Los lujos a los que el expríncipe Andrés no quiere renunciar en su mudanza tras el escándalo Epstein
2026-02-11 - 17:15
No cabe duda de que Carlos III de Inglaterra ha acabado inmensamente harto de su hermano pequeño, Andrés Mountbatten-Windsor. El monarca es consciente de que, cuando se recuerde su tiempo en el trono, que obviamente será mucho menor al que estuvo su madre, Isabel II, uno de los puntos claves será el expríncipe, al que le hubo de retirar todos los títulos y distinciones que tenía por su relación con el magnate y pedófilo Jeffrey Epstein, un caso que al favorito de la difunta reina le ha costado ser apartado completamente de la corona británica. Igualmente, el soberano se ha percatado, con desagrado, de que da lo mismo lo que haga, ya que gran parte de la sociedad considera que desde Buckingham Palace se ha encubierto consciente y continuadamente al exduque de York, quien a sus 65 años, y después de un ultimátum de su hermano mayor, ha abandonado por fin Royal Lodge, la que ha sido durante dos décadas su carísima residencia —aunque no ha pagado nada por su alquiler, siquiera los costes de mantenimiento— y la de su exesposa, Sarah Ferguson, quien también ha caído en desgracia por sus correos con el banquero y proxeneta. Por ahora, desde Buckingham Palace se ha decidido que Andrés se instale temporalmente en Wood Farm, que se encuentra en un rincón apartado de la extensa finca real de Sandringham, mientras terminan las remodelaciones que se están llevando a cabo en la que será su casa definitiva, Marsh Farm. Lo más curioso de Wood Farm, donde no estará demasiado tiempo, es que se trata de un refugio anticuriosos, dado que está blindado completamente y no se permite que se acerquen ni la prensa o los paparazzis ni los transeúntes o vecinos. Es decir, casi un damnatio memoriae en vida, pues que la familia real británica pretende que el expríncipe desaparezca de la esfera pública. De hecho, Wood Farm era el lugar que solía escoger Isabel II para pasar varias temporadas cuando no quería ser molestada, así como es conocida, sobre todo, por la curiosa relación que en ella tenía con sus mascotas, dado que en dicha residencia sus adorados corgis comían a su lado, en la misma estancia, haciendo que el servicio hubiese de esquivarlos a la hora de servir las mesas, como reveló quien fuera chef de la realeza, Darren McGrady, en su libro biográfico. Muick y Sandy, dos de dichos corgis, se quedaron a vivir con Andrés y Sarah tras el fallecimiento de la reina y, según revelaron desde Hello!, los animales siguen a su cargo. Por lo que su cuidado seguirá correspondiendo seguramente a Andrés cuando se complete su mudanza. Si esta no se ha dado todavía, sin embargo, es porque, antes de aceptar el cambio de domicilio impuesto por su hermano, Andrés hizo saber que él está acostumbrado a ciertos lujos a los que no quiere renunciar, razón por la que Marsh Farm está siendo hoy por hoy redecorada y perfectamente modernizada. Lejos, por tanto, del estado de abandono y bastante ruinoso en el que se encontraba Royal Lodge una vez lo ha abandonado, si bien en dicho emplazamiento Andrés tenía una enorme extensión de terreno de casi 40 hectáreas (98 acres en concreto). Su nueva vivienda no tiene esa vasta finca para sí sola, pero a cambio posee algo parecido a lo que el expríncipe no ha podido poner pegas: dado que está situada a unos tres kilómetros de Sandringham House, su "granja" —eso significa "farm"— está enclavada en la misma parcela de casi 8.100 hectáreas (22.000 acres) de la emblemática finca. Tal y como explican desde ¡Hola!, Marsh Farm está ubicada en la zona costera de Norfolk, que además es una zona famosa por su excepcional belleza natural, por lo que el público tiene acceso al parque. Pero asimismo Andrés, que podrá pasear por los inmensos bosques y, en otro de los lujos que buscaba, montar a caballo. Porque su futura residencia también cuenta con sus propias cuadras, por lo que el expríncipe no ha dudado a la hora de trasladar allí a su propia yeguada. Es bien conocida la enorme afición del hermano menor del rey a la equitación y poseer un lugar donde practicar la hípica era una condición indispensable para él. De hecho, una de las últimas imágenes que se tienen de él es del mes pasado, en Windsor, montando a caballo con su nieta, Sienna, la hija de cuatro años de la princesa Beatriz, que también estaba presente. Esto, sin embargo, difícilmente ocurrirá en Marsh Farm. No lo de su nieta o su hija, sino lo de la imagen. Porque otro de los requisitos, aunque desde la familia real británica ya estaba previsto, era que su privacidad se adecuara a su nueva condición. Por eso se ha instalado en todo el perímetro de la propiedad una enorme valla, amén de que a finales de 2025, cuando ya se sabía que esta sería su nueva residencia, la zona de exclusión aérea se amplió considerablemente, evitando así también que haya drones que sobrevuelen la casa. A su alto nivel de seguridad también contribuirán las medidas que Carlos III tiene para sí mismo, dado que al estar muy cerca de la finca de Sandringham, prácticamente cualquier decisión que se tome para reforzar su intimidad afectará también a la casa de Andrés. Por último, hay que añadir un curioso detalle, que seguramente haya sido una petición final del expríncipe: varios obreros fueron vistos durante la colocación de Sky TV, un servicio de televisión de pago que cuesta unas 60 libras al mes —casi 70 euros mensuales—, si bien se desconoce quién lo costeará, si el exduque de York o la corona. Asimismo, es importante recalcar un par de desventajas, más allá del evidente paso de un palacio a una casa, y es que el lugar está catalogado como zona con riesgo de inundaciones, así como medios locales han visto en la zona a personal de control de plagas, por lo que es posible que hoy por hoy haya algún problema para la mudanza inmediata de Andrés.