Los secretos del Pazo de Meirás que la familia Franco ha perdido: bodas, vacaciones y pedidas de mano
2026-03-14 - 16:23
El Pazo de Meirás vuelve definitivamente a manos públicas. El Tribunal Supremo ha confirmado por unanimidad que la familia de Francisco Franco debe devolver al Estado esta histórica propiedad situada en Sada, poniendo fin a años de litigios judiciales. La resolución respalda la sentencia de la Audiencia de A Coruña y rechaza los recursos presentados por los herederos del dictador, que reclamaban la propiedad de la finca. El alto tribunal concluye que la adquisición realizada durante la Guerra Civil fue irregular y que el inmueble nunca dejó de estar vinculado al dominio público. Pero más allá de la batalla legal, el Pazo de Meirás es también uno de los edificios más cargados de historia de Galicia. Construido por la escritora Emilia Pardo Bazán, el recinto fue durante décadas escenario de veranos familiares, bodas y episodios clave del franquismo. El origen del pazo se remonta a finales del siglo XIX. Fue Emilia Pardo Bazán quien ordenó su construcción en 1893 para convertirlo en su residencia de verano y en un espacio dedicado a la creación literaria. La autora gallega instaló allí su biblioteca en la llamada Torre de la Quimera, el punto más alto del edificio, donde pasaba largas temporadas escribiendo. El lugar se convirtió en un auténtico centro cultural hasta su muerte en 1921. Tras su fallecimiento, la propiedad pasó a manos de su familia. Sin embargo, durante la Guerra Civil el edificio fue adquirido por notables de la zona que terminaron regalándolo a Franco, simulando posteriormente una compraventa directa para formalizar la operación. Desde entonces, el dictador convirtió el pazo en su residencia de verano. Allí celebraba incluso consejos de ministros durante los meses que pasaba en Galicia. El Pazo de Meirás se levanta sobre un terreno de más de 66.000 metros cuadrados y presenta una arquitectura de estilo romántico que recuerda a un castillo medieval. El complejo está formado por tres torres almenadas de distintas alturas. Las dos principales funcionan como residencia y están conectadas por una gran escalera de granito que da acceso a salones, despachos y dormitorios. En su interior se conservan cerca de 700 piezas de valor histórico, entre bustos, tapices, lámparas, alfombras y muebles antiguos. También alberga bibliotecas con hasta 13.000 libros, una de las grandes herencias culturales vinculadas a Emilia Pardo Bazán. Entre los objetos más singulares se encuentran una mesa vitrina que perteneció a la sala de música de Victoria Eugenia de Battenberg, tejidos procedentes del Palacio Real de Madrid o un sofá del siglo XVIII tallado y dorado. En el exterior destaca O Paciño, una pequeña casa de juegos que Franco mandó construir para su hija, además de jardines y espacios históricos como la capilla del recinto. Durante décadas, el pazo fue uno de los centros de reunión de la familia Franco. Además de utilizarlo como residencia estival, los descendientes del dictador lo convirtieron en escenario de numerosos encuentros familiares. Sus jardines y salones acogieron incluso celebraciones privadas de gran relevancia para el clan. En total, cuatro bodas de los Franco se celebraron en esta propiedad. La primera tuvo lugar en 1977, cuando María del Mar Martínez-Bordiú se casó con Jimmy Giménez-Arnau. Años después, en 1996, fue el turno de María Aranzazu Martínez-Bordiú, que contrajo matrimonio con el abogado Claudio Quiroga Ferro. Ya en el siglo XXI se celebraron otras dos ceremonias: la boda de Jaime Ardid Martínez-Bordiú en 2004 y la de Leticia Giménez-Arnau en 2008. Además, el pazo fue también el lugar elegido para la pedida de mano de Luis Alfonso de Borbón y Margarita Vargas, un evento que reforzó su papel como escenario de celebraciones familiares. Tras la muerte de Franco en 1975, la propiedad continuó en manos de su familia durante décadas. Sin embargo, el Gobierno inició en 2019 el proceso judicial para recuperar el inmueble para el patrimonio público. La sentencia del Tribunal Supremo confirma ahora definitivamente esa devolución, poniendo fin a una de las disputas patrimoniales más largas relacionadas con la dictadura. Con ello, el Pazo de Meirás vuelve a convertirse en un símbolo histórico de Galicia y de España, un lugar donde conviven la memoria literaria de Emilia Pardo Bazán y uno de los episodios más complejos del pasado reciente del país.