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Los lefebvrianos anuncian que ordenarán obispos sin permiso del Papa y se ponen al borde del cisma

2026-02-02 - 19:35

Los lefebvrianos anunciaron este lunes que ordenarán obispos sin el permiso del Papa, conscientes de que esta medida acarrea automáticamente la excomunión y en la práctica los convierte en un grupo cismático, separado de la Iglesia católica. La historia se repite pues en 1988 su fundador, el obispo francés Marcel Lefebvre, ordenó cuatro obispos desobedeciendo una orden explícita de Juan Pablo II, y fueron excomulgados todos ellos. Pasaron 21 años hasta que Benedicto XVI les levantó unilateralmente la excomunión; también Francisco, unilateralmente, autorizó a sus sacerdotes a confesar y a celebrar bodas. Los papas intentaban un acercamiento, pero el Vaticano actuó tan unilateralmente, que ahora a los lefebvrianos no les importa lanzar de nuevo un desafío a Roma. Ha comunicado la decisión el sacerdote Davide Pagliarini, de 55 años, superior de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, conocidos como los lefebvrianos. Pagliarini ha pronunciado este lunes una homilía en la que ha exaltado efusivamente el papel «corredentor» de la Virgen María, a pesar de que el Vaticano, a través del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, estableció en noviembre que este título no es teológicamente correcto. Era sólo el principio. Luego, ha lanzado su duro desafío al Vaticano. «Creemos que ha llegado el momento de pensar en el futuro de la Fraternidad San Pío X, en el futuro de todas las almas, que no podemos olvidar, que no podemos abandonar, y sobre todo en el bien que podemos hacer a la Iglesia. (...) Hemos escrito al Santo Padre para presentarle con toda sencillez la situación de la Fraternidad, explicarle estas necesidades y, al mismo tiempo, confirmarle nuestra única razón de ser: el bien de las almas. Pues bien, lamentablemente estas razones no parecen interesar, no son convincentes, no han encontrado por el momento una puerta abierta en la Santa Sede», ha explicado. Con cierto dramatismo ha asegurado que no se trata de un gesto de desafío pues la razón de su existencia es «servir a la Iglesia y la servimos predicando la fe, diciendo la verdad a las almas y no contándoles cuentos». «Asumo plenamente la responsabilidad de esta decisión», ha subrayado Pagliarini. Ha dicho que están cumpliendo «la ley que prevalece en la Iglesia sobre todas las demás, la salvación de las almas, y no el cotilleo, no el sínodo, no el ecumenismo, no los experimentos litúrgicos, no las nuevas ideas ni las nuevas evangelizaciones». La ordenación unilateral tendrá lugar el próximo 1 de julio, fecha que coincide con el aniversario del decreto que en 1988 Juan Pablo II firmó para excomulgar a Marcel Lefebvre. La historia vuelve a repetirse. Lefebvre, un obispo tradicionalista francés, fundó en 1970 la Fraternidad Sacerdotal San Pío X como reacción a las decisiones del Concilio Vaticano II, que considera erróneas y que siempre se negó a aplicar. No está claro el número actual de seguidores, pero los cálculos más altos hablan de unos cien mil. Está en 60 países y cuentan con seis seminarios. En España podría contar con mil seguidores, que se reúnen en 10 capillas distribuidas por el territorio nacional. Además de considerar un error el Concilio Vaticano II, celebran la Misa según el rito anterior a la reforma del Concilio Vaticano II. Según dicen de sí mismos en su web oficial, «por rechazar el desorden litúrgico y las nuevas doctrinas, la institución ha sido objeto de muchas contradicciones. Pero a los ojos de muchos, es actualmente el baluarte más sólido de resistencia a lo que el Papa Pablo VI denominó la «autodemolición de la Iglesia», tarea en la que recibe eficazmente la ayuda de varias comunidades religiosas animadas por el mismo espíritu y el mismo celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas». Según narra este grupo, «en 1988, al ver que la situación de la Iglesia no hace más que empeorar, escandalizado por la reunión ecuménica de Asís en 1986, Mons. Lefebvre decidió consagrar obispos para asegurar la perennidad de su obra». Juan Pablo II envió como emisario al cardenal Joseph Ratzinger que estuvo a punto de salvar la situación con un acuerdo de última hora que no llegaron a firmar. Automáticamente, tras la ceremonia, Lefebvre y los nuevos obispos quedaron excomulgados, y la desobediencia al Papa puso también en la práctica al resto de seguidores lejos de la Iglesia católica, aunque lo cierto es que no se trató de un cisma formal y técnicamente estaban en una situación «irregular». Por su parte, Lefebvre y los suyos decían que la excomunión no era válida pues habían ordenado obispos «a causa del estado de necesidad en el que se encuentra la Iglesia». Con excomunión o sin ella, las sanciones les impedían estar en una situación regular con Roma. Lefebvre falleció en 1991 sin reconciliarse con Roma. Benedicto XVI convocó una comisión bilateral para intentar sanar las divisiones, y llegó a ofrecerles transformarse en prelatura personal si aceptaban los principios fundamentales del Concilio Vaticano II. Su entonces superior general, el obispo Bernard Fellay, deseaba esa reconciliación, pero los otros tres obispos lefebvrianos se oponían firmemente a un acuerdo con Roma. Por eso, rechazaron el acuerdo en abril de 2012. El Papa Francisco autorizó a sus sacerdotes a celebrar matrimonios canónicamente válidos y a escuchar confesiones. En la práctica, lo interpretaron como una confirmación de que Roma les daba la razón. El anuncio es un desafío al Papa León XIV, que podría aprobar unilateralmente la ordenación para evitar el cisma, o recordarles que si siguen adelante se alejan de Roma. En el comunicado oficial, los lefebvrianos revelan que han dado este paso «tras recibir en los últimos días una carta de la Santa Sede que no responde en modo alguno a nuestras peticiones». Es poco probable que tras el desafío, Roma cambie de opinión.

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