León XIV denuncia que algunos países prohíben competir a las mujeres en el deporte
2026-02-06 - 13:05
A pocas horas de la inauguración de los Juegos Olímpicos de invierno de Milano-Cortina, León XIV ha publicado una extensa carta sobre el deporte. Se trata del primer documento pontificio dedicado exclusivamente a este tema. El Papa relanza la tregua olímpica , denuncia que en algunos países se prohíbe que las mujeres hagan deporte, y dice que el escándalo del dopaje es consecuencia de convertir el deporte en negocio. Aunque este sea el primer documento «oficial», lo cierto es que el cristianismo ha influido decisivamente en la esfera deportiva, haciéndolos más humanos. Por ejemplo, recuerda León, la difusión del cristianismo llevó a que perdieran «relevancia social» los «espectáculos deportivos típicos de la cultura romana, en particular los combates entre gladiadores». También en la Edad media san Bernardo de Claraval intentó dar una reinterpretación cristiana a los torneos caballerescos. Ahora el Papa da un paso más y dice que el deporte es fuente de desarrollo personal y lamenta que «a veces, en la formación a la vida religiosa, especialmente femenina, persisten desconfianzas y temores hacia la actividad física y deportiva». La idea central de este nuevo documento, una carta titulada «La vida en abundancia» es que el deporte es una oportunidad formidable para formar «las virtudes personales, cristianas y civiles fundamentales», «si no está contaminado por el culto al lucro». Por ejemplo, el deporte en equipo ayuda a «reconocer las propias capacidades o comprender cómo puedan ser útiles al equipo; trabajar junto a coetáneos conlleva la necesidad de afrontar conflictos y gestionar frustraciones y fracasos» y es ocasión de «aprender a perdonar». Como el deporte es «fuente de alegría y favorece el desarrollo personal y las relaciones sociales», León XIV reclama que sea « accesible a todas las personas que desean practicarlo ». Desenmascara que «en algunas sociedades que se consideran avanzadas, el deporte está organizado según el principio del «pagar para jugar», y los niños provenientes de familias y comunidades más pobres no pueden permitirse las cuotas de participación y quedan excluidos». También denuncia que otras sociedades no permiten practicar deportes «a las jóvenes y a las mujeres». En la carta afronta el necesario apoyo financiero para practicar el deporte, pero avisa de que « los problemas aparecen cuando la motivación principal o exclusiva es el negocio ; entonces las decisiones ya no están movidas por la dignidad de las personas, ni por aquello que favorece al bien del atleta y a su desarrollo integral o al de la comunidad». Alerta por ejemplo de «cuando la atención se concentra obsesivamente en los resultados alcanzados y en las sumas de dinero que se pueden obtener de la victoria», pues -recuerda citando al Papa Francisco-, «se corre el peligro de reducir a los atletas a una mera mercancía lucrativa». Así, «cuando los beneficios económicos que derivan del éxito en el deporte son considerados más importantes que el valor intrínseco de la participación, la dictadura del rendimiento puede inducir al uso de sustancias dopantes y de otras formas de fraude, y puede conducir a los jugadores de deportes en equipo a concentrarse en su propio bienestar económico más que en la lealtad hacia su disciplina. Cuando los incentivos financieros se vuelven el único criterio, puede suceder que individuos y equipos dobleguen sus resultados a la corrupción y a la intromisión de la industria de los juegos de azar». «Estas formas de fraude corrompen las actividades deportivas en sí mismas y contribuyen además a la desilusión del gran público y a socavar el aporte positivo del deporte a la sociedad en general», avisa. Según el Papa, los «desafíos contemporáneos» contra los valores deportivos son «el impacto del transhumanismo y de la inteligencia artificial » en las competiciones. Dice que «amenazan con introducir una separación artificial entre cuerpo y mente, transformando al atleta en un producto optimizado, controlado, potenciado más allá de los límites naturales. Cuando la técnica deja de estar al servicio de la persona y pretende redefinirla, el deporte pierde su dimensión humana y simbólica, convirtiéndose en un laboratorio de experimentación desencarnada». El Papa también aborda el fenómeno de los hooligans , cuando transforman el deporte «en un modo de polarización que conduce a la violencia verbal y física». En lugar «de expresión de apoyo y participación, la afición se transforma en fanatismo; el estadio se vuelve un lugar de enfrentamiento más que de encuentro. Aquí el deporte no une, sino que divide ; no educa, sino que deseduca, porque reduce la identidad personal a una pertenencia ciega y opositora. Esto es particularmente preocupante cuando la afición se vincula con otras formas de discriminación política, social y religiosa, y se utiliza indirectamente para expresar formas más profundas de resentimiento y odio». También denuncia como «distorsión» cualquier intento de instrumentalizar políticamente las competiciones deportivas internacionales, pues deben ser «lugares de encuentro y de admiración recíproca, no escenarios para la afirmación de intereses políticos o ideológicos». El Papa dedica espacio al valor de la « Tregua olímpica ». Recuerda cómo en la antigua Grecia la idea era «suspender las hostilidades antes, durante y después de los Juegos Olímpicos, para que los atletas y los espectadores pudieran viajar libremente y las competiciones pudieran realizarse sin interrupciones». Este acuerdo nacía de «la convicción de que la participación en competiciones reglamentadas constituye un camino individual y colectivo hacia la virtud y la excelencia». «La guerra, por el contrario, nace de la radicalización del desacuerdo y del rechazo de cooperar los unos con los otros. El adversario es entonces considerado como un enemigo mortal, a quien hay que aislar y, si es posible, eliminar». «Las trágicas evidencias de esta cultura de muerte están ante nuestros ojos —vidas truncadas, sueños destrozados, traumas de los supervivientes, ciudades destruidas— como si la convivencia humana se redujera superficialmente al escenario de un videojuego. Pero esto no debe hacernos olvidar nunca que la agresividad, la violencia y la guerra son siempre una derrota de la humanidad». El portavoz del Vaticano no ha aclarado si el Papa verá esta noche la ceremonia de inauguración. Pero en el documental, León XIV deja claro que le ha gustado verlas en el pasado. «Las competiciones internacionales, en particular, ofrecen una ocasión privilegiada para experimentar nuestra común humanidad en la riqueza de sus diversidades», escribe. «En efecto, hay algo profundamente emotivo en las ceremonias de apertura y de clausura de los Juegos Olímpicos , cuando vemos a los atletas desfilar con las banderas nacionales y los trajes típicos de sus países. Experiencias como éstas pueden inspirarnos y recordarnos que estamos llamados a formar una única familia humana . Los valores promovidos por el deporte —como la lealtad, el compartir, la acogida, el diálogo y la confianza en los demás— son comunes a toda persona, independientemente de la procedencia étnica, la cultura y la religión».