Las voces del desalojo por las inundaciones en Córdoba: «He podido volver a por lo que me podía hacer falta para lo que dure esto»
2026-02-07 - 17:35
El desbordamiento del río Guadalquivir ha expulsado de sus viviendas a más de un millar de cordobeses; más de mil afectados que han visto como el caudal anegaba sus pertenencias, posesiones que han tenido que abandonar a la espera de que la situación mejore. El pabellón Vista Alegre acoge tanto a familias procedentes de zonas de asentamientos como de las distintas áreas de parcelas que han sido desalojadas. En él, numerosos ciudadanos son atendidos por miembros de la Cruz Roja. Incluso se admiten mascotas. Es el caso del perro Ike, que ha acompañado a Juan José Gómez y su pareja , procedentes de Majaneque, donde llevaban viviendo tan solo nueve meses. Casi recién mudado, ya se ha encontrado con una de esas posibilidades que se contemplan en determinadas zonas de Córdoba, pero que uno espera que no lleguen jamás , y más en este caso, «ya que soy uno de los poquitos que vive en una calle considerada zona urbana». En este caso el caudal queda a cien o 150 metros, distancia suficiente para que en la actual situación se considere el desalojo para evitar males mayores . «La noche anterior a la evacuación, tanto la policía como los bomberos funcionaron perfectamente, iban a hacer comprobaciones al río cada quince minutos, y por si acaso preparé una mochilita, aunque no nos evacuaron hasta el día siguiente», añade Juan José, que lleva ya tres días en el polideportivo. Sin embargo, suma una crítica, ya que el día anterior le permitieron volver al hogar... para desalojarlo al rato: «Creo que no es el momento para jugar con las personas, porque hay algunas que lo están perdiendo todo ». Gómez reconoce, no obstante, que la organización en Vista Alegre es perfecta: «Aquí están los verdaderos héroes, que son los de la Cruz Roja». Los argentinos María José Cepeda, natural de Lobos, y su marido Ignacio, de Buenos Aires, ya habían recorrido toda América en su autocaravana . Ahora querían hacer lo mismo con España durante un año sabático que iba a concluir la próxima Navidad. Con lo que no podían contar es con que las lluvias torrenciales , esperables en climas tropicales, se reprodujeran en zonas del interior de España con clima continental y escasas precipitaciones. Sin embargo, el agua ha truncado el viaje y ha causado los suficientes desperfectos o carencias en el vehículo como para que hayan tomado la decisión de alojarse en el Pabellón de Vista Alegre , uno de los diversos lugares que están acogiendo a personas casi siempre procedentes de parcelaciones con peligro de inundación. Este caso particular ejemplifica la diversidad de circunstancias por las que están pasando en estos momentos tanto cordobeses como visitantes de la ciudad ante una serie inusual de temporales consecutivos. La peripecia de esta pareja argentina empezó en un aparcamiento de caravanas de un pueblo de Córdoba, donde los lugareños ya les advirtieron sobre la suspensión de las clases escolares y el mal tiempo que se esperaba: «En definitiva, que estábamos viviendo un potencial peligro », indica Cepeda. Ante esa situación, fueron buscando otras zonas de autocaravanas, encontrando muchas ya clausuradas e incluso sufriendo algunos daños por desprendimientos en lugares donde acamparon momentáneamente. Al ser un vehículo con batería solar, se quedaron igualmente sin poder cargar el móvil o los ordenadores portátiles. Al final, vieron que podían dejarla cerca del propio pabellón Vista Alegre. Esta viajera argentina reconoce con humildad que «al fin y al cabo esto nos lo buscamos nosotros, y no es comparable a las historias de gente que realmente tiene que salir de su casa y que está sufriendo una situación mucho más complicada que la nuestra». En otras zonas de Córdoba, como Alcolea, y ante las protestas de los afectados, se habilitaron la parroquia o el polideportivo. La gente quería estar cerca de sus viviendas. Es el caso de Milagros Mora , habitante de la calle Oficial José Pérez de la Meca, desalojada por su situación de discapacidad por un mieloma múltiple que perjudica su movilidad, por lo que no puede quedarse en la vivienda ante la posibilidad de quedar aislada: «Esta mañana nos han autorizado a ir a casa un rato y me he podido duchar allí». Mora agradece a la Cruz Roja, a concejalas del Ayuntamiento, la Hermandad de los Dolores de la barriada y a empresarios de Alcolea la ayuda prestada. Ramón Fernández, de la calle de La Barca de Alcolea, está más acostumbrado a estas situaciones por años precedentes en los que se ha visto desalojado, aunque su casa nunca ha sufrido daños. «Esta mañana he vuelto a ducharme y a por cosas que me podían hacer falta para lo que dure esto». Mientras continúan las labores de seguimiento y atención a las personas desalojadas, las autoridades mantienen activos los dispositivos de prevención ante la evolución de los cauces y la previsión meteorológica. Los distintos recursos habilitados en la ciudad permiten dar respuesta a esta situación excepcional. La normalidad dependerá, en última instancia, de la estabilización de las condiciones climáticas en los próximos días.