Los más preocupante de la pornografía creada con inteligencia artificial
2026-02-27 - 09:43
En cualquier página web de pornografía no es raro encontrar una nueva categoría que ha ido cosechando adeptos: el porno creado con inteligencia artificial. Los vídeos que aparecen bajo esta etiqueta, con escenas eróticas creadas de manera sintética, llegan incluso a superar en visualizaciones a los clips 'clásicos', protagonizados por personas reales. Esta es la conclusión a la que llegué cuando estaba investigando para escribir #S3xpidemia, ensayo donde analizo los entornos digitales son un espacio de socialización en la masculinidad tradicional para niños y adolescentes y cómo, a la vez, se usan las nuevas herramientas como la IA para ejercer violencia y normalizarla, especialmente contra mujeres y niñas. La pornografía creada con inteligencia artificial no podía quedarse fuera del diagnóstico. Y no lo hizo. De hecho dio una capa más de complejidad a la situación actual que tiene un impacto directo en nuestra intimidad compartida. Con las facilidades de las páginas web o incluso de plataformas como Telegram, crear este contenido está al alcance de cualquiera. No hace falta una formación específica, unos dispositivos concretos ni saber de la existencia de un acceso secreto. Si se tiene el link de uno de esos chatbots que circulan por la plataforma de mensajería, ya se pueden crear escenas de chicas cuyas camisetas se rasgan, donde aparecen chupándose los dedos, realizando sexo oral... En páginas de diseño con IA, esas que dicen que son "herramientas creativas", la originalidad se traduce en mujeres con pezones que se comportan como vaginas y también se pueden penetrar. También es popular ver que estos vídeos los protagonizan las heroínas de películas infantiles como Elsa o Moana, vídeos cuyas reproducciones superan el millón. Da igual que salga la marca de agua que avisa de que es un contenido producido con IA, el resultado es tan realista que es difícil notar las diferencias (más allá de atributos corporales con una proporción entre pecho, cintura y cadera imposible en la realidad). Más adictiva, más personalizable, aún más pedófila (cabe recordar que Moana tiene 16 años en su primera película), la pornografía con inteligencia artificial lleva aún más al extremo unas fantasías que moldean la respuesta sexual de sus espectadores incluso sin que sean conscientes de ello. Y, de nuevo, lo más preocupante es su acceso. Tanto a la hora de crearla como de consumirla, en un par de clics es fácil llegar a ella. Quizás haya que hacer un clic más para confirmar que se es mayor de 18 años, aunque luego no pidan ninguna otra acreditación relativa a la edad. Habrá quien llame a esto una revolución tecnológica. Las feministas lo vemos desde otro prisma, el de una digitalización que sigue amplificando violencias que ya existen. Donde además esa personalización que puede llevarse a cabo con mujeres reales, sumada al anonimato de sus autores, difusores y consumidores y su ausencia de límites, contribuyen a que se siga erotizando la dominación simbólica. Un imaginario sexual colectivo muy potente donde, de nuevo, el consentimiento importa cada vez menos.