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Las lavanderías hacen su particular 'agosto': "Ha llovido tanto que es imposible secar la ropa en las cuatro cuerdas que tengo"

2026-02-13 - 05:25

El tren de borrascas que azota España desde que comenzó el año ha dejado un sinfín de incidencias en todo el país. La gravedad de la situación generada por el temporal no ha permitido detenerse a pensar en cómo se ha visto alterada la vida cotidiana de los ciudadanos incluso a niveles como hacer la colada. En Madrid, donde el cielo encapotado se ha convertido en el paisaje habitual, las lavanderías de autoservicio viven días de plena actividad. En la 365 Laundromat, ubicada cerca de la estación de Atocha, las tres secadoras no descansan y las cuatro lavadoras funcionan en cadena mientras varias personas esperan sentadas —o de pie en la puerta para no colapsar el pequeño local— a que termine el ciclo. Marleny Zapata, una anciana de 75 años, resume la situación con una resignación práctica: "Uno vive en pisos donde hay que extender la ropa y cuando la tiendes, llueve y pierdes la lavada". Esta mujer vive junto a su hija y su nieto y acude cada semana —"o cada cuatro días"— a esta lavandería. "Es mejor venir porque llegas, secas, te lo llevas a casa y ya no hay más trabajo", cuenta a 20minutos. En esta sesión se ha gastado unos 20 euros entre las lavadoras y la secadora: "Lo hago para ayudar a mi hija, que está trabajando y tiene un niño". Uno vive en pisos donde hay que extender la ropa y cuando la tiendes, llueve y pierdes la lavada" En el interior del local hay un ajetreo constante de personas que cargan cestas rebosantes de sábanas y edredones mientras esperan su turno. En lo que respecta a las piezas grandes, el espacio se convierte en el principal problema a la hora de lavarlas en casa. Para Ana Rosa, otra de las clientas, acudir a la lavandería es casi "una obligación" ya que no tiene sitio dentro de su piso para tender la colada. Esta situación tampoco le resulta ajena a Ángela Ramírez, una colombiana de 47 años que lleva 26 viviendo en Madrid. "Ha caído demasiada agua durante todos los días y es imposible secar la ropa en las cuatro cuerdas que tengo", explica. En invierno suele venir hasta tres veces por semana: "La ropa es más gorda. En verano la puedo secar en casa porque es más fina y con el sol es más fácil, pero en invierno venimos más veces". De hecho, se está planteando comprar una secadora. Tanto ella como Ana Rosa reclaman otra lavandería en el barrio: "Una es insuficiente". Las esperas, sobre todo para usar la secadora —la máquina más demandada—, generan tensiones puntuales entre los clientes. "A veces hay conflictos", relatan ambas. Pese al incremento de usuarios durante la estación invernal, fuentes de la empresa de lavandería aseguran no obstante que las incidencias son mínimas. "Las únicas que registramos son de clientes que nunca han utilizado este tipo de servicios. Si se tienen las máquinas en condiciones, funciona perfectamente", apuntan. El negocio, según sostienen, está "en auge": "El uso de las lavanderías sube por el mal tiempo y por la estación, en el otoño e invierno experimentamos más afluencia de clientes que en el verano". A la espera de que el tiempo dé una tregua y el sol vuelva a asomarse con regularidad, muchos ciudadanos han encontrado en las lavanderías autoservicio una solución práctica a un problema cotidiano agravado por el temporal. Entre el zumbido constante de las máquinas y las conversaciones resignadas sobre el último chaparrón, estos locales se han convertido en una solución práctica para sortear la humedad y ganar tiempo en casa mientras las sucesivas borrascas siguen condicionando el día a día en uno de los inviernos más lluviosos de los últimos años.

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