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Librerías contra la gentrificación: "Nos quedamos sin comercio local, sin barrios sostenibles, sin comunidad"

2026-02-07 - 07:15

A primera hora de la mañana, antes de que el turismo convierta el centro en una marejada bulliciosa de mochilas botando, ruedas arrastrándose gritonas por los adoquines y en un rico muestrario de idiomas, la Cava Baja de Madrid todavía respira como una calle de barrio. Los garitos levantan las persianas. Cafeterías, estancos, tiendas de souvenirs y, contra viento y marea, las librerías. Desperate Literature, la entrañable guarida bibliográfica de los libreros Terry Craven y Charlotte Delattre, se cuenta entre esos resistentes comercios tradicionales que, frente a la gentrificación —revalorización urbana que impone mayores poderes adquisitivos— han sobrevivido... pero de milagro. Desperate Literature llevaba diez años siendo la guarida bibliómana de referencia en la zona de Ópera, en la calle Campomanes. El edificio, no obstante, fue comprado por un fondo de inversión. "Echaron a los vecinos de una forma un poco chunga", relata Craven, copropietario de la librería. Lograron ganar tiempo gracias al ingenio de su abogada. Un margen gracias al cual pudieron encontrar el local en el que se ubican ahora, en la Cava Baja. "Llevas diez años en un sitio, todo hecho a mano, y tienes que mover no simplemente los libros y los clientes, sino también todo lo construido", explica Craven. Por muy grimosa que sea la realidad, esta se impone. Y Desperate Literature, víctima de las rampantes dinámicas del mercado, tuvo que salir pitando del que fuera su hogar original. Suerte de ese espacio en la Cava Baja. Esquivaron la extinción. No todos, sin embargo, han gozado de esa segunda vida. Tipos Infames y la reapertura del debate La llamada a la indignación de Tipos Infames, una de las míticas librerías de Malasaña, de las primeras en enfocar el negocio librero desde una mirada cuidada y hipster, ha generado un intenso revuelo. El anuncio de su cierre por culpa de la "gentrificación" y "el puto capitalismo", como aseguraron sus dueños, ha estirado la herida abierta de un debate que lleva años sobre la mesa: el desplazamiento de los negocios culturales y el comercio local. Aunque no lo parezca, los soldados heridos en esta batalla no se limitan a la zona centro de las grandes ciudades. En Alcobendas, Patricia Bardullas vive una escena parecida a la de Desperate Literature. La librería El movimiento del caracol, especializada en literatura infantil y juvenil, debe abandonar el lugar que ha sido su casa durante una década. "Actualmente estamos desalojando el local que llevamos alquilando desde hace diez años ante la no renovación del alquiler, por fin de contrato". Andan a la caza y captura de un nuevo espacio, pero "la cosa está complicada. Los alquileres son demenciales. No son sostenibles para una librería", asegura. Un impedimento que también encararon los socios de Desperate Literature, quienes decidieron jugársela, ir a tumba abierta y comprar el espacio donde están hoy. "Estuvimos mirando durante mucho tiempo. Al final, conseguimos un milagro. Un local a buen precio que, tras una intensa lucha con los bancos, con una hipoteca ‘soportable’ y una parte de recaudación, fue nuestro", relata Craven. Ahora, el coste de ese milagro es una deuda de larguísimo recorrido. "Tenemos muchísimas deudas con el banco. Pero bueno, eso era imprescindible". En Arganzuela, Mujeres & Compañía La Librería ni perdona ni olvida su expulsión del centro hace cinco años. "Nacimos por cuestiones simbólicas y políticas en Ópera, en el centro de Madrid", relata la socia Miren Elorduy. "Pero la necesidad imperiosa de los dueños del edificio de hacer apartamentos para guiris nos echó de allí". Ciudades que se vacían por dentro La gentrificación, huelga decir, no solo se ceba con las librerías. Terry Craven lo observa en su propio barrio. "Yo vivo en Lavapiés y se ve que hay reformas por todos lados. Son casas todas. O casas para alquiler o casas para Airbnb, no lo sé. Pero se ve que está cambiando rapidísimo. En cinco años yo no voy a poder vivir ahí", concluye apesadumbrado. El problema no es solo la vivienda. "Si seguimos en que las ciudades se convierten en un vacío", afirma Craven, "en que simplemente haya cosas para los turistas y la gente con la visa digital, por si fuera poco con precios que corresponden a sueldos inexistentes en España, tendremos una ciudad que simplemente no funciona". Bardullas, de El movimiento del caracol, padece la misma desafección desde la periferia. Tras quedarse sin local, ha reafirmado que el mercado no responde a las necesidades reales del barrio. "Habiendo locales disponibles para el alquiler, los precios no son asumibles. Los dueños prefieren poner un precio ‘según el mercado’ que no es sostenible a largo plazo". Y cuando no consiguen alquilarlos, optan por otra vía: "Solicitan una licencia para hacer una infravivienda y así sacan lo que no consiguen con los alquileres". El resultado, según Bardullas, es honestamente devastador. "Nos quedamos sin comercio local, sin barrios sostenibles, sin comunidad". El cierre de una librería no es un suceso aislado: es una de las primeras piezas de un efecto dominó que acabará por consumarse. "La vivienda es un bien necesario, es la punta del iceberg de la especulación inmobiliaria, pero debajo de esa punta están los locales comerciales, que permiten la generación de empleo y riqueza local", concluye la coordinadora de El movimiento del caracol. Desde Desperate Literature, Terry observa cómo este proceso agota a toda una generación de libreros. "Lo veo con muchos de mis amigos libreros también, que están cansados. Y hay mucha gente luchando. Eso es difícil". Mudarse una vez ya es un trauma. Pensar en tener que hacerlo de nuevo dentro de diez años resulta, para muchos, insoportable. "Si estás de alquiler, en diez años ¿qué va a ser de ti? No lo sé. Eso me da miedo". Un miedo, entendámonos, empático, pues afortunadamente y con endeudamiento, Desperate Literature tiene el local "asegurado". Entre la resistencia y el consumo España, se diría, ama sus librerías. Las celebra. Las defiende, pero algo así como en abstracto. El cariño no se traduce siempre en hábitos de consumo suficientes para sostenerlas. No obstante, para Craven, el libro ha cambiado de estatuto cultural, con un puntito prometedor aunque irónicamente perverso. "El libro se ha convertido en objeto, no de lujo o de fetiche, pero un poco de decoración". Instagram, la sobredosis visual y esa construcción identitaria en redes han transformado la forma de consumir la literatura. Las librerías han tenido que adaptarse. "La cara de una librería ha cambiado muchísimo en los últimos quince o veinte años", recalca el socio de Desperate Literature. En El movimiento del caracol, la apuesta es radicalmente comunitaria. "Somos una librería acogedora con multitud de álbumes ilustrados. Durante estos años nos hemos consolidado como punto de encuentro al organizar multitud de actividades en torno a los cuentos". Bardullas concibe la librería como una suerte de refugio frente al ruido digital. "Las familias intentan distanciarse de lo digital y recurren al libro o al álbum. La lectura genera un vínculo y eso se hace entre personas". Miren describe algo similar desde su militancia feminista. "Somos una librería especializada y politizada; eso hace que nuestra clientela sea particular. El compromiso de nuestras clientas tiene que ver con la política feminista y la necesidad histórica de sostener espacios seguros de pensamiento y militancia", concluye. Los tres libreros coinciden en que la clave está en la relación humana. Bardullas lo resume así: "Las estrategias que nos hacen únicas son el trato personal, las actividades que hacemos, el compromiso con el barrio, las recomendaciones, la posibilidad de que con una buena conversación te lleves el cuento que necesitas". Frente al algoritmo, motivar la conversación. Frente al regustín del dedo scrolleando hasta el infinito, el tú a tú. Fisicidad. Miren lo condensa de forma clara: "Un algoritmo no es competencia de una librera o librero que conoce su fondo y a su clientela, y un paquete que te traen a casa un domingo no genera las endorfinas que genera la búsqueda y elección de un libro físico". La ciudad que todavía puede leerse Las ayudas institucionales existen. Es un hecho que Craven no esquiva. Pero no resuelven el problema de fondo. "Hay subvenciones. El gremio hace muy bien en informarnos de cómo aprovechar las ayudas que hay". Algo de lo que Desperate Literature se benefició, y lo reconoce con agradecimiento. Al respecto, Bardullas es más tajante: "El apoyo está, pero no es suficiente. No basta con palabras. Los pequeños soportamos muchos gastos, no solo el alquiler, nos desangramos antes las grandes plataformas". Un enfoque que sostiene igualmente Miren, de Mujeres & Compañía La Librería: "No quiero que se visiten librerías solo el 23 de abril o el 8 de marzo. Quiero que pongan en valor el tejido que sostenemos entre todas", afirma. De cara al futuro, la gentrificación quizá se ensañe, pero la cabezonería cultural no se deja someter con facilidad. En el frágil equilibrio entre mercado y comunidad se decidirá el devenir. Así lo ve Bardullas: "No podemos acostumbrarnos a esto, a no poder vivir o trabajar dignamente. Hay que dejar de ser espectadores, hay que resistir para seguir generando comunidad de barrio". De nuevo, un enfoque que comparte Miren y que define con una acción clara: "Tenemos la ventaja de poder leer sobre ello antes que nadie y pensar estrategias de resistencia". Si quieres contactar con 20minutos, realizar alguna denuncia o tienes alguna historia que quieres que contemos, escribe a galo.abrain@colaborador.20minutos.es. También puedes suscribirte a las newsletters de 20minutos para recibir cada día las noticias más destacadas o la edición impresa.

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