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Los perros de alerta de epilepsia, un olfato que se adelanta a las crisis: "Es un apoyo, no magia"

2026-02-09 - 08:25

Cada segundo lunes de febrero se conmemora el Día internacional de la epilepsia, una enfermedad neurológica que afecta a unos 50 millones de personas en todo el mundo y que sigue rodeada de mitos, estigmas y zonas grises. En España, alrededor de 500.000 personas conviven con ella y cada año se diagnostican unos 20.000 nuevos casos, según la Sociedad Española de Neurología (SEN). Pese a su prevalencia, solo un 30% de las crisis se manifiestan en forma de convulsión, lo que contribuye a que muchas pasen desapercibidas o se interpreten erróneamente. La epilepsia es una de las enfermedades neurológicas más antiguas documentadas. Existen descripciones de crisis epilépticas en textos médicos mesopotámicos de hace más de 4.000 años, aunque durante siglos se interpretaron desde una óptica sobrenatural o por razones morales. Antes del desarrollo de la medicina moderna, la mortalidad asociada a la epilepsia era significativamente mayor, no tanto por la enfermedad en sí, sino por las caídas, los traumatismos, la falta de tratamiento y el aislamiento social. Hoy, gracias a los fármacos antiepilépticos, la neuroimagen y la monitorización cerebral, la mayoría de las personas con epilepsia pueden llevar una vida relativamente normal. En paralelo a los avances farmacológicos y quirúrgicos, la investigación explora otras vías complementarias para mejorar la calidad de vida de quienes padecen epilepsia y, entre ellas, se encuentra la capacidad de algunos perros para anticipar una crisis antes de que ocurra. Una habilidad que, aunque documentada desde hace décadas, sigue planteando más preguntas que respuestas. De los perros guía a los perros de alerta médica Los primeros programas formales de perros guía surgieron tras la Primera guerra mundial, cuando en Alemania se entrenaron perros para ayudar a los soldados que se habían quedado ciegos en combate. A partir de los años veinte del siglo pasado, estos programas se extendieron por Europa y América. Sin embargo, la aplicación de perros de asistencia a otras discapacidades y enfermedades crónicas llegó mucho más tarde de lo que cabría suponer. No fue hasta la década de 1980 cuando comenzaron a popularizarse los perros señal para personas sordas y los perros de asistencia para movilidad reducida. En ese mismo periodo empezaron a aparecer los primeros relatos, en su mayoría considerados anecdóticos por la comunidad científica, de perros que parecían reaccionar de forma consistente ante crisis epilépticas de sus titulares. Uno de los casos más citados en la bibliografía médica es el de James Maaske, un residente de San Francisco, Estados Unidos, que en 1988 relató a la prensa cómo su perro mostraba un comportamiento inusual tras sus crisis nocturnas no detectadas. Aunque en aquel momento su testimonio fue recibido con escepticismo por parte de asociaciones científicas, en los años noventa y dos mil se llevaron a cabo los primeros estudios exploratorios sobre los posteriormente bautizados perros de alerta de crisis epilépticas. Los resultados fueron prudentes, ya que las muestras eran pequeñas y los mecanismos, desconocidos. Sin embargo, apuntaban a mejoras en la calidad de vida y, en algunos casos, a una reducción en la frecuencia de las crisis. “Un perro de alerta no funciona de forma aislada, sino dentro de un sistema familiar complejo” Perros que alertan y perros que asisten Uno de los errores más frecuentes, y más amplificados por los medios, es hablar de ‘perros de alerta’ como si todos cumplieran la misma función. La literatura científica distingue claramente entre perros de alerta de crisis (seizure-alert dogs) y perros de asistencia o respuesta (seizure-response dogs). Los primeros son aquellos que pueden anticipar una crisis antes de que ocurra, con avisos que pueden producirse desde segundos hasta 45 minutos antes del episodio. Los segundos no alertan previamente, pero sí actúan durante o después de la crisis, permaneciendo junto a la persona, buscando ayuda, llevando la medicación o evitando, simplemente, que se hagan daño. Qué detectan y qué no sabe aún la ciencia Cómo detectan los perros una crisis epiléptica sigue siendo, en gran medida, un misterio. Las hipótesis más aceptadas apuntan a una combinación de señales, como son los cambios sutiles en el comportamiento humano, alteraciones fisiológicas, variaciones en el ritmo cardíaco y, especialmente, modificaciones en el olor corporal asociadas a procesos metabólicos previos a la crisis. Sin embargo, no existen estudios científicos concluyentes que demuestren exactamente qué detectan los perros antes de una crisis. Lo que sí parece claro es que esta capacidad no depende de la raza, la edad o el sexo del animal, y que no todos los perros son capaces de identificarlo, incluso tras recibir entrenamiento. Una revisión publicada en 2024 en Epilepsy Behavior refuerza esta idea al registrar que algunos perros muestran comportamientos de alerta sin haber recibido entrenamiento específico, mientras que otros, pese a un adiestramiento intensivo, no desarrollan la habilidad. El modelo de CANEM Perros de Alerta En España, una de las entidades con mayor trayectoria en este ámbito es CANEM Perros de Alerta. Su directora, Lidia Nicuesa Poderós, psicopedagoga y usuaria de perro de alerta médica, insiste en que no se trata de “entrenar perros en abstracto”, sino de construir proyectos personalizados. CANEM surge, explica, del encuentro entre dos experiencias complementarias. Por un lado, la de Paco Martín, adiestrador especializado en trabajo de olfato. Por otro, la de la propia Lidia, persona con diabetes tipo 1. “Mi perra Cini no solo ha aprendido a detectar cambios en la glucosa, sino que demuestra una fiabilidad y una capacidad de trabajo que marcan un antes y un después”, explica. “De hecho, Cini se convierte en la primera perra de alerta de diabetes de España”. A partir de ahí, el enfoque de CANEM se amplía a otras patologías, entre ellas la epilepsia, siempre desde un modelo que integra al perro dentro de un sistema familiar y cotidiano. “Un perro de alerta no funciona de forma aislada, sino dentro de un sistema familiar complejo”, subraya Lidia Nicuesa. Cómo avisan y cuándo lo hacen Según CANEM, la señal de aviso más habitual en la epilepsia es el ladrido, por su claridad y eficacia, aunque puede adaptarse a cada caso. “En algunos proyectos el aviso se realiza levantando una pata o tocando con el hocico la pierna del usuario, siempre en función de sus necesidades y del contexto”, explica la directora. El momento del aviso varía considerablemente. “En epilepsia, el margen es variable y puede ir desde 8–10 minutos antes de la crisis hasta avisos que se producen apenas segundos antes de que esta comience”. Esta variabilidad coincide con lo descrito en la literatura científica y depende tanto del tipo de crisis como de la respuesta fisiológica individual. Un proceso que no empieza por el perro Uno de los puntos más relevantes en el modelo de CANEM es que el proceso no comienza con el animal, sino con la persona. “El proceso comienza siempre con una valoración del usuario y de su entorno”, nos señala la especialista consultada. A partir de ahí se selecciona o se valora el perro más adecuado para ese proyecto concreto. El adiestramiento, que dura aproximadamente tres meses, combina detección, educación y socialización mediante refuerzo positivo. Paralelamente, se forma a la familia para que sepa mantener y reforzar el trabajo del perro en el día a día. Qué perfil tienen que tener estos perros Insistimos en que no existe un ‘perro tipo’ para la alerta epiléptica. “Buscamos perros equilibrados, sin inseguridad ni agresividad, con una energía adecuada para el trabajo que van a desempeñar”, explica Lidia Nicuesa. En CANEM no trabajan con perros predeterminados, sino que cada proyecto comienza cuando una persona solicita el servicio. “Si ya tiene perro, se valora su idoneidad; si no, acompañamos a la familia en la búsqueda del cachorro más adecuado para su situación concreta”. En CANEM no tenemos perros “en stock” esperando. Cada proyecto comienza cuando una persona contacta con nosotros. El emparejamiento y la implicación a largo plazo El emparejamiento entre perro y persona es un proceso cuidadoso, donde se analizan el tipo de crisis, las rutinas, el entorno y la red de apoyo. “El perro es un apoyo, no una solución mágica”, advierte la directora. “Para que el proyecto funcione a largo plazo, es fundamental la implicación del usuario y de su entorno”. Un mensaje que reafirma y se conecta con lo que subrayan los estudios científicos, donde la eficacia de un perro de alerta depende en gran medida de la capacidad de la persona para reconocer y responder adecuadamente a las señales del animal. Entre la evidencia y la prudencia Es importante recalcar que los perros de alerta de epilepsia no sustituyen a la medicación ni funcionan en todos los casos. Pero cuando se dan las condiciones adecuadas, pueden ofrecer algo que es muy difícil de medir en ensayos clínicos, el tiempo. Tiempo para sentarse, para orientarse, para pedir ayuda, para evitar una caída. Entre la ciencia que aún busca respuestas y la experiencia acumulada durante años de trabajo, estos perros ocupan un espacio híbrido tan prometedor como exigente. Un recordatorio de que, en la epilepsia, cada minuto cuenta. Referencias: Seizure-alert dogs: a review and preliminary study. Deborah J. Dalziel et al. Seizure (2003) ​The role of trained and untrained dogs in the detection and warning of seizures. Grace C. Luff et al. Epilepsy Behaviour (2024) ​Effectiveness of Seizure Dogs for People With Severe Refractory Epilepsy. Valérie van Hezik-Wester et al. Neurology (2024)

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