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Los peligros de la oruga procesionaria para tu mascota: así puede afectar a la salud de tu perro o tu gato

2026-02-24 - 16:33

La llegada de la oruga procesionaria se está adelantando. Cada año, este hecho se viene confirmando, ya que durante este 2026, se ha podido avistar a esta especie desde finales de enero en algunos puntos de España. Su aparición no es común hasta empezada la primavera, pero el cambio climático está cambiando el ciclo biológico de esta oruga. Una situación para nada alentadora, ya que este adelantamiento significa una mayor exposición de las mascotas a la fase más peligrosa del insecto. La oruga procesionaria, conocida científicamente como Thaumetopoea pityocampa, pertenece al grupo de los lepidópteros y es visible tanto en parques, zonas rurales o bosques con pinares templados, algo muy común en el sur de Europa y sobre todo en algunos puntos de España. Se caracteriza por poseer miles de pelos urticantes microscópicos que se desprenden con gran facilidad y que contienen una toxina que causa reacciones inflamatorias muy intensas también en humanos, pero de mayor gravedad en animales como los perros, pero cabe destacar que también en los gatos. El mayor peligro de la oruga procesionaria en perros Durante la primavera, los caninos disfrutan del mejor tiempo, lo que provoca más visitas a zonas verdes. Sin embargo, esto también implica más riesgo. El contacto directo con una oruga procesionaria suele provocar lesiones respiratorias, oculares y cutáneas, lo que viene a ser más peligroso en los perros, debido a que tienden a explorar el territorio con su hocico y su boca. Sin embargo, no es necesario que el animal ingiera el insecto, pues un simple contacto con sus pelos urticantes dejados en su paso puede afectar, disparando así la gravedad. Los perros ven el movimiento de la oruga procesionaria con mucha curiosidad, por lo que tienden a buscarlas e incluso lamerlas, quizás este sea el mayor peligro. Y es que el cuadro clínico puede ser fulminante, ya que avanza muy rápido. En este sentido, el perro intentará rascarse el hocico con las patas desesperadamente, puede babear excesivamente, tragar saliva de forma compulsiva y presentar una inflamación intensa en labios, cara y lengua. Si esta inflamación llega hasta las vías respiratorias, también pueden vomitar o jadear. Un peligro también para gatos A menudo, el peligro de la oruga procesionaria está ligado a los perros, pero los gatos también son víctimas de la aparición de estos insectos, sobre todo los que tienen acceso al exterior. La oruga afecta por igual a perros y gatos, sin embargo, las consecuencias suelen ser mayores en los felinos debido a una cuestión de comportamiento. Como bien se ha mencionado anteriormente, los pelos urticantes pueden quedar suspendidos y adherirse al pelo animal, por lo que el riesgo incrementa en los gatos, que son tremendamente pulcros y utilizan su lengua para limpiarse. Esta se expone, por tanto, a entrar en contacto con los pelos tóxicos de la oruga y provocar así impacto negativo en su salud. A esto se le suma también el comportamiento solitario que tiene un gato cuando enferma. De normal, los felinos buscan esconderse cuando hay un problema en su salud, lo que retrasa el plan de actuación. No obstante, síntomas como el babeo, la boca abierta o inflamación en su cara son también parte de los efectos de la procesionaria en los gatos. Planes de actuación o primeros auxilios La rapidez es la mejor actuación. En caso de que tu perro o gato haya estado en contacto con una oruga procesionaria, debes acudir de inmediato a un centro veterinario. Sí existen determinados primeros auxilios que pueden ayudar de cara al traslado, como lavar la zona inmediatamente con agua templada, ya que el calor debilita la toxina de la procesionaria con el fin de arrastrar los pelos. Pues ojo, está prohibido frotar la zona, ya que los pelos pueden romperse y liberar más toxina. Una inflamación severa por toxina de oruga procesionaria puede conllevar la muerte del animal o necrosis de los tejidos, como puede ser la lengua, por eso la actuación rápida es primordial. La atención veterinaria puede administrar un tratamiento corticosteroide con el objetivo de frenar y paralizar la inflamación.

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