"Limpiar demasiado la piel la deja indefensa y vulnerable a brotes"
2026-01-31 - 08:15
¿Sabías que el cuerpo humano es un ecosistema vivo compuesto por más de 39 billones de bacterias y que, en la piel, los microorganismos superan incluso al número de nuestras propias células? Este universo, conocido como microbioma cutáneo, desempeña un papel esencial en la salud, el equilibrio y la capacidad de defensa de la piel. Como nos explica Claudia Sánchez Lou, farmacéutica y fundadora de Ownia Cosmetics, "desde el nacimiento, e incluso antes, la piel entra en contacto con bacterias que ayudan a construir una barrera protectora eficaz. La relación entre nuestra piel y los microorganismos comienza muy pronto y es fundamental que así sea para que la barrera cutánea aprenda a defenderse y a mantenerse estable". "Una piel sana no es una piel estéril, sino una piel equilibrada” Para entender un poco mejor en qué consiste esa relación justa y necesaria entre la piel y las bacterias que la pueblan, la farmacéutica explica que "el microbioma cutáneo está formado por bacterias, hongos y otros microorganismos que, cuando se mantienen en equilibrio, protegen frente a agresiones externas, ayudan a combatir infecciones y refuerzan la barrera cutánea". Sin embargo, en contra de lo que muchas personas piensan, "una piel sana no es una piel estéril, sino una piel equilibrada" señala Sánchez. Y añade: "Cuando respetamos ese equilibrio, la piel funciona mejor y se vuelve más resistente". El problema aparece cuando ese ecosistema se altera, lo que se denomina disbiosis, que puede desencadenar afecciones frecuentes como acné, rosácea o dermatitis atópica. Si tratamos esos problema dermatológicos de una forma demasiado agresiva, "eliminando bacterias sin distinguir entre las buenas y las malas, todo va a empeorar. El verdadero enfoque debería ser esforzarnos por restaurar el equilibrio cutáneo. Limpiar demasiado la piel la deja indefensa, vulnerable a brotes y sensibilidad", apunta la farmacéutica. Cómo limpiar la piel por las mañanas En general, la experta se queja de que la mayoría de las personas no limpian bien su piel "porque seguimos confundiendo limpieza con desinfección. Y la piel no es un plato quirúrgico: está viva, se defiende y necesita conservar parte de lo que tiene para funcionar bien". Por la mañana, "la piel no está 'sucia', no ha estado expuesta ni a contaminación ni a maquillaje. Lo que encontramos es sebo natural ligeramente oxidado, sudor y restos del propio metabolismo cutáneo". Para eso no hace falta una limpieza agresiva. "Es suficiente con un limpiador muy suave, tipo syndet o foam respetuoso, con un pH fisiológico (5–5,5). Un syndet no es un jabón tradicional, tiene un pH similar al de la piel, limpia sin arrastrar los lípidos esenciales y respeta el microbioma cutáneo. Su función no es limpiar en profundidad, sino retirar suavemente el exceso de restos, dejando la piel protegida, equilibrada y en calma". Es importante saber que si la piel queda tirante, no está limpia: está alterada. "Esto es clave porque la piel necesita ese pH ligeramente ácido para mantener su función barrera. De hecho, los estudios muestran que el uso continuado de limpiadores con pH superior a 7 puede aumentar la pérdida de agua transepidérmica (TEWL) hasta un 35% en solo 7 días. Cuando esto ocurre, la piel se deshidrata, se vuelve más reactiva y vulnerable. Por eso, una limpieza bien formulada protege mientras limpia, en lugar de debilitar la piel desde el primer paso". Por la noche: limpieza estratégica para obtener buenos resultados Una limpieza bien formulada protege mientras limpia, en lugar de debilitar la piel desde el primer paso. ¿Y por la noche, que sí parece justificada una limpieza más exhaustiva? En palabras de Sánchez, "el 100% de los fotoprotectores actuales son lipofílicos, es decir , se adhieren a la grasa. Por esa razón, por la noche, el agua sola no puede retirarlos adecuadamente". En este caso "entra en acción el aceite limpiador, que no es un capricho ni una moda, sino química básica porque la grasa disuelve la grasa; el aceite se une al maquillaje, al protector solar y al sebo acumulado, y los despega de la piel sin romper la barrera cutánea". En un segundo paso nocturno, "un syndet suave va a retirar el exceso de aceite y los residuos ya disueltos. La misión no es arrastrar, sino acompañar el proceso natural de limpieza". Así pues, la fórmula correcta va a ser aceite para disolver, más syndet para retirar con suavidad. ¿Limpiamos demasiado o limpiamos mal? La farmacéutica experta en dermocosmética lo tiene claro: "Limpiamos mal... y además estamos convencidos de que lo hacemos bien. El problema no suele ser cuántas veces lavamos la piel, sino con qué agresividad lo hacemos. Muchos limpiadores eliminan no solo la suciedad, sino también los lípidos esenciales que forman parte de la barrera cutánea, esa capa protectora que evita la pérdida de agua, mantiene el equilibrio del microbioma y protege frente a irritantes". Cuando esta barrera se daña, la piel interpreta que está desprotegida y activa un mecanismo de defensa. "Esto se ve claramente en la piel grasa: alrededor del 68% de las personas con acné utiliza limpiadores 'oil control' con tensioactivos fuertes y el resultado es paradójico, porque al eliminar en exceso la grasa protectora, la piel aumenta la producción de sebo, pudiendo incrementarla hasta en un 40%". Es decir, "cuanto más intentamos 'secar' la piel, más grasa genera para compensar. A esto se suman señales claras de limpieza inadecuada como tirantez, picor, rojez o brillo que reaparece muy rápido tras el lavado. En el caso de los hombres, aunque su piel produce hasta un 25% más de sebo, el problema no es tanto la cantidad de grasa como el uso de geles corporales, jabones exfoliantes o productos mentolados para el rostro. El ardor o la sensación de frescor intenso no indican limpieza profunda, sino inflamación". Rutina 'virales' que no funcionan, y además agreden la piel Los vídeos de skincare se multiplican por esporas en las redes sociales. La experta advierte: "Aquí es importante decirlo sin rodeos: muchas rutinas virales no están diseñadas para cuidar la piel, sino para llamar la atención, generar impacto inmediato y dar la sensación de resultado rápido. El problema es que la piel no funciona a golpe de estímulo, sino por equilibrio y constancia". Uno de los ejemplos más claros es la exfoliación química diaria. "Los ácidos no son malos, pero la piel no está preparada para ser exfoliada todos los días. Cuando se usan sin descanso, no solo eliminan células muertas, sino que también alteran el entorno donde viven las bacterias beneficiosas de la piel. Se ha observado que esta práctica puede reducir la diversidad del microbioma cutáneo hasta en un 60% en solo 10 días. Al principio la piel parece más lisa o luminosa, pero con el tiempo aparecen irritación, sensibilidad, brotes y una piel cada vez más inestable". Algo similar ocurre con los cepillos faciales y dispositivos de limpieza mecánica usados a diario. "Aunque no siempre se vea a simple vista, la fricción constante genera una microinflamación crónica. La piel entra en un estado de estrés continuo: se enrojece con más facilidad, tolera peor los cosméticos y envejece peor, porque la inflamación sostenida acelera el deterioro de la barrera cutánea". Las bacterias de la piel: el gran error cultural Durante décadas se nos ha enseñado a asociar la palabra bacteria con suciedad, infección o enfermedad. Ese es el gran error cultural que arrastramos respecto al cuidado de la piel. "Una piel sana no es una piel estéril, es una piel bien habitada. En nuestra piel viven millones de microorganismos de forma natural. No están ahí por casualidad ni porque la piel esté 'sucia'. Al contrarios forman un ecosistema protector que ayuda a la piel a defenderse; es una barrera invisible que trabaja 24 horas". "Aquí hay una idea clave que casi nunca se explica: no se trata de eliminar bacterias, sino de mantenerlas en la cantidad adecuada. En la piel no hay bacterias buenas o malas de forma absoluta, sino bacterias que dan problemas cuando están en exceso. Un ejemplo es el acné. La bacteria relacionada con él está presente en una piel sana, en menor cantidad. Si la piel se desequilibra —por exceso de limpieza, productos agresivos o irritación constante— esa bacteria se multiplica y aparece la inflamación y el brote". En resumen, cuidar la piel no significa dejarla 'libre de bacterias', sino respetar ese equilibrio natural. Cuando las bacterias están en su justa medida, la piel se regula mejor sola, se inflama menos y se vuelve más resistente. A veces, la mejor forma de cuidar la piel es dejar de atacarla constantemente y permitirle hacer el trabajo para el que está diseñada.