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Los refugiados ucranianos que ya no piensan en volver: "Los primeros meses en España lloré cada día, ahora me siento viva de nuevo"

2026-02-24 - 05:03

En el barrio de Lacoma, en el extremo noroeste de la ciudad de Madrid, el monte del Pardo asoma entre las hileras de chalets unifamiliares. Entre las tranquilas calles de esta zona residencial, se abre un parque por donde Inna Usenko y su hija Daria, de 19 años, vienen a pasear cotidianamente, sobre todo desde que las lluvias han dejado paso a días soleados casi primaverales en la capital. Ambas llegaron, como tantos otros miles de ucranianos, huyendo de la guerra que Rusia desató en todo el país el 24 de febrero de 2022, hoy hace justo cuatro años. De sus primeros pasos en España recuerdan las dificultades para hacerse entender, el desarraigo y el apoyo altruista de muchas personas que les permitió echar raíces poco a poco en su nuevo país de acogida. Las raíces son ya tan firmes que ambas se ven a largo plazo en España aunque la guerra terminase mañana mismo en Ucrania. "Estaríamos muy contentas y felices, porque cada día en Ucrania es de pérdidas, heridos, muertes, es un dolor cada día para nosotros", declara Inna, química de profesión y, últimamente, escritora y columnista en varias publicaciones españolas, latinoamericanas y ucranianas. "Pero al mismo tiempo, empezamos una vida aquí. Daria está en su primer curso (de la universidad) y necesita estudiar, necesita vivir aquí y para mí en Ucrania ahora no hay trabajo, no hay oportunidades. Queremos empezar, pagar impuestos aquí para este maravilloso país y tener la oportunidad de dar ayuda para Ucrania, para reconstruir todo". Sentada en un banco a su lado, su hija Daria, que estudia Comercio y Turismo en la Universidad Complutense de Madrid, admite que es difícil imaginar su futuro en una circunstancia como la suya: "Mi vida ha cambiado tanto en muy pocos meses y ahora, claro, hay muchas cosas que pueden cambiar, pero sí me gustaría acabar la universidad aquí y ya ver dónde encuentro las oportunidades de trabajo y ya también me gusta España y Ucrania siempre estará en mi corazón... ya veré cuál me gustará más". España ha acogido y otorgado protección temporal a 262 297 personas desplazadas por el conflicto de Ucrania desde el inicio de la agresión hasta finales de 2025, si bien se ha venido observando una tendencia decreciente en el número de solicitudes presentadas. En 2025 se presentaron 30.698 solicitudes de protección temporal de personas desplazadas de Ucrania en España, lo que representa un 16,4% menos respecto de las solicitudes presentadas en 2024. Una integración exitosa y un regreso peligroso En los últimos meses se han iniciado negociaciones de paz que, por el momento, han resultado poco fructíferas. Sin embargo, el fin del conflicto parece más cerca que nunca desde que las primeras columnas de tanques rusos penetraron en territorio ucraniano. Es difícil determinar cuántos refugiados ucranianos en España volverían a su país incluso si terminasen los combates y bombardeos, pero una integración y acogida generalmente exitosa, acompañada de un futuro poco alentador a corto plazo para Ucrania hace que permanecer en España sea un proyecto crecientemente atractivo para muchos a medida que pasan los años. "Allí se siguen sufriendo ataques incesantes tanto a la población como a infraestructuras civiles, centros de salud, escuelas... es un conflicto que se caracteriza por el uso de armas explosivas en áreas densamente pobladas y, evidentemente, esto tampoco hace fácil (el regreso)", declara Mercedes Ena, portavoz de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), que, además, subraya el éxito en la integración de los refugiados ucranianos en España. "Dentro de lo que cabe, en comparación con otros colectivos procedentes de otros conflictos, estas personas están teniendo unos itinerarios levemente más fáciles". Entre los elementos clave para esa mejor inclusión, Ena subraya la activación de la Directiva de Protección Temporal por parte de la Unión Europa, que supuso un hito por tratarse de la primera vez que se recurría a esta figura desde su adopción en 2001 y que facilita los trámites administrativos para obtener un estatus legal y que está prorrogada actualmente hasta marzo de 2027. En cualquier caso, durante estos cuatro años, organizaciones del tercer sector han jugado un papel esencial en la acogida y la inclusión de todas estas miles de personas, un 60% de las cuales son mujeres. Concretamente CEAR ha atendido a un total de 45.053 personas desplazadas desde Ucrania, garantizando no solo la cobertura de necesidades básicas en sus centros de acogida, sino el acompañamiento en todos los primeros pasos esenciales de comenzar su nueva vida. Recuperar la confianza y la fuerza De su vida antes de la guerra, Hanna Rakovska, una fotógrafa de Kiev de 41 años y madre de tres, recuerda que era "bastante interesante, tranquila y llena". Cuatro años después, Rakovska, que vive en Ermua, Vizcaya, ha asumido ya que el país del que huyó aquel fatídico febrero de 2022 no volverá a ser el mismo, al menos en mucho tiempo. "Teníamos una vida normal, sí, cada país tiene sus problemas, pero teníamos una vida activa, teníamos planes para hacer el año siguiente, un punto de vista de futuro. Cuando la guerra empezó, todo eso se destruyó", declara Rakovska, que fue acogida inicialmente en un programa de CEAR y, posteriormente, encontró trabajo en un supermercado, lo que le permitió poder alquilar una vivienda en Ermua. Actualmente está buscando trabajo en el que era su oficio antes de la guerra, fotógrafa, y ha realizado formaciones para aprender a dirigir proyectos audiovisuales. Tanto su hijo mayor, de 19 años, como la mediana, de 16, han decidido regresar a la capital ucraniana para continuar con sus estudios. Ella, sin embargo, planea quedarse en España junto a su hijo Alex, de 13. "Tengo esperanza de que la guerra acabe este año y he pensando sobre si volver o no, pero no podemos tener seguridad de que esta guerra no pueda continuar en el futuro. Este miedo siempre estará dentro de nosotros", declara la ucraniana. "Cuando hablo con mis amigos de Ucrania, siempre tengo que llorar. Yo quiero apoyarles, pero para esto necesito estar fuerte por dentro y los españoles me dan esta oportunidad. Los primeros meses en España lloraba cada día, ahora me siento viva de nuevo gracias al apoyo de la gente, que me ha dado la oportunidad de creer en mí misma. Ahora siento que todo estará bien". Tanto ella como su hijo, admiten, que no tienen muchos amigos aún en su país de acogida y sus mentes siguen estando todavía en Ucrania: "Toda nuestras vidas estaban en Ucrania, mi corazón estará siempre en Ucrania, pero yo quiero continuar viviendo aquí. Lo que no quiero no es cambiar mi nacionalidad. Yo soy ucraniana y eso es para siempre". El miedo al posconflicto Hace cuatro años, la Guerra de Ucrania empezó oficialmente para todos los europeos, pero para los ucranianos como Dmytro Horbenko, de 31 años, el conflicto se remontaba realmente a 2014. Ese año, tropas rusas penetraron por las fronteras orientales de Ucrania para apoyar a los rebeldes secesionistas de Donetsk y Lugansk y el frente de guerra quedó a unos pocos kilómetros del pueblo de Horbenko, que entonces estaba acabando sus estudios de formación profesional como mecánico industrial. "Estaba con mis padres y tenía que elegir entre salir a (otra parte de) Ucrania o a Rusia. Pero en Ucrania no tenía a nadie, ni amigos, ni familiares. En Rusia vivían unos familiares de mis padres cerca de Moscú. Así que me fui a Rusia a vivir en su casa en un primer momento", relata el ucraniano, que estuvo viviendo durante ocho años en Moscú trabajando en una fábrica. El inicio de la invasión de 2022 lo cambió todo. "En televisión e internet abundaban mensajes que señalaban a los ucranianos como los culpables. En mi trabajo, casi todos los rusos apoyaban, al menos verbalmente, a su Gobierno y a su ejército. También era evidente que la guerra sería larga y que afectaría gravemente a la economía", relata el refugiado ucraniano. "En mi ciudad, Gorlivka, territorio ocupado, obligaban a cambiar el pasaporte ucraniano por el ruso y sin ese documento no era posible acceder a empleos oficiales. Yo tenía 27 o 28 años, así que si aceptaba el pasaporte ruso era muy probable que me reclutaran y me enviaran a la guerra. Esa amenaza marcaba cualquier decisión sobre mi futuro". Todo ese cúmulo de circunstancias le convencieron para coger un autobús hasta Barcelona, vía Varsovia, y un tren que le llevó a Valencia, su destino definitivo en su nuevo país de acogida. Tras cuatro años en el país, Horbenko ha aprendido a hablar castellano, ha empezado a trabajar como mensajero de una empresa de paquetería y alquila una habitación en un piso compartido. "Estoy ahorrando dinero para sacar carnet de moto o de coche, porque ahora tengo solo una bici y eso un poco acorta posibilidades donde puedo trabajar. Porque no puedo ir al trabajo, por ejemplo, más de 10 kilómetros", declara el ucraniano, que lo que tiene claro es que pase lo que pase en su país natal, sus planes a medio plazo están ya en España. "Aunque terminase la guerra y ya no hubiera más bombas, quedan gente que estuvo en esa guerra y que seguro que tienen traumas psicológicas, seguro que cuando estás en la frontera eso afecta mucho, y seguro que quedan muchas bombas bajo la tierra durante años. No quiero explotar por estar a un paso de la carretera". Si quieres contactar con 20minutos, realizar alguna denuncia o tienes alguna historia que quieres que contemos, escribe a pablo.rodero@20minutos.es. También puedes suscribirte a las newsletters de 20minutos para recibir cada día las noticias más destacadas o la edición impresa.

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