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Los retos de rodar escenas íntimas según Andrea Isasi, coordinadora de intimidad

2026-03-21 - 08:20

Desde hace unos años, se han empezado a descubrir los esqueletos en el armario de la industria audiovisual. Que, abandonando el eufemismo, son la cantidad de situaciones de abuso o agresiones que han vivido las mujeres del gremio. De hecho, en España, tenemos datos concretos de esto. La investigación realizada por Bárbara Tardón y Nerea Barjola, Después del silencio, reveló que el 60,3% de las mujeres encuestadas habían sufrido algún tipo de violencia sexual en los espacios relacionados con la industria del cine y del audiovisual. Ponerse las gafas moradas, esa lupa que tanto incomoda a quienes se ven en el punto de mira, también consiste en esto: en entender que no son casos aislados sino una realidad estructural aplicada a otro sector profundamente jerarquizado. Industria donde diversos factores -como el silenciamiento de las víctimas, la complicidad o la precariedad-, llevaban a que una negativa pudiera significar dejar de trabajar. A raíz de todo esto, es cuando surge la figura de la coordinadora de intimidad, rol que cada vez está más integrado en producciones audiovisuales y que garantiza que las escenas íntimas se den con consentimiento, seguridad y cuidado. Andrea Isasi (@andrea_isasi_navas) es una de las profesionales que se dedica a la coordinación de intimidad, y aunque el resultado final de este trabajo no se ve hasta que se estrena la serie o película, la mayor parte sucede antes del rodaje. Como dice la experta, "solo vemos el 10%" de su labor en el set, puesto que la mayor parte son conversaciones, preparación emocional, acuerdos de límites... Hoy, hablo con la coordinadora de intimidad sobre sus mayores desafíos a la hora de defender esos límites en una industria donde aún pesan las relaciones de poder, qué retos enfrentan actores y actrices cuando es el momento de rodar escenas sexuales simuladas (spoiler: de coreografiar a usar un balón) o cómo su trabajo se nutre de algo más profundo: la pedagogía del consentimiento que pasa por abrir espacios en los que poder decir "No" sin miedo. ¿Cómo surge la figura de la coordinadora de intimidad? La figura de Coordinación de Intimidad nace porque espacios (en este caso, en contextos laborales), que deberían ser espacios de seguridad, en demasiadas ocasiones no lo han sido, y esto no es algo puntual, es universal, estructural y sistémico. En 2017, las periodistas Megan Twohey y Jodi Kantor publicaron en The New York Times una investigación sobre múltiples denuncias de abuso contra Harvey Weinstein. Este trabajo además de la valentía de muchas mujeres a nivel mundial, que denunciaron abusos en la industria audiovisual, actuó como detonante a nivel global del movimiento #MeToo (creado por Tarana Burke en 2006), y marcó un punto de inflexión en la visibilización de la violencia sexual en la industria. En 2018 la HBO hizo obligatoria esta figura en sus producciones. Las pioneras, a quienes debemos infinito agradecimiento, son ellas y todas las mujeres que desde los inicios del cine han cuidado los sets, mujeres del equipo de vestuario, maquillaje, arte, peluquería, producción, ayudantes de dirección. ¿En qué consiste tu trabajo? Como Coordinadora de intimidad soy una mediadora entre el equipo de dirección-producción y el equipo artístico (actores y actrices). Velo porque los límites de consentimiento, las necesidades de seguridad y cuidado de los actores y actrices se cumplan, y el diálogo sea más horizontal. Trabajo activamente para que las relaciones de poder no generen coacción en la toma de decisiones. Creo un espacio de seguridad y confianza para que actores y actrices puedan poner el freno de mano al automatismo de decir "Sí a todo", pues todavía bebemos de frases como "Si digo que no, no me van a llamar para trabajar más" o "para ser buena actriz tienes que decir sí a todo". Trabajo para que puedan conectar con sus necesidades ante propuestas concretas y para que las puedan verbalizar: poner en palabras lo que les genera vulnerabilidad, lo que no es aceptable y es un No rotundo, un Sí o un No sé. Y cuando es un No sé, lo tomamos como no, hasta nueva revisión. En definitiva, como decía, establecer sus límites de consentimiento. Me gusta decir que el "No" es sagrado y nos muestra el camino del "Sí". Funciono desde dos principios esenciales: ninguna decisión de dirección puede estar por encima de la salud física o emocional de los y las intérpretes, siempre vamos a poder encontrar una solución creativa. Y ningún "Sí" es válido mientras no exista la posibilidad de decir "No". ¿Cuáles dirías que son los mayores retos para los intérpretes que tienen que rodar una escena íntima? Teniendo en cuenta que, en nuestro país, solo el 10% de los actores y actrices viven de su profesión, el hecho de conseguir un papel es casi un milagro, por lo tanto, ¿cómo van a decir que NO a la propuesta del director/a? Muchas actrices y actores piensan que poner límites es molestar y tendrá consecuencias, no les volverán a llamar o les etiquetarán como "la difícil, pesadita, frígida" (estas palabras las extraigo de relatos reales que me han transmitido). Es una profesión en la que hay mucha precariedad, relaciones muy jerárquicas y en la que el valor profesional no siempre se basa en criterios de calidad actoral, sino en el grado de exposición al que accedas o en el número de followers que tengas. Además, pesan muchos mitos que dificultan la posibilidad de poner límites de autocuidado. Creo que el mayor reto, aún habiendo coordinación de intimidad, sigue siendo establecer los límites que cuidan sus necesidades, desde lo más evidente a lo más pequeño y sutil. El proceso de atreverse a verbalizar sus límites, en una situación potencialmente coercitiva, es muy complejo. Cuando hay coordinadora de intimidad, el espacio de diálogo es posible con la persona que está en ese rol, en este caso conmigo. También son un reto las secuencias que reviven los estereotipos machistas, como ocurre con actrices jóvenes teniendo secuencias de intimidad con actores que les doblan la edad. Ahora que estamos con el regreso de Bridgerton, que se caracteriza por sus momentos eróticos, como experta, ¿puedes notar si han contado con una profesional para el rodaje de esas escenas? ¿Qué diferencia las series/películas que no cuentan con esta figura? He visto solo cuatro capítulos de Bridgerton, pero, en general, noto una hipersexualización de los relatos. Como siempre hacia las mujeres y sus cuerpos como objetos de deseo, una mirada que se perpetúa, prevalecen secuencias de momentos que, no solo no aportan narrativamente, sino que exponen cuerpos y prácticas que responden más al imaginario del porno que a un encuentro real, erótico, tierno o salvaje. Como coordinadora de intimidad en varias ocasiones he podido dialogar esto con el director de las películas y series en las que he trabajado, y transformar la secuencia hacia una mirada con perspectiva de género que no objetualice a la mujer, introducir la ternura y la vulnerabilidad implícita en las relaciones y también el deseo salvaje alejado del imaginario de los estereotipos del porno. Aportando soluciones creativas y sin que afecte a la calidad artística del filme. Por un lado noto que existe coordinación de intimidad en los planos, cómo la cámara busca el ángulo que esconde el 'truco'. Pero donde realmente lo notaría es preguntándoles a los actores y actrices cómo se han sentido durante la preparación y rodaje de escenas de intimidad. Más que en el resultado, lo importante es que cuando esas personas cuenten su experiencia, su relato conlleve haberse sentido cómodas, no expuestas sin necesidad, seguras y sin retraumatizarse. He visto solo cuatro capítulos de Bridgerton, pero, en general, noto una hipersexualización de los relatos También contaban los actores de la serie que su coordinadora de intimidad, Elizabeth Talbot, utilizaba una pelota a medio inflar para que sus cuerpos nunca estuvieran en contacto, ¿esto es algo que se utiliza en producciones españolas? ¿Cuáles son los básicos? No pretendemos que los cuerpos nunca se toquen, esto es importantísimo aclararlo porque si no, parece que nos vamos hacia un puritanismo que nada tiene que ver con la figura de la coordinación de intimidad. Los cuerpos necesitan tocarse, pero con consentimiento, seguridad y cuidado, esta es la diferencia que introducimos y la base de nuestro trabajo. Y sí, la pelota es maravillosa, yo la he utilizado en varias ocasiones, es uno de mis objetos 'estrella' y muy eficaz para simular ciertos movimientos. Ayuda a evitar el contacto genital, hace que el movimiento sea realista y sobre todo sostenible, esto es fundamental en cine para que los intérpretes puedan repetir la secuencia. Luego hay otros objetos que fabrico yo misma, como vengo del teatro tengo costumbre de crear aquello que necesito para la escena. De todas formas, para mí, el primer básico es activar todos los elementos que configuran espacios de seguridad y cuidado. Humildad y firmeza tierna para poder velar por los límites de los y las intérpretes y a la vez estar al servicio de lo que el director/a quiere contar. E ir paso a paso. El 90% de mi trabajo es previo al rodaje y el 10% es el momento del set. En cuanto a lo concreto, un básico son las prendas de intimidad que evitan que haya sobre exposición de los cuerpos, aunque haya desnudo integral simulado. Siempre hay que tener en cuenta los diferentes puntos de vista: una cosa es lo que ve la cámara (espectador/a), otra lo que ve mi compañero/a de escena y otra lo que ve el equipo, son tres puntos de vista muy diferentes y con diferentes niveles de exposición. Además de estos accesorios para el plano físico, ¿cómo preparas psicológicamente a las actrices y actores cuando tienen que rodar una escena de sexo simulado? Mi manera de trabajar está muy atravesada por mi recorrido profesional y personal. Soy actriz, me formé en la RESAD, y llevo más de veinte años trabajando en el audiovisual, sobre todo como directora de casting. Durante todo este tiempo una de mis preocupaciones ha sido siempre que los procesos de prueba y de trabajo con actores y actrices sean espacios lo más amables y seguros posible. A eso se suma mi formación en educación sexual y diversidad, mi práctica como terapeuta gestalt, y herramientas como la comunicación no violenta o el mindfulness. Todo eso, junto con una mirada feminista, acaba confluyendo de manera bastante natural en cómo entiendo la coordinación de intimidad: como un trabajo de cuidado, de escucha y de creación de confianza. Cuando una actriz o un actor tiene que rodar una escena de sexo simulado, intento que haya tiempo para hablar antes: abro todos mis sentidos para entender cómo se sienten con la escena, qué necesitan, qué límites tienen y qué cosas les generan más vulnerabilidad. A partir de ahí, la escena se trabaja como cualquier otra coreografía: se ponen palabras, se estructura, se acuerda, y eso suele reducir muchísimo la ansiedad, porque deja de ser algo improvisado o ambiguo, evitamos la incertidumbre. ¿Suelen darse tensiones entre directores/as y la persona a cargo de la coordinación de intimidad o hay comprensión por la importancia del trabajo? A veces sí aparecen. Estamos en un momento de cambio dentro de la industria y puede que haya miradas diferentes sobre cómo abordar estas escenas. Cuando ocurre, mi primera propuesta siempre es el diálogo. En mi experiencia en el diálogo con directores/as y productores/as generalmente he encontrado disponibilidad y agradecimiento. Recuerdo en una ocasión que no la hubo, fue mi primer trabajo, el director venía de fuera... No todo el mundo está siempre disponible para dialogar, pero para mí es importante abrir ese espacio. Mi responsabilidad es hacer pedagogía del consentimiento y sostener con claridad el cuidado hacia los actores y actrices y el diálogo con el director/a. Cuando una tensión implica una dinámica que puede volverse abusiva o poner a alguien en una situación vulnerable, ahí sí es muy importante tener firmeza y proteger ese espacio de trabajo seguro. ¿Cuál es el protocolo si alguien no se siente cómodo y quiere parar de rodar? Si hablamos del set, en rodaje siempre establezco previamente una palabra de seguridad. La conocen las actrices y actores implicados en la escena y, según el caso, también la/el ayudante de dirección. Si en cualquier momento alguien siente incomodidad o necesita detenerse, utiliza esa palabra y la acción se para inmediatamente. En ese momento se respeta el tiempo necesario para revisar qué está ocurriendo. Puede tratarse de una cuestión física, emocional o de límites que necesitan reajustarse. En coordinación de intimidad trabajamos con una idea fundamental: el consentimiento es un proceso abierto y continuo. Si emerge una situación de acoso o abuso de poder, entonces entran en juego también los protocolos legales de prevención del acoso en el ámbito laboral que existen en España. Entre otras normas, la Ley Orgánica 3/2007 para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres establece que las empresas deben contar con medidas específicas para prevenir y actuar frente al acoso sexual o por razón de sexo. También la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales obliga a las empresas a garantizar la seguridad y salud de las personas trabajadoras, incluyendo los riesgos psicosociales. Algo importante para mí, es entender que la responsabilidad es compartida. Si cualquier miembro del equipo tiene conocimiento o detecta una situación de acoso o abuso, también tiene la responsabilidad de comunicarlo a través de los canales establecidos. Sabemos que sobre quién recae la situación de abuso o coacción es la persona que más difícil tiene nombrarlo o actuar. Además, es muy importante que se conozca esta medida pionera en España, el Ministerio de Cultura de España ha creado la Unidad de atención contra las violencias machistas en el sector audiovisual y cultural. En esta página se puede ver toda la info y descargar el protocolo específico. Mi trabajo como coordinadora de intimidad es prevenir, mediar y acompañar, generando un entorno donde los límites puedan expresarse con claridad. Pero también es recordar que el cuidado y la responsabilidad no recaen en una sola persona, sino en todo el equipo. En coordinación de intimidad trabajamos con una idea fundamental: el consentimiento es un proceso abierto y continuo ¿Puedes compartir algún caso que haya sido especialmente satisfactorio para ti en tu labor como coordinadora de intimidad? La experiencia más satisfactoria ha sido lograr transformar, en dos de las pelis que he rodado recientemente, a partir de la escucha y el diálogo con el director, de la mirada hipersexualizada del relato inicial en guion, hacia las mujeres y los hombres (ambos estereotipados), a un relato de ternura, afecto entre personas y erotismo orgánico. Transformando las secuencias de intimidad que en guion respondían claramente a estereotipos del porno y secuencias donde los personajes cuentan lo que les pasa a nivel afectivo-sexual, más para aportar a la historia, que para la excitación del espectador. Conseguimos generar un espacio de confianza y seguridad con los/las intérpretes, muy jóvenes por cierto, en el que pudieron nombrar su incomodidad hacia esta mirada pornificada, y generar un espacio de reflexión sobre la responsabilidad que tenemos desde la industria con los contenidos que generamos. Finalmente pudimos dar soluciones creativas cuidando la vulnerabilidad emocional y física de los intérpretes y también el relato. ¿Qué relación tiene tu trabajo con la 'pedagogía del consentimiento', término que empezaste a introducir a partir de intervenciones de prevención de violencias, y que luego conceptualizaste en tu tesis como la estrategia de prevención de dichas violencias estructurales en las escuelas? Si la coordinación de intimidad es la punta del iceberg, la pedagogía del consentimiento es la base sobre la que se sustenta, es su raíz. Es el aprendizaje de la ética del cuidado interpersonal, interseccional y colectivo, aprender a vincularnos desde el buen trato y, desde dinámicas de respeto, humanizar las relaciones, mirar, escuchar, sentir y tener en cuenta quien tengo en frente, salir del individualismo feroz, que puede llegar a ser muy dañino. Hay dos cuestiones fundamentales en la pedagogía del consentimiento. La primera es tomar conciencia y darme cuenta de que cuando estoy en un rol de autoridad, tengo poder sobre quienes están en una posición de más vulnerabilidad. Y, tener poder/autoridad, implica una gran responsabilidad, desde la que se puede cuidar o dañar profundamente y la reparación de ese trato negligente, como sabemos por experiencia, es costosísimo para la persona o grupo sobre el que recae el abuso de poder. Y la segunda clave es el poder de nombrar y abrir un proceso que devuelva agencia a la parte más vulnerable, creando estructuras que protejan esa posibilidad de nombrar, visibilicen y abran grietas para que el poder fluctúe y se escuchen los relatos de los/las más vulnerables. El poder, como dicen Foucault y Judith Butler, fluctúa, no es estático.

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