Lo que hay detrás del olor a pescado en los perros, causas frecuentes y cuándo consultar
2026-02-22 - 07:43
Convivir con un perro implica aceptar ciertos olores, como el famoso ‘a perro mojado’ o el de ese revolcón sospechoso en el parque. Pero hay un olor que puede destacar por lo desconcertarte, y es el olor a pescado. Aparece de repente, es intenso e Internet está lleno de usuarios que acuden a foros y redes sociales preguntando: “¿qué le pasa a mi perro?”. Ese aroma puede proceder de la boca, de la piel, de la orina o del extremo menos elegante del cuerpo, y en muchos casos actúa como una señal de alerta temprana. Algunas causas son leves y fáciles de resolver, pero otras requieren atención veterinaria cuanto antes. Las glándulas anales, causa más frecuente En la mayoría de los casos, el característico olor a pescado procede de las glándulas anales. Estos pequeños sacos se encuentran a ambos lados del ano y contienen una secreción muy olorosa que los perros utilizan como sistema de comunicación química. Al defecar, una pequeña cantidad se libera de forma natural. El problema aparece cuando las glándulas no se vacían correctamente, se llenan en exceso o se inflaman. En situaciones de estrés o miedo, algunos perros también liberan esta secreción de golpe, lo que explica por qué el olor puede surgir tras un susto o una visita al veterinario. Los signos más habituales son arrastrar el trasero por el suelo, el lamido insistente de la zona o el intento de morderse la parte posterior. Si el olor no desaparece o se repite con frecuencia, conviene acudir al veterinario para vaciar las glándulas y descartar infecciones, abscesos o, en casos menos comunes, tumores. Las razas pequeñas, los perros con sobrepeso o con heces blandas tienen más riesgo de sufrir estos problemas. Cuando el olor viene de la boca Un aliento con olor a pescado puede indicar una enfermedad dental. La acumulación de placa bacteriana, el sarro, la gingivitis o una infección en la boca generan compuestos sulfurados volátiles responsables de ese hedor tan característico. Los perros con dolor en la boca suelen evitar juguetes duros, comen menos, dejan caer la comida o se frotan el hocico con las patas. El cepillado dental regular es la medida preventiva más eficaz, pero cuando el problema ya está instaurado, la limpieza profesional es la única solución efectiva. También conviene tener en cuenta que algunas enfermedades sistémicas, como la insuficiencia renal o la diabetes, pueden alterar el olor del aliento. Y, en ocasiones más simples, el culpable puede ser algo tan poco glamuroso como restos de comida atrapados entre los dientes, o la afición del perro por ingerir cosas francamente apestosas. Olor fuerte en la orina Si el olor a pescado es intenso y parece venir de la orina, una infección urinaria es una de las primeras sospechas. Estas infecciones están causadas por bacterias que no deberían estar presentes en el tracto urinario y, además del olor, suelen provocar micciones frecuentes, aumento del consumo de agua, dolor al orinar o presencia de sangre. Las infecciones urinarias requieren diagnóstico veterinario mediante análisis y cultivo de orina, y se tratan con antibióticos. Ignorarlas puede permitir que la infección se extienda a otros órganos. En casos menos frecuentes, un olor anómalo también puede estar relacionado con problemas hepáticos o renales. Cuando una perra huele a pescado Aunque pueda sorprender, en este caso la sexualidad también es un factor a tener en cuenta. En hembras, el olor a pescado procedente de la zona genital puede indicar vaginitis, infección urinaria o problemas más graves. La presencia de flujo, el lamido excesivo o la micción con frecuencia son señales de alerta. En perras no esterilizadas, una secreción maloliente con olor a pescado puede ser síntoma de piometra, una infección uterina grave y potencialmente mortal que requiere cirugía urgente. Incluso en perras esterilizadas, una infección del cuello uterino es posible y necesita valoración veterinaria inmediata. Piel, pliegues y hongos La piel del perro alberga bacterias y levaduras de forma natural. En equilibrio, apenas se notan, pero cuando proliferan en exceso generan olores intensos. Las infecciones por hongos suelen describirse como un olor a pescado o a comida fermentada, y son más frecuentes en perros con alergias. Las zonas más afectadas suelen ser las patas, las orejas, la cara, el abdomen y los pliegues cutáneos. Razas con piel arrugada y pelo graso tienden a acumular más humedad y bacterias. El rascado, el enrojecimiento, la caída de pelo o las lesiones cutáneas acompañan a menudo al mal olor. Bañar al perro puede aliviar temporalmente el problema, pero lavarlo en exceso altera la flora cutánea y empeora la situación. El tratamiento pasa por identificar la causa y aplicar antifúngicos o antibióticos prescritos por el veterinario. ¿Cuándo es normal y cuándo no? Los perros tienen olores propios y no todos indican enfermedad. Pero un cambio repentino, intenso o persistente nunca debería ignorarse. El olor a pescado, en particular, suele ser una pista clara de que algo no está funcionando como debería. El veterinario es quien puede determinar si se trata de una cuestión puntual o de un problema que requiera atención más inmediata. Tapar el olor sin buscar la causa solo retrasa el diagnóstico y, en algunos casos, puede agravar el problema. En resumen, cuando un perro huele a pescado no ‘huele a perro’ ni es normal, está enviando una señal, y como responsables de su salud, es nuestro deber escucharla.