Los ataques de Israel provocan casi un millón de desplazados forzosos en Líbano: "Ya no hay ningún lugar seguro en Beirut"
2026-03-15 - 07:23
En pijama, de madrugada, sin dinero, sin las medicinas que toman ni los pañales o la leche de fórmula que necesitan, sin absolutamente nada. Así están abandonando sus casas familias enteras residentes de los suburbios de Beirut y del sur del Líbano en busca de un refugio a salvo de los bombardeos que Israel ha intensificado en las últimas horas. Al menos 122.000 personas se han instalado en alguna de las 700 escuelas que el Gobierno libanés ha reconvertido en refugios para los que se han quedado sin casa, aunque en el conjunto del país ascienden a casi un millón los desplazados forzosos, de una población que no llega a seis millones, por el conflicto entre Israel y la milicia Hezbolá. "Estamos viviendo una crisis humanitaria muy intensa, que además está empeorando desde que hace casi dos semanas dieran comienzo los ataques israelíes y las advertencias de evacuación", explica a 20minutos por teléfono desde Beirut Dalal Harb, libanesa de 46 años y portavoz en el país de Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados. "La cifra de personas en los refugios solo representa una fracción de las que se han desplazado. Algunos pueden alquilar, otros se alojan con familiares, o duermen en sus coches, o en parques públicos o están en tránsito porque aún no han encontrado un refugio seguro. Otros muchos duermen en lugares informales, como iglesias o mezquitas. Son personas que huyeron en cuestión de minutos", explica Harb. La sobrecarga de los refugios hace que incluso haya habitantes del sur del Líbano "que salieron ante las amenazas de bombardeo, pero están regresando porque no encontraron un lugar donde asentarse", explica Christian Trocanis, de Médicos Sin Fronteras, cuyo proyecto en el sur del país, en la ciudad de Nabatieh, ha tenido que transformarse para atender la actual emergencia. Una tarea descomunal que se centra en "asegurar que la dignidad de todas estas personas desplazadas, en los refugios, donde sea que estén viviendo, se mantenga y, en la parte médica, mantener ciertos servicios de salud que estamos brindando". Israel comenzó la pasada semana una intensa ofensiva aérea contra el sur del Líbano, de donde sigue pidiendo a la población que evacúe sus casas, y en los suburbios de la capital como Dahye, considerado bastión de Hezbolá, pero además ha incluido bombardeos en el centro de Beirut. Todos estos ataques han dejado ya, al menos, 826 muertos y 2.009 heridos por todo el país. El jueves de madrugada tuvo lugar un bombardeo en la zona de la playa pública capitalina, donde se han instalado desplazados de barrio atacados que aparcan allí sus vehículos o acampan a la intemperie. Murieron doce personas y 28 más resultaron heridas. Antes, Israel había atacado dos edificios en el centro de la capital, uno a escasos 200 metros del Instituto Cervantes. El segundo inmueble echado abajo previo aviso de evacuación fue en el barrio de Zuqat el Blat, a poca distancia del Palacio de Gobierno. "Ha habido ataques aéreos selectivos contra edificios en Beirut, lugar que se creía seguro. Y en la playa pública de la ciudad, donde había desplazados que habían puesto allí sus tiendas de campaña y se vieron afectados por un ataque aéreo", confirma la portavoz de Acnur. "Ya no hay ningún lugar seguro en Beirut. Día a día revisamos los lugares para ver por dónde podemos estar", reconoce. En su barrio es constante el paso de aviones, cazas y drones. "Todo el día, suenan como 'zzzzzzzz', y si están muy cerca puedes ver a todo el mundo mirando hacia arriba, siguiendo el sonido. Y, por la noche, también se oyen los bombardeos. A veces, si los bombardeos son muy fuertes, la casa tiembla". Dala Harb recuerda que muchos de estos cientos de miles de desplazados es ya la segunda vez que se ven obligados a dejar detrás sus vidas en el plazo de un año y medio, el tiempo transcurrido desde la anterior oleada de ataques israelíes al sur del país, en octubre de 2024. Lo que acumula desgracias e impide recuperarse del trauma. "En los refugios se percibe la ansiedad de vivir tiempo de guerra. Incluso en los niños", describe. "El otro día me encontré con una niña muy dulce. Su padre me dijo que tenía 7 años, y que en 2024 cuando hubo un ataque aéreo cerca de su casa estaba tan asustada que dejó de hablar. Y por ahora sigue sin hablar". Otra escena que relata es la de los niños jugando a la guerra en los patios de los refugios, haciendo amigos nuevos, "en una clara contradicción con la ansiedad y el cansancio que veo en los rostros de sus padres, ante la preocupación de que esto no termine pronto". A una de las escuelas reconvertida en refugio de los bombardeos en Beirut ha llegado, desde el suburbio de Dahyé, Hajir, de 52 años, con su familia. "Han dejado atrás su vida normal, donde planeaban el futuro, donde enviaban a los niños a la escuela, donde construían momentos felices. Porque, en cuestión de minutos, todo se desmoronó", explica Dala Harb. "Son siete, entre parejas e hijos y el otro día me acerqué hasta Hajir porque la vi sentada enrollando hojas de parra, un plato típico libanés. Le pregunté de dónde sacaba ese ímpetu y me dijo que necesitaba sentir cierta normalidad, que le calmaba enrollar cada hoja de parra y saber que estaba preparando comida a la familia. Siendo consciente de que no está en su casa, de la que se fue sin sacar absolutamente nada, enrollar hojas de parra le tranquiliza". Acnur ha abierto sus bases a la distribución diaria de enseres y productos básicos para abastecer a los desplazados. Les llevan colchones, bidones de agua comida, agua o medicinas. Por su parte, Médicos Sin Fronteras ha abierto clínicas móviles para atender urgencias pediátricas, atención psicosocial y cuestiones relacionadas al refugio, como reabastecimiento de medicinas para enfermedades crónicas o enfermedades respiratorias. La portavoz de la organización en Líbano explica que su labor es ahora tan necesaria porque el conflicto ha pillado al país sumido en plena crisis socioeconómica. Varios países de la UE han anunciado paquetes de ayuda financiera, que en el caso español asciende a 9 millones de euros para "paliar el sufrimiento del pueblo libanés y la crisis de refugiados", pero toda ayuda es poca, dice Harb: "Debemos hacer un llamamiento a la comunidad internacional para que mantenga un apoyo constante al Gobierno y al pueblo libanés, porque si esto continúa nos enfrentamos a problemas aún más graves".