", señala Paloma Berenguer, directora del laboratorio. En comparación con otras ciudades europeas y españolas, Madrid presenta niveles de consumo similares, aunque ligeramente inferiores. En el caso del cannabis, se detectaron 77,2 miligramos diarios por cada 1.000 habitantes, muy por debajo de ciudades como Lisboa (150,8), Barcelona (220,7) o Ámsterdam (319). En el otro extremo se sitúan Santiago de Compostela (54,3) o París (53,9). Con la cocaína ocurre algo parecido: Madrid es una de las ciudades con menor consumo entre las analizadas, con 369 miligramos diarios por cada 1.000 habitantes, solo Barcelona registra menos consumo que Madrid, mientras que Castellón, Lleida, Santiago y Tarragona tienen cifras bastante más elevadas. Estudiar cómo se integran en la vida diaria cotidiana Según Berenguer, observar el fenómeno desde distintos ángulos refuerza la fiabilidad de los resultados. "Estamos analizando la sustancia que una persona lleva encima, la que detectamos en saliva cuando conduce y también lo que ya ha consumido y termina en las aguas residuales", señala. El Ayuntamiento también utiliza estos datos para anticipar necesidades en la red de atención a las adicciones. En 2025, el Instituto de Adicciones de Madrid Salud atendió a 11.895 pacientes, un 7,6% más que el año anterior. Por su parte, señala que "su detección no solo refleja el consumo indebido, sino cómo se integran estas sustancias en la vida cotidiana de la población, sea con receta o mezcladas con otras drogas". Entre las nuevas personas que iniciaron tratamiento, el alcohol sigue siendo la principal sustancia problemática (40%), seguida de la cocaína (24%) y el cannabis (15%). También se registraron casos vinculados a opiáceos (4%) y a la adicción al juego (4%). "Para nosotros es fundamental anticiparnos a lo que puede llegar y detectar tendencias", explica Beatriz Mesías, subdirectora general del Instituto de Adicciones. "Tenemos que estar muy pendientes de las drogas estimulantes, especialmente la cocaína y otras nuevas sustancias que están apareciendo". El actual Plan de Adicciones municipal (2022-2026) se encuentra en fase de evaluación y servirá de base para diseñar el próximo, que abarcará el periodo 2027-2031. Mientras tanto, las aguas residuales seguirán actuando como un observatorio del consumo en la ciudad: un análisis "anónimo, colectivo y cada vez más utilizado en Europa" para entender qué drogas circulan por las calles, entran en el cuerpo de los ciudadanos y, por último, salen para acabar diluyéndose por el váter.

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