Las malvadas redes sociales
2026-02-19 - 04:53
Hace algunas semanas, Fernando Garea publicó una interesante y didáctica información en el diario El Español: Moncloa dio a los ministerios la orden de buscar en sus cajones iniciativas que estuvieran aparcadas y que no fuese necesario someter a votación parlamentaria. Debían de ser propuestas que provocaran interés mediático y debate social, para marcar la agenda política y romper el bloqueo que sufría el Gobierno. Desde entonces se han lanzado algunas, para cambiar la dinámica de discusión nacional en cuanto Pedro Sánchez o alguno de sus ministros se encuentra con un problema que no puede resolver, o el PSOE sufre un varapalo electoral (lleva dos, y faltan dos votaciones más). Una de esas propuestas consiste en poner en marcha una guerra contra los tecnooligarcas, en expresión monclovita que ha hecho fortuna. Pero esa iniciativa, aparentemente bienintencionada, es una triquiñuela de despiste, como otras. Sánchez sabe que hay una conciencia muy mayoritaria de que las redes sociales son perjudiciales para niños y adolescentes, y se ha comprometido a prohibirlas hasta los 16 años. Eso es más fácil decirlo que ponerlo en marcha y que se cumpla. Pero el objetivo apunta más arriba, hacia los dueños de esas redes sociales, que son enemigos fáciles de vender para la izquierda: megamillonarios y cercanos a Trump. Todo lo que Sánchez dice de esos tecnooligarcas es cierto. Pero es ahí donde llegan las contradicciones y las sospechas. Por ejemplo: ¿por qué las redes son peligrosas solo ahora, cuando ya lo eran hace más de una década? ¿No será que en España la extrema izquierda controlaba las redes en otro tiempo, y las utilizaba para martirizar a quienes no congeniaban con sus ideas, y ahora ese control lo tiene la extrema derecha? ¿Recuerdan cómo se utilizó en 2004 esa, entonces, incipiente tecnología para acosar las sedes del PP, con aquel simple "pásalo" a través de SMS? ¿Recuerdan cómo en 2011 surgió el 15M gracias al exitoso uso intensivo de Facebook? ¿Recuerdan cómo se movilizó a través de Twitter a miles de personas para rodear el Congreso en 2016, en el intento de evitar la investidura de un presidente del gobierno? Podemos no hubiera llegado tan lejos hace diez años de no ser por Twitter, igual que Vox sería menos de lo que es, de no ser por esa misma red social, ahora llamada X. Sin propagar mentiras en las redes sociales, quizá Donald Trump nunca hubiera sido presidente. Todo radicalismo encuentra su óptima vía de proselitismo en ese medio que ahora se pretende controlar. La duda es a quién se concederá el privilegio de ejercer ese control, y cuál será el criterio con el que lo hará. Porque es inevitable el temor de que estemos ante un intento de censura, y en una sola dirección.