Los perros también moldean el aire que respiramos en casa, según un estudio suizo
2026-03-15 - 16:33
No vemos lo que flota en el salón después de que el perro se sacuda tras volver del paseo, pero está ahí. El aire interior, el que respiramos durante horas en casa, tiene una composición propia, distinta de la del exterior, y depende en gran medida de quién habita el espacio y de lo que hace en él. Un nuevo estudio liderado por la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), una de las principales universidades tecnológicas de Suiza, ha medido por primera vez de forma precisa qué gases, partículas y microorganismos emiten los perros dentro de los hogares. Los resultados confirman que convivir con un perro cambia la calidad del aire del interior de los hogares. El aire de casa El aire en los espacios cerrados no es simplemente aire exterior que ha pasado por una ventana o un filtro. Tiene su propia mezcla de gases, partículas microscópicas y microorganismos. Cocinar, limpiar, ducharnos, hacer y deshacer la cama cada día o simplemente respirar modifica su composición. Sabemos desde hace años que los humanos liberamos dióxido de carbono al respirar, pequeñas cantidades de amoniaco a través de la piel y el aliento, fibras textiles, células cutáneas y microbios. Pero hasta ahora apenas se había analizado el papel de los animales de compañía, pese a que forman parte del día a día de millones de hogares. El equipo suizo utilizó una cámara ambiental controlada en Friburgo (Suiza) para medir con precisión qué ocurre cuando hay perros en la habitación y cómo varía el aire según su tamaño y actividad. Más dióxido de carbono y más amoniaco Uno de los datos más llamativos es que, en términos absolutos, un perro grande en reposo, como un mastín o un terranova, puede emitir aproximadamente la misma cantidad de dióxido de carbono que un adulto humano en reposo. También producen amoniaco, un gas asociado al metabolismo de las proteínas. Este compuesto se genera durante la digestión y se libera en pequeñas cantidades por la respiración y la piel. En total, a lo largo del día, un perro emite cantidades similares a las de su titular. Sin embargo, la proporción entre amoniaco y dióxido de carbono es mayor en los perros. Es decir, si un perro y una persona exhalan la misma cantidad de dióxido de carbono, el perro liberará relativamente más amoniaco. Los investigadores apuntan a varias posibles causas, como dietas más ricas en proteínas, diferencias metabólicas y una respiración más rápida, dado que es una de las formas que tienen los perros de regular su temperatura corporal. Partículas, polvo y microbios Donde los perros marcan realmente la diferencia es en las partículas que suspenden en el aire. Cada vez que se sacuden, se rascan o simplemente son acariciados, liberan ‘bocanadas’ detectables de partículas sólidas y líquidas en forma de polvo, polen, restos vegetales y microorganismos. Los sensores registraron auténticos picos coincidiendo con el movimiento de los animales. Los perros grandes liberaron entre dos y cuatro veces más microorganismos que los humanos presentes en la misma sala. Además, muchas de estas partículas eran fluorescentes bajo la luz ultravioleta, lo que indica su origen biológico. Los investigadores describen a los perros como ‘transportadores móviles’ que recogen material biológico del exterior durante el paseo y lo redistribuyen por la vivienda con su actividad cotidiana. Ahora bien, más diversidad microbiana no significa algo negativo. Algunos trabajos científicos previos sugieren que la exposición a una mayor variedad de microbios puede favorecer el desarrollo del sistema inmunitario, especialmente durante la infancia. Pero el impacto exacto en la salud depende de cada persona y aún no está completamente esclarecido. Caricias, ozono y reacciones químicas invisibles El estudio también analizó reacciones químicas secundarias. El ozono que entra desde el exterior no permanece intacto mucho tiempo en casa, sino que reacciona con lípidos presentes en la piel humana, como el escualeno, y genera nuevos compuestos (aldehídos, cetonas y partículas ultrafinas). Los perros no producen escualeno, pero cuando los acariciamos dejamos residuos de nuestra piel en su pelo. Esos residuos reaccionan después con el ozono, generando subproductos químicos. ¿Por qué importa esto? Porque el ozono es un contaminante atmosférico frecuente en exteriores, especialmente en ciudades y en días soleados. Cuando entra en una vivienda no desaparece: se transforma. Y esos compuestos secundarios pueden ser más irritantes o más reactivos que el propio ozono original, afectando a la calidad del aire que respiramos durante horas en espacios cerrados. Las partículas ultrafinas generadas en estas reacciones son especialmente relevantes desde el punto de vista sanitario, ya que, por su tamaño microscópico, pueden penetrar profundamente en el sistema respiratorio. Comprender cómo se forman y qué papel juegan las superficies, la piel humana o incluso el pelo de los animales, permite afinar los modelos de exposición y entender mejor qué respiramos realmente dentro de casa. Aun así, los perros del estudio produjeron de media un 40% menos derivados del ozono que los humanos. Es una vía de interacción que hasta ahora apenas se había incorporado a los modelos de calidad del aire interior. Un paso hacia modelos más realistas Al cuantificar estas emisiones, los investigadores pueden incorporar ‘factores de emisión’ concretos en los modelos que simulan la calidad del aire en viviendas reales, donde conviven personas y animales. Hasta ahora, la influencia humana estaba relativamente bien estudiada pero la de los perros, no. Este trabajo aporta datos medibles que permiten entender mejor de dónde proceden ciertos contaminantes presentes en el interior de los hogares y cómo se distribuyen. En definitiva, convivir con un perro no solo transforma nuestras rutinas y vínculos afectivos, también modifica, de forma invisible pero cuantificable, el aire que respiramos cada día en casa. Referencia: Our Best Friends: How Dogs Alter Indoor Air Quality. Shen Yang et al. Environmental Science & Technology (2026)