Los comerciantes de túnicas acusan a las hermandades de hacerles competencia: «Más nazarenos, menos clientes»
2026-03-18 - 10:51
La guerra de precios y clientes también ha llegado a las propias estaciones de penitencia, concretamente al ámbito de las túnicas de los nazarenos. Pese al notable incremento del número de participantes en los cortejos, con la correspondiente subida de la demanda de confección de hábitos para las hermandades después de la pandemia. Sin embargo, los comerciantes que se dedican a ello lamentan «no haberlas absorbido». Así lo afirma José Ramón Martínez, propietario de la centenaria tienda El Rincón del Nazareno. El regente de este establecimiento situado en la Puerta de Carmona carga duramente contra las propias hermandades al asegurar que rivalizan con su sector abaratando los precios de los hábitos de nazareno: «Existe una competencia muy fuerte por parte de las hermandades, ya sea directamente o través de sus Bolsas de Caridad y las mayordomías, con proveedores en China o Marruecos, imagino, que ofertan a precios mucho más bajos, si bien las calidades no son las mismas». Martínez señala que «estamos aguantando el tirón como podemos. Es cierto que hay más nazarenos hoy día, pero también menos clientes». Lo cierto es que no todo el mundo puede permitirse una túnica con los precios tan elevados a los que se venden, y ahí es donde entran las cofradías ejerciendo un papel intermediario tanto a través del alquiler de túnicas como en lo que a la venta de las mismas. El precio de las túnicas de nazarenos varía en función de si es de capa o cola, y también del tejido utilizado en su confección, como el emblemático ruan de las cofradías de negro, una tela de algodón «hidrófuga, con un aspecto encerado y brillante»; el terciopelo, el raso o la sarga. En este sentido, el coste de las mismas oscila entre los 225 euros si es blanca de cola, como en el caso de la Bofetá, y los 600 euros si es de terciopelo, como ocurre con la Esperanza de Triana. En este último caso, el hábito completo, dependiendo de si los escudos son bordados a mano o a máquina, y sumando los 100 euros que puede rondar el cordón de seda y oro, el precio final podría alcanzar los mil euros. Además de los hábitos nazarenos, estos comercios que ahora arremeten contra las hermandades ofrecen la posibilidad de comprar todos los complementos: desde los cíngulos y cinturones de esparto -hasta 12 tipos distintos según anchura y color- hasta las sandalias, escudos y capirotes, ya sean los tradicionales de cartón o los de rejilla, que en los últimos años se han vuelto hegemónicos merced a su mayor plasticidad, resistencia y ergonomía. Frente al «futuro devastador» que este artesano augura para el sector, asegura que «comercios como el nuestro siguen apostando por la calidad, con túnicas pensadas para que duren. Cuando hacemos una túnica para un chaval de 14 años, la idea es que sea para siempre». Deja caer la posibilidad de crear próximamente una asociación que reúna a los comerciantes de establecimientos de esta naturaleza ante la «confrontación existente con las hermandades», de forma similar a lo que ha hecho el gremio del arte sacro, en aquel caso frente a las amenazas del mercado extranjero. «Entre nosotros nos llevamos bien, a todos nos cuesta igual la tela», concluye José Ramón Martínez.