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Los inversores están huyendo del riesgo… y refugiándose hacia el consumo defensivo en papel higiénico

2026-02-15 - 08:15

La rentabilidad del Invesco S&P 500 Low Volatility, un ETF especializado en compañías con bajo riesgo, supera en lo que va de año al propio S&P 500. Mientras el índice general ha caído un 0,2%, este producto centrado en empresas "aburridas" acumula una subida cercana al 6%. No es casualidad. Dentro de estas carteras figuran compañías como Procter & Gamble, Colgate-Palmolive, Kimberly-Clark o Coca-Cola. Fabrican bienes básicos, venden lo mismo desde hace décadas y apenas aparecen en titulares. Pero en mitad del ajuste que vive el sector tecnológico, están tomando protagonismo. La tecnología se desinfla, la volatilidad cambia de manos El Nasdaq, que concentra buena parte del capital en empresas tecnológicas, ha caído cerca de 3% desde el arranque de año. Dentro del sector, compañías como AppLovin, Robinhood o Palantir han registrado descensos de entre el 27% y el 45%. Goldman Sachs habla de un "naufragio tecnológico". Los sectores que durante dos años lideraron la narrativa de mercado están perdiendo tracción. Las herramientas de inteligencia artificial (IA) generativa han desencadenado temores de disrupción interna. Empresas de software, análisis de datos y videojuegos han visto recortes abruptos por temor a ser sustituidas por sus propias innovaciones. Mientras tanto, Bank of America ha ampliado el alcance de su indicador de riesgo de burbuja. En su última actualización, no solo mantiene bajo vigilancia a los gigantes tecnológicos de Wall Street, sino que incorpora a sectores como los materiales, el oro y la plata, además de los activos ligados al mercado surcoreano. Todos ellos muestran dinámicas de precios propias de mercados sobrecalentados y han registrado desplomes esporádicos desde finales de enero. El Kospi, por ejemplo, sufrió un correctivo diario cercano al 5%. La plata llegó a caer un 30% en una sola sesión. Las marcas de toda la vida baten a los algoritmos Walmart ha superado por primera vez el billón de dólares en capitalización bursátil. En lo que va de 2026, sus acciones acumulan una revalorización del 13%, impulsadas por un crecimiento sostenido de ingresos en su división internacional y una mejora de márgenes operativos en el mercado estadounidense. La empresa ha incrementado un 4% las ventas comparables durante el último trimestre, y mantiene una guía de beneficios al alza para el resto del año fiscal. El sector de consumo básico, medido a través del ETF State Street Consumer Staples Select Sector SPDR, avanza más de un 18% en 2026. Esta cifra iguala prácticamente la rentabilidad acumulada del fondo entre 2022 y 2025, que no superó el 13% en total. Empresas como Costco, Coca-Cola y Procter & Gamble concentran buena parte de ese avance. En ese mismo grupo destacan compañías directamente vinculadas al segmento de higiene doméstica. Kimberly-Clark, propietaria de marcas como Scott, Kleenex o Huggies, ha cerrado su último trimestre con un crecimiento del 5% en ventas netas y un margen operativo del 16,2%. La compañía mantiene su política de reparto de dividendos y ha anunciado una reducción de costes estructurales de 500 millones de dólares para 2026. Procter & Gamble también concentra entradas de capital en este inicio de año. Ha recibido flujos netos de entrada por valor de 4.300 millones de dólares en los dos primeros meses, según datos de Bloomberg. También ha elevado su dividendo por 67 año consecutivo, situándolo entre los mayores pagadores del índice S&P 500. Lo que empezó como un ajuste táctico tras las caídas tecnológicas del primer trimestre está tomando forma de posible giro estructural El cambio de dirección no se limita a los fondos institucionales. Según el último informe de eToro, el inversor minorista también está ajustando sus carteras con mayor disciplina. El 78% de los españoles revisa activamente sus posiciones. Y más de la mitad ha reajustado su exposición por la debilidad del dólar. Wall Street deja de premiar la promesa futura y vuelve al dividendo presente Lo que empezó como un ajuste táctico tras las caídas tecnológicas del primer trimestre está tomando forma de posible giro estructural. En lo que va de 2026, el Dow Jones, tradicionalmente asociado a la “vieja economía”, es el índice con mejor rendimiento entre los grandes de Wall Street. Por debajo queda el S&P 500, y a más distancia el Nasdaq. El fenómeno ha sido calificado por analistas de Deutsche Bank como una "recalibración de la tolerancia al riesgo". En lugar de perseguir sectores con expectativas elevadas, el capital se está redirigiendo hacia modelos de negocio con flujos de caja previsibles, costes contenidos y exposición limitada a la disrupción tecnológica. Caterpillar, empresa industrial con más de un siglo de historia, ha generado tantos puntos positivos para el Dow en lo que va de año como los que han restado Microsoft y Salesforce combinadas. Las compañías de materias primas, servicios públicos y consumo defensivo lideran las entradas de capital en enero y febrero. La rotación es visible. La incógnita es si será permanente Bank of America ha moderado sus alertas sobre el riesgo de burbuja tecnológica, pero apunta un nuevo foco de tensión: la concentración excesiva en sectores defensivos. La valoración de muchas compañías de consumo básico ya se encuentra por encima de su media histórica. En algunos casos, supera incluso la de sus equivalentes tecnológicas. No hay señales inmediatas de una reversión del flujo. Pero la pregunta ya está sobre la mesa: ¿cuánto recorrido real tienen estas empresas ahora que el mercado las ha redescubierto? El giro hacia sectores tradicionales parece responder a una necesidad de estabilidad más que a una búsqueda de crecimiento. Goldman Sachs, señala que "el liderazgo del mercado está migrando desde los facilitadores tecnológicos hacia los beneficiarios secundarios de la productividad". En otras palabras, las empresas que aplican la tecnología sin desarrollarla podrían ser las nuevas protagonistas del ciclo.

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