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Las dos amargas tazas de Vox para Feijóo

2026-02-09 - 19:05

En plena euforia de la noche electoral, el candidato de Vox en Aragón, Alejandro Nolasco, sentenció con una frase lo que le podía esperar al PP a partir de ahora: "España quiere el doble de Vox". Los de Abascal consiguieron este pasado domingo duplicar su presencia en las Cortes de Aragón, siguiendo la estela de lo ocurrido en Extremadura hace dos meses. La sucesión de comicios autonómicos alimentada por Génova está dando el fruto perseguido de exponer al PSOE a un dañino carrusel de derrotas, pero a costa del envalentonamiento de una ultraderecha que cada vez le va a poner más caro su apoyo. Si Feijóo soñó en algún momento con librarse de Vox, las urnas de Extremadura y Aragón le acaban de poner en su sitio con dos contundentes tazas. La cita de Aragón ha sido, si cabe, más amarga para Génova que la extremeña. Ambas convocatorias eran adelantadas, promovidas por sus respectivos presidentes bajo el argumento del imposible entendimiento con Vox y de la necesidad de tener presupuestos para continuar gobernando. Ninguno de esos objetivos se ha cumplido en ninguna de las plazas, y, en el caso de Jorge Azcón, además, el presidente aragonés ha tenido que encajar la pérdida de dos escaños frente a un Vox que ha multiplicado por dos el número de los suyos, sumando más de la mitad de los del PP. Los de Abascal ya han pedido entrar en el futuro gobierno con la representación porcentual que les corresponde, mucho mayor que la que tenían antes de las elecciones. De no querer transigir con sus exigencias para aprobar los presupuestos, Azcón ha pasado a tener que ponerles alfombra roja para entrar en su Ejecutivo si quiere seguir gobernando. La jugada urdida en los cuarteles de Génova solo ha conseguido arribar a su meta en el frente contra el sanchismo que debería llevar a Feijóo a la deseada Moncloa. La catástrofe de Pilar Alegría arrastrando al PSOE a su suelo electoral en Aragón ha permitido al líder del PP continuar elevando el tono de su discurso del fin de ciclo de Sánchez y reiterar que "España está harta" de su presidente y sus políticas. Todo apunta a que las próximas citas de Castilla y León y Andalucía permitirán mantener el alegato anti-Sánchez pero, también, el crecimiento de la ultraderecha para poder derribarlo. Las elecciones de Aragón, además, han arrojado otro frustrante dato para Feijóo. Si María Guardiola, en la campaña de Extremadura, optó por distanciarse de los mensajes de la ultraderecha para reclamar más votos nativos del clásico PP, Jorge Azcón quiso disputar la partida a Vox adoptándolos. Isabel Díaz Ayuso fue la primera invitada a la campaña del 8-F donde el presidente aragonés se mostró cómplice y admirador de su radical discurso, cuando dos meses antes ni había pisado suelo extremeño para apoyar a Guardiola. La presencia del agitador ultra Vito Quiles en el mítin de cierre de campaña de Azcón solo confirmó la apuesta del aragonés por conquistar al votante de Vox. Los escasos resultados cosechados podrán alimentar aún más el debate interno del PP sobre cómo frenar a Abascal, o quizá solo confirmen que se trata de un empeño imposible y no cabe más que aprender a negociar con él. La amenaza de un Vox creciente podrá ser utilizada por Sánchez llegadas las elecciones generales, tal como hizo con anterioridad, pero el desgaste que acumula su Gobierno puede no resistir el uso de balas gastadas. El desconcierto cunde en las filas de los aliados del Ejecutivo, como muestran los movimientos de Gabriel Rufián y algunas figuras de Sumar por aunar esfuerzos y candidaturas para hacer frente a la ultraderecha y las derrotas que se avecinan. En Génova tampoco pueden dormir tranquilos, sin embargo. Las huestes de Abascal parecen no tener freno. Veremos si las lecciones de Extremadura y Aragón provocan cambios de estrategia en algunos de los bandos o estamos abocados a que la ultraderecha domine el tablero de juego. Sería la peor desgracia para nuestro país.

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