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Los árboles también sufren embolias

2026-03-12 - 00:23

Los árboles que durante siglos han evolucionado para resistir condiciones de sequía podrían enfrentarse ahora a un escenario paradójico, pues podrían ser los más vulnerables ante las nuevas sequías provocadas por el cambio climático. Así lo señala un reciente estudio publicado en la revista científica PNAS y liderado por investigadores del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) y la Universidad de Edimburgo. La investigación concluye que las especies leñosas que viven en regiones secas, como muchas áreas del Mediterráneo, podrían tener más dificultades para sobrevivir a las sequías extremas del futuro que aquellas que habitan en entornos húmedos. Además, el estudio destaca que los árboles más viejos también presentan un mayor riesgo de mortalidad cuando se enfrentan a periodos prolongados de falta de agua. Unos resultados que ayudan a comprender mejor cómo podrían evolucionar los bosques en un planeta cada vez más afectado por el aumento de temperaturas y la irregularidad de las precipitaciones. Para entender el problema, los investigadores han centrado su atención en el sistema interno que permite a los árboles transportar agua. Las plantas cuentan con un sistema circulatorio formado por una red de diminutos conductos llamados xilema, que recorren el tronco desde las raíces hasta las hojas. A través de estos tubos circula el agua que las plantas absorben del suelo, junto con los nutrientes necesarios para su crecimiento. Sin embargo, cuando el suelo se seca y el agua escasea, este sistema puede verse gravemente afectado y en condiciones de sequía intensa, los conductos del xilema pueden llenarse de burbujas de aire que bloquean el paso del agua. Un fenómeno que se conoce como embolia vegetal, un proceso comparable a una embolia en el sistema circulatorio humano. Cuando se producen demasiadas embolias, el agua deja de circular correctamente por el árbol. Si el daño es demasiado grande y el sistema no puede repararse, el árbol puede acabar muriendo. Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que las especies que han evolucionado en ambientes secos no necesariamente están mejor preparadas para soportar las sequías más extremas que se esperan en las próximas décadas. Según los investigadores, muchas especies propias de climas áridos —como el lentisco o el labiérnago— han desarrollado a lo largo de los siglos conductos del xilema más cortos y con paredes más gruesas. Esta estructura ayuda a evitar que las burbujas de aire se propaguen por el árbol y provoquen daños mayores. En condiciones normales, esta característica representa una ventaja evolutiva, ya que permite limitar las consecuencias de periodos de sequía relativamente breves o previsibles, pero el problema aparece cuando la falta de agua se prolonga durante demasiado tiempo. Maurizio Mencuccini, investigador ICREA del CREAF y uno de los autores principales del estudio, explica que estos conductos más resistentes también son más costosos de producir. Cuando se bloquean por embolias, el árbol necesita generar nuevos conductos para sustituir los que han dejado de funcionar. «Estas especies evolucionaron durante siglos para vivir en climas áridos. Sus conductos ayudan a limitar la propagación de las burbujas de aire, pero son más costosos de producir», señala el investigador. En un contexto de sequía prolongada, los conductos dañados se acumulan y el árbol necesita reemplazarlos rápidamente. Sin embargo, el proceso de crear nuevos tubos requiere una gran cantidad de energía y tiempo, de modo que si el árbol no puede reconstruir su sistema de transporte de agua con suficiente rapidez, su supervivencia se ve comprometida. En contraste, el estudio revela que las especies que crecen en zonas húmedas, como los chopos y los álamos que habitan cerca de ríos o riberas, podrían tener una mayor capacidad para adaptarse a las nuevas condiciones climáticas. Aunque sus conductos del xilema son menos resistentes a la sequía, presentan una ventaja importante: pueden renovarse con mayor rapidez. Al ser más finos, requieren menos energía para producirse, lo que permite a estos árboles reemplazar los tubos dañados con mayor facilidad. Además, al vivir en entornos donde el agua suele ser más abundante, estas especies están menos expuestas a episodios extremos de sequía, lo que reduce la frecuencia con la que su sistema circulatorio se ve gravemente afectado. Esta combinación de factores podría explicar por qué algunas especies de zonas húmedas tienen más capacidad de recuperación frente a cambios ambientales rápidos. El estudio también pone de relieve que la edad de los árboles es también otro factor importante. Así, los más viejos presentan un mayor riesgo de sufrir daños irreversibles durante sequías intensas. A lo largo de su vida, los árboles experimentan numerosos episodios de estrés ambiental, como sequías, altas temperaturas o plagas y con el paso del tiempo, estos eventos pueden provocar pequeños daños en el sistema interno del árbol, incluidos bloqueos en los conductos del xilema. Aunque algunos de estos daños pueden repararse, otros permanecen y se acumulan con los años. Esto significa que, cuando un árbol alcanza una edad avanzada, su sistema de transporte de agua puede estar parcialmente deteriorado, además, los ejemplares viejos tienden a renovar su madera más lentamente que los jóvenes. Como resultado, cuando una sequía intensa provoca nuevas embolias en el xilema, su capacidad para sustituir los conductos dañados es menor. En estas condiciones, el sistema circulatorio del árbol se vuelve más vulnerable y tiene más dificultades para seguir funcionando con normalidad. Para llevar a cabo la investigación, el equipo científico analizó datos globales sobre las características del xilema en cientos de especies de árboles y otras plantas leñosas distribuidas en diferentes regiones del mundo. Estos datos se compararon con registros históricos de precipitaciones y variabilidad climática. A partir de esta información, los investigadores han desarrollado modelos que permiten relacionar las características internas de los árboles con su capacidad para resistir episodios de sequía, con el objetivo era entender cómo influyen factores como el tipo de conductos del xilema o la edad de los árboles en su vulnerabilidad frente a cambios en el clima. Los resultados del estudio podrían tener importantes implicaciones para la gestión forestal y para las predicciones sobre el futuro de los ecosistemas forestales. Según Mencuccini, comprender mejor estos mecanismos permitirá mejorar los modelos científicos que predicen cómo responderán los bosques al cambio climático en las próximas décadas. «Estos hallazgos pueden ayudarnos a mejorar los modelos de predicción del futuro de los bosques», concluye el investigador. El aumento de las sequías es uno de los efectos más preocupantes del cambio climático, especialmente en regiones como el Mediterráneo, donde los periodos de escasez de agua podrían volverse más frecuentes y prolongados. Los bosques desempeñan un papel fundamental en el equilibrio de los ecosistemas, ya que contribuyen a regular el clima, almacenar carbono y mantener la biodiversidad. Por ello, comprender cómo reaccionan los árboles a la falta de agua es clave para anticipar los cambios que podrían producirse en estos ecosistemas en el futuro.

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