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'Los Bridgerton' se está cargando a su mejor personaje femenino: la Francesca de los libros merece más

2026-02-10 - 06:16

[ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS DE LOS BRIDGERTON, TEMPORADA 4, PARTE 1] Dejemos de pensar en Anthony Bridgerton (Jonathan Bailey) y esa declaración que sigue siendo el objeto de todos nuestros deseos. Olvidemos el ardiente viaje en carruaje de Colin Bridgerton (Luke Newton). Ignoremos, aunque solo sea por cinco minutos, esa sonrisa tonta que se nos pone cuando imaginamos a Benedict Bridgerton (Luke Thompson) plantado en mitad de unas escaleras. A partir de la quinta y sexta temporada, las mujeres de la familia más codiciada de la Regencia volverán a tomar el mando narrativo en Los Bridgerton. La serie que adapta los libros de Julia Quinn arrancó con Daphne Bridgerton (Phoebe Dynevor) y próximamente será el turno de Eloise (Claudia Jessie) y Francesca (Hannah Dodd) para embelesarnos con sus historias de amor. De momento, no se sabe quién de las dos llegará antes a Netflix (de seguir el orden de las novelas, debería ser Eloise), pero ambas están ganando protagonismo en las últimas entregas, avanzando en sus respectivas tramas, sobre todo en la cuarta, indicio claro de que tomarán el testigo de los Bridgerton varones. Si bien el precedente que sentó Daphne, constreñida por el corsé de mujer de época perfecta y complaciente, podría desalentar a muchos fans, Eloise ha demostrado no tener nada que ver con su hermana mayor arrasando con moldes y convencionalismos a base de sarcasmo en esa Regencia reinterpretada por Shonda Rhimes. ¿Y qué hay de Francesca? Tal vez cueste creerlo, pero ella estaba destinada a darnos la mejor temporada de la ficción. Decimos estaba porque, si bien la serie de Netflix ha mejorado sustancialmente las novelas de Quinn y a sus protagonistas (hasta Hyacinth -Florence Hunt- ha dejado entrever su afilada personalidad), la sexta hija de la familia no está siendo retratada como su homóloga literaria merece. No exageramos al afirmar que el libro de Francesca, El corazón de una Bridgerton, es el más revolucionario y profundo, el segundo favorito de quien escribe estas líneas. Sin embargo, la cuarta temporada de Los Bridgerton se ha empeñado en ignorar el potencial del personaje y reducirlo a una versión más retraída y práctica de Daphne, igual de inocente, pero sin andarse con tantos rodeos. Analizamos cómo se está cargando Netflix al mejor personaje femenino de la saga de Quinn. Francesca Bridgerton en el libro de Julia Quinn Julia Quinn dedica a Francesa Bridgerton el sexto libro de su saga, El corazón de una Bridgerton. En las páginas, se trata del miembro más misterioso de la familia, a quien casi ni se menciona hasta que llega su turno. Antes de alcanzar su novela, solo sabemos que vive en Escocia tras haberse casado con John Stirling, conde de Kilmartin, y que enviuda dos años después de la boda, cuando John sufre un aneurisma. Así, la relación de Francesca y John que arranca en la tercera temporada de Los Bridgerton está condenada y la gran historia de amor que vivirá la joven será con otro personaje que la serie ya nos ha presentado: Michaela, Michael Stirling en las páginas. Michael es el primo de John y siempre ha estado secretamente enamorado de Francesca. Cuando John muere, Michael hereda el título y las tierras de Kilmartin, pero, asfixiado por la culpa debido a lo que siente por Francesca y atosigado por la sensación de estar viviendo la vida de su primo, que era como un hermano para él, huye a India. El corazón de una Bridgerton comienza con el reencuentro de la pareja cuatro años después de la marcha de Michael. Francesca se dispone a dar una segunda oportunidad a la temporada de bodas porque desea tener un hijo y Michael acaba de regresar a Inglaterra. El amor de este último no tarda en intensificarse a la vez que ella empieza a verlo con otros ojos, a sentir una atracción que va más allá de la amistad. El interés mutuo se da pronto de bruces con la vergüenza y la culpabilidad por el fantasma de John. El corazón de una Bridgerton es la novela más diferente de la saga, un relato más adulto, melancólico, complejo, recubierto de capas y matices. Afronta el duelo sin filtros, la pasión teñida de culpa y el conflicto interno que puede producir el darse permiso para volver a amar tras una dolorosa pérdida. Sumémosle a eso la pareja más sensual de todas y tendremos el romance más certero y redondo de Quinn. Francesca Bridgerton en la serie de Netflix La tercera temporada de Los Bridgerton sentó una base sólida y fiel a la saga literaria: Francesca era una joven tímida pero práctica, mucho menos aficionada a socializar que su hermana Daphne, pero conocedora de la importancia de encontrar marido en la temporada de bodas, a diferencia de Eloise. Con ella y John Stirling (Victor Alli), los espectadores vivimos lo que parecía un amor a fuego lento, sin pasión irrefrenable ni gestos grandilocuentes. La despedimos recién casada, disponiéndose a abandonar Londres para mudarse a Escocia con su marido, Eloise y Michaela Stirling (Masali Baduza), prima de John, con la que intercambiaba miraditas nerviosas. Vivió dos momentos clave al final de la tercera temporada: primero, durante su boda, cuando mostró desagrado al besar a John; y después, cuando, cautivada y ojiplática, no era capaz de presentarse ante Michaela. La tercera entrega pintó vaga pero reconociblemente a esa mujer que enamoró a los lectores en El corazón de una Bridgerton: un poco fuera de lugar, más taciturna que el resto de sus hermanos, pero tremendamente madura, decidida y resolutiva. Poco importaba que Michael hubiera cambiado de sexo; Francesca parecía seguir siendo la misma. Sin embargo, en la cuarta entrega, la Francesca que regresa a Londres se aleja de la Francesca de la novela. Su carácter reservado se traduce en una inocencia desmedida, casi ridícula, que la acercan peligrosamente a Daphne y limita su arco a un conflicto único que además se desarrolla de forma bastante superficial. ¿Qué conflicto? Todo su mundo gira en torno a la falta de atracción hacia John y, en consecuencia, su incapacidad para alcanzar el clímax. En la tercera temporada, Francesca era una joven con las cosas claras, madura, enigmática, una hermana Bridgerton particularmente intrigante, pegada a un piano. En la Parte 1 de la cuarta solo acumula conversaciones incómodas sobre el significado del orgasmos con Penelope (Nicola Coughlan), Violet (Ruth Gemmell) y John. Cuesta reconocer en ella a la Francesca de la novela. Francesca merece más en 'Los Bridgerton' Como explicábamos anteriormente, el libro de Francesca habla con franqueza y calado sobre segundas oportunidades. La protagonista estuvo felizmente casada con John, de quien estaba profundamente enamorada, y aunque su motivación para volver a casarse no es el amor, sino la maternidad, Michael vuelve a despertar esos sentimientos en ella. Es un amor distinto al que sintió por John, un amor que en ningún momento desmerece ni olvida al anterior, un amor que refleja quien es Francesca ahora, lo que Michael provoca en su versión más madura. De ahí que su historia resulte tan real, porque deshecha fantasías absurdas sobre medias naranjas y amores únicos para validar las segundas chispas y la posibilidad de empezar a ver a una persona con otros ojos. Michael, por su parte, es muy querido entre los lectores porque, además de ser el personaje más sufridor del universo Quinn, también es el más entregado, el epítome de héroe de época atormentado. Lleva enamorado de Francesca desde que la conoce, pero quiere a John como a un hermano y sufre en silencio. Si creéis que Anthony Bridgerton inventó el anhelo es porque no habéis conocido a Michael. El corazón de una Bridgerton es un relato atípico y sorprendentemente crudo que aborda la culpa, el autocuestionamiento o la duda en un género romántico más acostumbrado a edulcorar el drama, todo para llegar a la conclusión de que se puede amar a más de una persona en una vida. El cambio de sexo de Michael no tenía por qué alterar este poderoso mensaje ni los aprendizajes que guarda la historia vital de Francesca. Es más, la hermana Bridgerton bien podría haber sido bisexual, enamorándose primero de John y después de Michaela. Sin embargo, la relación entre Francesca y John es totalmente apática en pantalla, se profesan un cariño que resulta un tanto superficial. En cuanto a Michaela, hay incomodidad cuando esta regresa a Londres en el episodio 4, pero ni pizca del anhelo de Michael. La serie simplifica el triángulo: prefiere enfatizar el lesbianismo de la pianista, insistiendo en la distancia física que la separa de John y en cómo se niega a sí misma lo que le genera Michaela. Los Bridgerton siempre se las ingenia para encauzar/mejorar sus romances y a sus enamorados, y confiamos en que sepa reconducir la relación con más potencial en la saga literaria. Llegados a este punto, con la Francesca de la serie sintiendo un afecto casi fraternal por John, tal vez no haya cabida para explorar el torbellino de emociones que sacude a una persona dividida entre el amor que se fue y el que llega, para reivindicar que no solo se ama una vez, para mostrar cómo pueden cambiar los sentimientos por una persona. Sin embargo, aún se puede hacer justicia al tormento de pasión y culpa que forma con Michael/Michaela.

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