TheSpaineTime

Lo que dice la ciencia de Honnold tras escalar un rascacielos sin protecciones: su cerebro guarda un secreto que le hace inmune al miedo

2026-01-26 - 12:04

Durante 1 hora, 20 minutos y 34 segundos, los espectadores contuvieron el aliento. Alex Honnold, equipado unicamente con sus manos y su asombrosa valentía, ascendió el edificio más alto de Taiwán, el Taipei 101, de 508 metros. Lo hizo sin cuerdas, sin arneses y sin ningún tipo de protección, agarrandose a las aristas del rascacielos de acero, cristal y hormigón mientras el público a sus pies y los cámaras de Netflix colgados a su lado, ansiaban el momento en el que el escalador se puso finalmente, sobre la misma punta del edificio y entonces sí, todos suspiraron de alivio. Sin embargo, aquella sensación no era nueva para Honnold, que ya en 2017 protagonizó un documental ganador de un Óscar, llamado Free Solo, ascendiendo el monte del Parque Nacional Yosemite, en California. Aquel hito le consolidó como uno de los grandes escaladores del mundo y su mente se convirtió en uno de los enigmas más atractivos para la ciencia. La extraordinaria amígdala de Honnold Una de las publicaciones científicas que arrojó luz sobre el caso Honnold fue la revista Nautilus, que cada mes explora un tema en profundidad, desde diferentes perspectivas científicas. Aquel número, publicado en 2016, se titulaba El extraño cerebro del escalador en solo más grande del mundo, y arrancaba diciendo: "Alex Honnold no experimenta el miedo como el resto de nosotros". Pero, ¿qué es, exactamente, lo que revelaba esta investigación? La explicación breve es que la amígdala de Alex Honnold —considerada el centro de mando del miedo en el cerebro— no funciona como cabría esperar. La explicación larga es que, tras someter al escalador a un estudio neurológico en la Universidad de Medicina de Carolina del Sur, los investigadores comprobaron que, aunque su amígdala era anatómicamente sana, no se activaba de la misma manera que la de un sujeto de referencia: otro escalador de edad similar expuesto a los mismos estímulos. Para entender por qué este hallazgo resulta tan excepcional, conviene detenerse en el papel que desempeña la amígdala en el cerebro humano. Esta pequeña estructura con forma de almendra actúa como un sistema de alarma primitivo: evalúa de manera casi instantánea los estímulos potencialmente peligrosos y desencadena la respuesta de miedo antes incluso de que la parte racional del cerebro tenga tiempo de intervenir. Gracias a ella, el cuerpo se prepara para huir, luchar o congelarse. Entonces, ¿podría estar produciendose esta falta de activación en la amígdala de Honnold cuando escala sin cuerda en situaciones que harían que casi cualquier otra persona se derritiera de terror? Los propios investigadores lo tienen claro: "Sí, de hecho, eso es exactamente lo que está pasando. Cuando no hay activación, probablemente no hay respuesta ante una amenaza". De ahí la conclusión que ha convertido su caso en una rareza neurológica: "Honnold tiene un cerebro verdaderamente extraordinario y, cuando está ahí arriba, realmente podría no estar sintiendo miedo alguno. Ninguno. En absoluto", afirmaban los autores del estudio. También cabría la posibilidad de que Honnold cuente con un sistema regulador extraordinariamente desarrollado, capaz de reconocer la activación de la amígdala y neutralizarla casi de inmediato. "'Vale, estoy sintiendo todo esto, mi amígdala se está activando', pero su corteza frontal es tan poderosa que logra calmar la respuesta", explicaba Jane Joseph, neurocientífica cognitiva y líder del estudio, en declaraciones a la revista Nautilus. Esta interpretación no es aislada. Solo unas horas antes de que Honnold sumara un nuevo hito a su carrera —el ascenso al rascacielos Taipei 101—, otra experta apuntaba en la misma dirección. Tali Sharot, profesora de neurociencia cognitiva y directora del Laboratorio de Cerebro Afectivo del University College de Londres, señalaba a Newsweek que "resulta perfectamente razonable que su amígdala muestre una activación menor que la del cerebro promedio". La investigadora recordaba además que esta estructura no solo interviene en la respuesta al miedo, sino en la excitación emocional ante estímulos tanto positivos como negativos. "Para lograr algo como lo que él hace es necesaria una respuesta de miedo o excitación moderada", explicaba, antes de subrayar que la actividad de la amígdala es en parte genética, pero también está profundamente moldeada por la experiencia.

Share this post: