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Los niños que disfrutan a diario de espacios de naturaleza crecen con un mejor desarrollo cognitivo

2026-02-13 - 06:15

"En estos tiempos en que los educadores constatamos que muchos niños únicamente consiguen mantener atención ante pantallas y dispositivos electrónicos, las mejoras constantes en la atención que reporta la literatura científica cuando los niños tienen contacto habitual con espacios verdes viene a confirmar una intuición muy natural e incluso obvia", afirma la educadora Ana Julià, directora y directora del Montessori Palau International Research and Training Center (MIRTC). Según un reciente estudio, los espacios verdes mejoran un 25% la capacidad de concentración de los niños y son una herramienta eficaz para combatir el TDAH, entre otras cosas. Así pues, Julià asegura que "la ciencia aporta datos clave sobre la atención y sabemos que la falta de atención es el rasgo central del Trastorno por déficit de Atención". ¿Conclusión? "Los niños que disfrutan a diario de espacios de naturaleza antes de los 2 años desarrollan un mejor desarrollo cognitivo y una salud mental más sólida". "El contacto con la naturaleza ayuda a reducir el estrés infantil" Para comenzar a asociar el 'consumo' de zonas verdes por parte de los niños, con un mejor desarrollo cognitivo, la educadora entrevistada menciona al investigador Qingyang Li y su equipo, en un estudio publicado en Biological Psychiatry (2026): "la exposición continuada a espacios verdes actúa como un amortiguador biológico que reduce los niveles de cortisol". Más evidencia a este respecto es la que aporta el estudio de Zare Sakhvidi et al. publicado en Current Opinion in Environmental Science & Health (2023): "la reducción del estrés ambiental se traduce en una mejor salud mental y bienestar emocional desde la infancia hasta la adolescencia, ayudando al cerebro a autorregularse mejor ante las presiones diarias". "El contacto con la naturaleza ayuda a reducir el estrés infantil porque actúa directamente sobre cómo funciona el sistema nervioso. Los estudios demuestran que los niños con mayor exposición a entornos naturales muestran una mejor regulación emocional y fisiológica, con indicadores claros de menor activación del estrés y mayor equilibrio emocional", añade Julià. "El beneficio de la naturaleza no es subjetivo, sino una realidad científica" Lo más relevante del estudio Greenspace and health, wellbeing, physical activity, and development in children and adolescents: An overview of the systematic reviews, de Mohammad Javad Zare Sakhvidi, es que confirma que el beneficio de la naturaleza no es algo subjetivo, sino una realidad científica que afecta a múltiples áreas del desarrollo". Vivir cerca o usar espacios verdes se asocia positivamente con un mejor peso corporal (menos obesidad), una mayor actividad física y, sobre todo, mejores resultados en el neurodesarrollo y la salud mental. Es un estudio 'paraguas' que otorga una gran seguridad y certeza a los padres: "la naturaleza es beneficiosa para casi todo, desde el nacimiento hasta la edad adulta, actuando como un factor protector integral para la salud de los hijos". Por lo tanto, el mensaje principal que deja la investigación es claro y tranquilizador: "crecer y educarse en contacto con la naturaleza tiene efectos positivos y medibles en el desarrollo infantil". Otro estudio científico afirma que los niños que viven en zonas con más espacios verdes alrededor de su domicilio obtienen mejores resultados en atención y memoria durante la primaria, incluso teniendo en cuenta factores como la contaminación del aire. La naturaleza ofrece estimulación sensorial y motriz "Los niños que antes de los 2 años acceden a diario a entornos naturales, a la edad de 4 años presentan unas funciones ejecutivas —como la memoria de trabajo, la planificación y el control inhibitorio— significativamente más sólidas que el resto". ¿Cuáles son las razones que conectan todos estos conceptos, y en qué se basan? Otro estudio de la investigadora Amanda Fernandes afirma que "la clave reside en la estimulación sensorial y motriz que ofrece la naturaleza. La base científica es la plasticidad cerebral: los primeros años de vida son críticos para la formación de sinapsis. Un entorno natural ofrece retos constantes —como el terreno irregular, las distintas texturas o los sonidos— que obligan al cerebro a planificar y tomar decisiones de manera continua, fortaleciendo así la memoria de trabajo y el control inhibitorio". La experta suma un concepto importante en cuanto a los beneficios de la naturaleza en el desarrollo de los niños: La Teoría de la Restauración de la Atención, formulada en los 80. Esta teoría explica que la atención "se cansa en entornos con exceso de estímulos y que la naturaleza ayuda a 'recargarla' porque atrae la atención de forma suave, sin exigir esfuerzo constante. "La exposición a espacios verdes reduce los síntomas de TDAH" Existe evidencia científica sólida que vincula la exposición a espacios verdes con una reducción de los síntomas del TDAH y una mejora general del comportamiento. Según un estudio de Dadvand publicado a PNAS (2015), los niños que asisten a escuelas con mayores espacios verdes muestran una reducción significativa y progresiva de la falta de atención a lo largo del curso escolar. El estudio indica también que el contacto con la naturaleza ayuda a disminuir lo que se denomina 'falta de atención', rasgo central en el TDAH. Concluye que la exposición al verde en la escuela es una intervención eficaz para mejorar el desarrollo cognitivo y la atención". Además, "el contacto habitual con espacios verdes —ya sea en la escuela, en casa o mediante actividades en la naturaleza— se asocia con mejoras pequeñas, pero constantes en la atención, especialmente en la capacidad de mantenerla durante más tiempo". "Menos hiperestimulación urbana y más experiencias en la naturaleza" A modo de conclusión todos los estudios mencionados conforman que "la naturaleza es beneficiosa desde el nacimiento hasta la edad adulta, actuando como un factor protector integral para la salud de los hijos". Ana Julià reivindica que "es responsabilidad de las escuelas y las familias ofrecer estas experiencias de manera regular y no excepcional. Traducido, menos en entornos urbanos, exposición a pantallas, espectáculos deportivos, etc. y más experiencias en la naturaleza". Pero es que, además, "el contacto con la naturaleza también combate la obesidad infantil y mejora la actividad física. El verde modifica la estructura física del cerebro durante la adolescencia, aumentando el volumen de materia gris en áreas clave. El consejo para los padres es claro: llevar a los hijos al parque o a la naturaleza no es solo ocio, es una inversión directa en su arquitectura cerebral y su futuro académico".

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