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'Los Bridgerton 4', hasta la cocina: me cuelo en el rodaje de la historia de amor de Benedict y Sophie

2026-01-28 - 17:10

[Querido lector, hace 9 meses, esta autora se coló en el set de rodaje de la cuarta temporada de Los Bridgerton, centrada en el romance entre Benedict (Luke Thompson), el hermano artista, y Sophie (Yerin Ha). Coincidiendo con el estreno de la Parte 1 hoy en Netflix [la Parte 2 llegará el 26 de febrero], acompáñame en mi visita al Londres de la Regencia y entérate de cotilleos dignos de la revista de sociedad de Lady Whistledown]. “Hace muchísimo calor”, se repite una y otra vez durante nuestra vista a los estudios Shepperton South, en Surrey. Es 30 de abril de 2025 y, a lo largo del día, alcanzaremos los 25 grados. Mujeres con redecilla y hombres con cravat miran el móvil recostados bajo el sol de este verano anticipado. Para el elenco de Los Bridgerton que rueda hoy, varios protagonistas y decenas de extras, la jornada empieza a las 12.30h y se alargará hasta las 23h. Los periodistas hemos llegado una hora antes y, despojados de nuestros móviles pero con la pluma lista, caminamos por unas instalaciones que previamente acogieron el duelo entre Westley e Iñigo Montoya en La princesa prometida (1987) o la Batcueva de Batman Begins (2005), así como El hombre elefante (1980), Chaplin (1992) o Sleepy Hollow (1999). Antes de que la producción se ponga en marcha, entramos al salón de baile de la casa Bridgerton, escenario de la secuencia de la cuarta entrega que se rueda en unas horas. Si bien en este artículo no podemos desvelar los pormenores de la escena, dirigida por Anya Adams, cada espacio que recorremos, cada pieza de utilería que tememos tocar, están rematadas al detalle. Ni siquiera hablamos, solo damos vueltas sobre nosotros mismos, embelesados con la estampa. De ahí que, poco después, cuando Luke Thompson se acerque a saludarnos vestido con las mejores galas de Benedict, apuntándose a la cara con un ventilador de mano para que el calor no estropee el maquillaje, y lamente que nos haya tocado ver una secuencia interior en un día soleado, nos apresuremos a contestar que preferimos estas vistas. ¿Será que uno se acostumbra al espectáculo al verlo a diario? “Es una pena, pero un poco sí”, responde el actor, con un divertido mohín. Habituado o no, esta es la primera temporada en la que la casa Bridgerton se levanta en los estudios Shepperton (la fachada pertenece a Ranger’s House) y Thompson explica entusiasmado la nueva estructura y las entradas al salón. Al actor lo acompañan Yerin Ha (Sophie), Claudia Jessie (Eloise), Ruth Gemmell (Violet), Oli Higginson (John), Martins Imhangbe y Emma Naomi (los Mondrich), todos caracterizados tras pasar por maquillaje, peluquería y vestuario. Ha, por ejemplo, necesita una hora y media para convertirse en Sophie de criada, mientras que Gemmell tarda dos horas y media en lucir como Violet. Aunque no tenemos entrevistas al uso con el reparto [esas llegarán en diciembre], la conversación resulta de lo más variopinta y afable. Thompson, nada más saber que soy de España, se preocupa por el apagón de hace dos días; Ha asegura que ha sido muy bien recibida en la familia Bridgerton mientras Luke la rodea cariñosamente con un brazo; y ambos reconocen que, a un mes de terminar de rodar, sienten una mezcla de emociones. “Quieres acabar porque han sido nueve meses, pero lo echarás de menos”, explica él. El momento anecdótico llega cuando Higginson corre a mi lado tras conocer el origen de mi nombre y me dice que le encanta la tarta de queso vasca. Una vez regresan al plató, los espiamos desde los monitores. Ríen y bromean entre toma y toma, se chinchan y se abrazan, aplauden en los ensayos. Ya lo ha dicho Jessie: “Siempre apetece volver a esta familia”. Construyendo Mayfair El color morado no existía durante la Regencia. “Llegó con colorantes químicos en la segunda mitad del siglo XIX”, nos cuenta la diseñadora de producción Alison Gartshore: “Se llamaba anilina y era cara. Por eso el morado se asociaba con la realeza, nadie más podía permitírselo”. Aunque esta tonalidad no existía en la época de Los Bridgerton, tiñe sus decorados y ropajes porque las licencias en pro del relato son bienvenidas. Además, los pigmentos son un narrador más, un chivatazo mudo de los lazos y el devenir del Ton. En su cuarta entrega, Mayfair se cubre con un manto azul marino para abordar el romance con pinceladas de La cenicienta entre Benedict y Sophie. Netflix estrena hoy su primera parte, con el hermano artista dividido entre su obsesión por la Dama Plateada a la que conoció en el baile de máscaras de su madre, y sus sentimientos prohibidos por una criada, sin darse cuenta de que son la misma persona. Uno de los primeros sets que Gartshore y su equipo crearon [tardan 12 semanas de media con cada uno] fue el salón de los Bridgerton durante el baile de máscaras. “Había que equilibrar la oscuridad y el misterio de un baile así, y la calidez de Violet”, explica Gartshore. Se contagiaron de la magia de El sueño de una noche de verano, pero con un toque boscoso: “Me imaginaba al servicio recogiendo hiedra, plantas, flores, y entrelazándolas para los arreglos”. En el suelo, pintaron un cielo nocturno con la constelación de Casiopea, “la del amor”, y emplearon una paleta de colores dominada por el azul oscuro. “Pegamos trozos de espejo en las telas, que iban del color de la medianoche al del atardecer, para que relucieran”, recuerda. Otro tono predominante esta temporada es el crema que pinta las paredes de la casa Penwood. La diseñadora se inspira en los personajes para idear sus escenarios y aquí quiso subrayar el carácter “exigente y perfeccionista” de Lady Araminta (Katie Leung), “porque en esa época debía ser horrible mantener esa pared impoluta”. La madrastra de Sophie gobierna con mano de hierro y su desdén también se plasma en la cocina y las dependencias de los empleados, “desatendidas, opresivas, de techos bajos”, más acordes con las condiciones reales de la servidumbre en la época georgiana que las de la casa Bridgerton. Aunque idear el baile de máscaras y adentrarse por primera vez en las zonas de servicio a través de Sophie ha sido el gran desafío de Gartshore esta temporada, admite que sus decorados preferidos son los de Benedict. “Los artistas somos un poco urracas, combinamos trozos y telas de colores y texturas diferentes que nos llaman la atención, así que sus espacios tenían que ser bastante eclécticos”, reflexiona. Para Mi Cabaña, su casa señorial, escogieron una localización real, Loseley House, una propiedad privada que albergó los rodajes de la serie The Gentlemen (2024) y la película de las Spice Girls Spice World (1997). “Es una casa de estilo un poco más antiguo que la arquitectura georgiana, con obras del siglo XVII, tallas de madera oscura y uno de los jardines más exquisitos que he visto en mi vida”, asegura. Aunque, si se pudiera llevar a casa uno de los sets que ha creado para Benedict, sería el apartamento de soltero: “Podría vivir allí”. Vistiendo a un Bridgerton “Look Bridgerton”. Así denomina el diseñador de vestuario John Glaser el acabado anacrónico de la serie. La inspiración para sus prendas la podemos encontrar indistintamente en retratos históricos, en la moda del siglo XX e incluso en las pasarelas actuales. A partir de ahí, el equipo dibuja bocetos, selecciona telas y añade adornos en un proceso que se alarga unas seis semanas por pieza. No usan IA. “Somos de la vieja escuela, papel y lápiz”, apunta Glaser, aunque Dougie Hawkes, asistente de vestuario, no cierra las puertas a la impresión 3D: “Sería genial poder imprimir un botón que es imposible de encontrar”. “Eso no es IA”, le dice Glaser: “Por eso no la usamos. No sabemos ni qué es”. Los artistas que han confeccionado el ostentoso armario de la reina Carlota (Golda Rosheuvel) o atuendos tan imperecederos en la retina seriéfila como el vestido verde de Penelope (Nicola Coughlan) [está en una nave con más trajes icónicos que no se pueden reciclar] arrancaron esta temporada preparando el baile de máscaras, un reto colosal en su área: antifaces pintados a mano para imitar la porcelana, alrededor de 160 pelucas [la de la reina Carlota, con un guiño al cosmos y al rey Jorge] y un total de 172 looks que adaptaron para cada personaje. “En el libro, Penelope va de duende y el guion lo cambió por el disfraz de escritora, pero no se puede expresar eso de forma visual, así que la convertimos en pirata”, desvela Glaser. No fue el único atuendo que cambiaron: Violet iba a ser Isabel I de Inglaterra, pero Titania (El sueño de una noche de verano) encajaba mejor con su trama; y el traje de Rosamund (Michelle Mao) se basó en María Antonieta y no en Catalina la Grande. “Pensamos en el personaje, en la Regencia, y vimos hasta dónde podíamos degenerarlo”, explica Glaser. George Sayer, asistente de vestuario encargada de la ropa femenina, lo ilustra con el disfraz de Juana de Arco; podía parecer “algo sacado de la Gala Met”, pero hicieron algo único que encaja con Eloise. Y luego estaba la joya de la corona: el vestido de la Dama Plateada. “Solo nos fijamos en La cenicienta para no copiarla”, aclara Glaser sobre esa obra de arte de gasa de lamé italiana en la que seis personas pusieron lentejuelas y volantes a mano para que brillase con el movimiento. Aunque no sean tan vistosos, Sayer diseñó con el mismo mimo los tres trajes de criada de Sophie. En la estricta y asfixiante casa Penwood, usa un uniforme formal, “abotonado hasta arriba”. Tras abandonar a los Cavender, acaba empapada en un carruaje, para lo que el equipo buscó un atuendo “un poco más sexy”, abriendo el escote y cubriéndolo con un tul. “Parecía la camisa mojada del Sr. Darcy”, recuerda Sayer. En la casa Bridgerton, modificaron sutilmente el uniforme original para hacerlo más vistoso, pero solo los más observadores notarán la diferencia. En cuanto a Benedict, Hawkes, responsable del vestuario masculinos, estaba deseando jugar con su indumentaria. “Es el más interesante, con su porte de artista, y queríamos hacerlo lo más romántico posible”, afirma: “Sobre todo en Mi Cabaña, donde su naturaleza artística se libera”. El segundo de los Bridgerton no ha necesitado el famoso glow-up de los protagonistas en los amoríos previos porque su historia ha llegado en el momento preciso. “En la primera entrega, Luke parecía un bebé, pero con su edad actual puede ser lo que yo llamo: ‘El tío con vaqueros y camiseta sucia”, zanja Glaser. La última pregunta es obligatoria. En este universo bajo llave en el que el cromatismo cuenta más que la revista de sociedad de Lady Whistledown, ¿qué color define esta temporada? “El negro”, responde Sayer. “Es la primera vez que lo usamos en los vestidos de las mujeres”, señala Hawkes. “En una escena, todos visten de negro y no podían reprimir la sonrisa. Están hartos de los tonos pastel”, ríe Glaser. A partir de aquí, querido lector, dejaremos que elucubres.

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