Los 'sisis', esos jóvenes que estudian, trabajan e incluso crean empresas
2026-03-23 - 03:30
Hubo un tiempo en que algunos universitarios optaban por las clases particulares o las noches sirviendo copas para financiarse sus estudios. Para casi todos era un trabajo pasajero, de necesidad. Sin embargo, y aunque siga habiendo alumnos que recurran a este tipo de empleos para sacarse un dinero, en cada vez más universidades lo que se propone es que los estudiantes logren pagarse la matrícula con los beneficios que obtengan de su propia empresa. Y, de paso, pongan un pie en el mercado laboral. Son los llamados 'sisis', ese grupo de jóvenes antagónico a los por desgracia conocidos 'ninis'. «Hasta hace poco, en las familias españolas de clase media no estaba bien visto que los universitarios trabajaran mientras estudiaban. Esto está cambiando, pero para empleos de alta cualificación , algo mucho más frecuente en otros países europeos», indica Antonio Cabrales, que es catedrático de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid. Es decir, que los jóvenes que estudian y trabajan ya no buscan ahorrar dando clases particulares, sino que intentan entrar en empresas reputadas o incluso lanzan sus propios proyectos. Huyen, cada vez más, de los trabajos pasajeros y precarios. Así lo han hecho Ane, Olatz, Joaquín y Brais, todos ellos estudiantes del grado en Liderazgo Emprendedor e Innovación de la Universidad de Mondragón. Nacidos en el 2003 y en el 2004, estos cuatro jóvenes forman parte del 16% de españoles entre 15 y 29 años que estudian a la vez que trabajan en España, según datos de Eurostat publicados el pasado mes de enero. Una 'rara avis' en un país que siempre ha destacado negativamente por su alto porcentaje de 'ninis'. Los últimos datos, publicados en septiembre en el estudio 'Education at a Glance', estiman que un 17,6% de jóvenes españoles de entre 18 y 24 años ni estudian ni trabajan. Una cifra que se ha ido reduciendo en los últimos tiempos, pero que aún resulta sonrojante, pues nos encontramos muy por encima de la media de la UE (que cuenta con un 12,9% de 'ninis') y de los países de la OCDE (con un 14%). Joaquín Sanz parece orgulloso de no ser uno de ellos. Este estudiante universitario en cuarto de carrera ha lanzado, junto a su socio Brais Vinseiro, una bebida para tomar por la noche que promete calmar la mente, favorecer el sueño y ayudar a quien la toma a rendir al día siguiente. «Nuestra empresa, Dive Dreamer, nos ha supuesto un ahorro en las matrículas. Estamos en un momento muy dulce», cuenta Sanz a este periódico. Pero más allá de servirles para financiarse parte de los estudios, lo que desean es poder vivir de los beneficios que les vaya reportando. Es similar la historia de Ane del Moral y Olatz Martija, que también han podido costearse parte de la carrera en Mondragón gracias a Duara, que crearon mientras estudiaban. Se trata de un proyecto empresarial con el que pretenden medir el impacto en contaminación de la ropa. Sus clientes, según explican a ABC, son sobre todo diputaciones, que las contratan para organizar concursos en vivo de moda sostenible. «Recogemos retales de industrias locales o de organizaciones como Cáritas y lanzamos convocatorias a las que se pueden apuntar diseñadores, pero también cualquiera que sepa coser. Es como un 'Masterchef' pero de la moda», relatan estas dos jóvenes emprendedoras, que ya cobran un sueldo dentro de su propia empresa. «Nuestros profesores siempre nos han aconsejado no pedir dinero a las familias, sino conseguirlo por nosotros mismos», confiesan Ane y Olatz, que empezaron a reunir fondos participando en otros proyectos casi desde la primera vez que pisaron la universidad. Estos casos de 'sisis', cada vez más visibles, siguen siendo minoritarios en España. Detrás de ese 16% de jóvenes que estudian y trabajan hay factores estructurales que explican por qué nuestro país continúa lejos de la media europea, situada en el 25,4%. La diferencia con naciones como Alemania , donde estudian y trabajan un 45,8% de los jóvenes o con País Bajos —donde lo hacen un 74,3%— es abismal. Para explicar por qué los universitarios no suelen trabajar en nuestro país, Ismael Sanz, director del área de Educación de Funcas, apunta a un rasgo diferencial muy arraigado. En España, refiere, « generalmente vives con tus padres , y eso hace que no tengas esa necesidad de trabajar mientras estudias». A diferencia de lo que ocurre en países como Alemania, Austria o Países Bajos, donde la emancipación temprana es más habitual, en nuestro país muchos universitarios siguen contando con el sostén familiar durante años. Eso, unido a una cierta cultura que prioriza el rendimiento académico, reduce el incentivo —y en ocasiones también la presión— para incorporarse al mercado laboral de forma precoz. En esta misma línea, Sanz subraya que no solo se trata de una cuestión económica, sino también cultural: los propios padres suelen preferir que sus hijos se concentren exclusivamente en los estudios. Una idea que, aunque empieza a cambiar, sigue muy presente en amplias capas de la sociedad española. A ello se suma un mercado laboral poco adaptado a las necesidades de quienes quieren compaginar ambas actividades. «En España no hay tanta flexibilidad como en otros países», explica Sanz, quien pone como ejemplo el caso de Países Bajos, donde los estudiantes pueden entrar y salir del mercado de trabajo con facilidad, ajustando sus horarios a los periodos académicos. Aquí, en cambio, predominan estructuras más rígidas y menos opciones de empleo a tiempo parcial o por horas, lo que dificulta esa compatibilidad. Además, el contexto general del empleo juvenil tampoco ayuda. España sigue registrando una de las tasas de paro juvenil más elevadas de Europa, lo que desincentiva incluso a quienes se plantean trabajar mientras estudian. Tal y como señala Sanz, muchos jóvenes son conscientes de que los trabajos disponibles «no siempre aportan valor formativo», lo que reduce su atractivo más allá de la necesidad económica. Pero hay otro dato clave: la calidad del primer empleo o lo que se conoce como «efecto cicatriz». Según explica, existe evidencia de que comenzar la vida laboral en puestos precarios puede tener efectos duraderos en la trayectoria profesional. Se ven diferencias incluso en estudiantes que se han graduado con un año de diferencia, en un contexto económico prácticamente idéntico. No solo importa cuándo empiezas a trabajar, sino cómo y en qué condiciones se hace. La tendencia, eso sí, parece cambiar poco a poco. El impulso de la Formación Profesional dual, el aumento de las prácticas en la universidad o el crecimiento de la educación 'online' están facilitando nuevas fórmulas para combinar estudio y trabajo. En algunos casos, incluso hasta el punto de que ciertos estudiantes optan por no terminar la carrera cuando encuentran una oportunidad laboral atractiva. Con todo, los 'sisis' siguen siendo por ahora una excepción en España. Una minoría que trata de abrirse paso en un modelo que va entendiendo que poner copas no es la única opción.