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Los gatos ‘ahogadores’: qué hay detrás de que algunos gatos metan sus juguetes en el cuenco del agua

2026-03-01 - 09:43

No nos cabe la mínima duda de que muchos lectores convivientes con un gato están familiarizados con la escena de un ratón de tela flotando en el cuenco del agua, una pelota empapada junto a la comida o cualquier otro tipo de juguete cuidadosamente depositado donde, en teoría, no toca. Coloquialmente se habla de ‘gatos ahogadores’, pero este es un apodo tan llamativo como engañoso. Porque aunque la imagen invite a pensar en una supuesta pulsión violenta, la ciencia del comportamiento felino apunta en otra dirección mucho menos dramática, pero bastante más interesante. Antes de intentar interpretar el gesto como una intención de ‘matar’, conviene recordar algo muy básico, y es que los gatos no juegan a ser crueles ni reproducen mentalmente escenas simbólicas. Juegan, exploran, prueban, repiten conductas que les resultan estimulantes o funcionales. El resto suele ser nuestra proyección humana. Jugar no es exactamente cazar El juego en gatos domésticos cumple una función esencial a lo largo de toda su vida. En gatitos jóvenes, sirve para entrenar coordinación, autocontrol y respuestas motoras, mientras que en adultos actúa como vía de descarga de energía, prevención del aburrimiento y mantenimiento cognitivo. Muchos juguetes están diseñados, además, para activar secuencias de caza simplificadas como acechar, golpear, morder y transportar. Que un gato trate su juguete como si fuera una presa no implica que esté intentando matarlo. Implica que el objeto encaja bien en su esquema de juego. Y, en ese escenario, moverlo, transportarlo o dejarlo en ciertos lugares forma parte de la experiencia. Sus platos, un lugar seguro Una de las explicaciones más respaldadas por etólogos y veterinarios conductistas es que los gatos consideran sus cuencos y platos, especialmente el del agua, como zonas seguras del territorio. Son lugares predecibles, estables, sin competencia y asociados a recursos básicos. En especies felinas salvajes se ha descrito el comportamiento de llevar restos de presas a zonas protegidas al núcleo de su territorio para consumirlas después. En gatos domésticos, ese patrón puede aparecer de forma muy diluida y simbólica ya que no hay presa real, pero sí un objeto valioso que el animal ‘guarda’ donde considera que es un sitio tranquilo. No es que el gato piense que el juguete necesita beber. Es que ese espacio tiene, para él, un valor territorial muy alto. ¿Instinto acuático? Solo en contadas excepciones Aunque pueda parecer que los gatos sumergen sus juguetes en agua para ‘ahogarlos’, apelando incluso al argumento de que hay grandes felinos como tigres o el gato pescador (Prionailurus viverrinus) que parecen utilizar esta técnica de caza, el problema es que esa comparación no se sostiene en el caso de los gatos domésticos. Tal y como explican especialistas en comportamiento felino, la inmensa mayoría de gatos no son depredadores acuáticos. Cuando un tigre mata en el agua, suele ser el resultado de una persecución que termina allí, no una estrategia deliberada de ahogamiento. Trasladar ese relato al salón de casa es más antropomorfismo que biología. Jugar con el agua también es jugar Para algunos gatos, tal como ya hemos contado en Animaleros en anteriores ocasiones, el agua en sí misma puede ser un estímulo. Objetos que flotan, se hunden o cambian de textura al mojarse ofrecen una experiencia sensorial diferente. Golpear un juguete en seco no produce el mismo resultado que verlo moverse en la superficie del agua. Es decir, no hay violencia, sino exploración. Si además el gato ha recibido atención, como risas, comentarios o cualquier tipo de interacción cada vez que expresa este comportamiento, puede reforzarse fácilmente. Coleccionar, reunir y transportar Si bien no todos los gatos lo desarrollan, los últimos estudios en etología felina apuntan a que es más frecuente de lo que pensábamos que los gatos expresen conductas de recogida de objetos, ya sean gomas del pelo, calcetines o sus propios juguetes. Llevarlos a un mismo punto de la casa forma parte de ese patrón. El cuenco, de nuevo, aparece como un lugar lógico por su accesibilidad y significado. En otros casos, la explicación es aún más simple y el gato llega a su plato de agua con el juguete en la boca, necesita beber y lo suelta. Fin del misterio. ¿Puede llegar a ser preocupante? Este comportamiento, por sí solo, no es problemático. Solo conviene observarlo con más cuidado si va acompañado de otros cambios como el aumento notable del consumo de agua, torpeza al comer, salivación excesiva, pérdida de peso o apatía. En esos casos, sí puede ser una señal indirecta de un problema de salud y conviene consultar con un veterinario.

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