Los usuarios en silla de ruedas reivindican accesibilidad, empatía, mejores productos y "que se respeten nuestros derechos"
2026-03-01 - 10:03
Cada 1 de marzo, se conmemora el Día Internacional de la Silla de Ruedas, una fecha creada para concienciar sobre los desafíos a los que se enfrentan a diario las personas con movilidad reducida y promover su igualdad y la inclusión plenas. En España, aunque no se conoce la cifra exacta del número de usuarios de silla de ruedas, sí se calcula que hay 2,5 millones de personas con algún tipo de movilidad reducida y que 553.800 de ellas usan productos o tecnologías de apoyo a la movilidad, muchos de ellos, sillas de ruedas. Y si extrapolamos estos datos a nivel mundial, se estima que hay 80 millones de personas para quienes este accesorio es indispensable para su movilidad y autonomía. Son muchas y, cada vez debido al envejecimiento de la población, pero a día de hoy se siguen encontrando barreras que les impiden su plena participación en la sociedad. El 1 de marzo es, por tanto, un día para reivindicar, sobre todo, un mayor acceso a los productos de apoyo que necesitan y una accesibilidad que, aunque va mejorando, dista mucho de estar a la altura de sus necesidades, como recuerdan a diario entidades como COCEMFE (Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica). Los productos que necesita el usuario, no la patología Las sillas de ruedas no son un producto aislado, sino que forman parte de un gran número de productos ortoprotésicos relacionados con la movilidad reducida u otra discapacidad, como cojines antiescaras, joysticks, sillas de baño, etc. Para acceder a ellos a través de una financiación pública, en España existe la cartera de servicios comunes de prestación ortoprotésica, que establece unos mínimos. En ella se describen los tipos de productos -en este caso sillas de ruedas- y la cantidad de dinero que se otorga para la adquisición de estos. A partir de ahí, cada comunidad puede mejorar los servicios. Para acceder a esta financiación, es necesario que un médico te lo ‘recete’, algo que hoy día se hace en función de las patologías que causan la movilidad reducida, y no de las necesidades reales de los usuarios, “nuestra mayor reivindicación es poder acceder al producto que necesiten en función de su necesidad, y no de su discapacidad o de su patología. En el catálogo hay algunos productos que solo se pueden prescribir si tienes una determinada patología, lo que nosotros pedimos es que el sistema financie los productos que cubran sus necesidades personales, da igual que sean causadas por una lesión medular o por una enfermedad neurológica. Es una visión muy de derechos humanos, muy social, dar a la persona lo que necesita, independientemente de por qué lo necesite”, reivindica Daniel-Aníbal García, Secretario de Finanzas de Cocemfe. Las personas en silla que hacen deporte asumen unos sobrecostes tremendos y hacer deporte no debería ser un lujo, es inclusión Por otro lado, hay algunos productos que se llaman activos, por ejemplo, una silla de ruedas de vida activa, lo que ocurre, asegura Daniel-Aníbal García, es que hay un mal entendimiento de lo que es vida activa, “se considera que tienes una vida activa solo cuando estás trabajando, cuando debería valorarse en función de tu estilo de vida, pues persona que sea jubilada puede tener una vida exactamente igual de activa que un trabajador o una persona que está estudiando”, se queja. Hablando de vida activa, otra gran reivindicación del colectivo es que se financien los productos relacionados con el deporte, algo que no ocurre hoy en día, y que consideran indispensable para su plena inclusión, ya que “una integración total en la sociedad tiene que tener en cuenta cosas como el ocio o el deporte. Hacer deporte no debería ser un lujo, porque es una forma de inclusión en la sociedad, y las personas con discapacidad que quieren hacer deporte asumen unos sobrecostes tremendos, muchos no se lo pueden permitir, pues son productos carísimos”, se queja. Estos productos, según su opinión, deberían estar cubiertos, es decir, que hubiera una cobertura de casi todos los productos posibles y que “a cada persona se le recete el que le corresponda”. Pero, ya que esto no es así, que al menos se les permitiera pagar la diferencia si prefieren un producto que se ajusta más a sus necesidades y es más, lo que suelen llamar ‘la mejora’, “es decir, que si financian desde Sanidad un producto que vale X y tu prefieres uno más caro, poder copagar la diferencia, poder mejorar ese producto aportando de tu bolsillo”, algo que no permiten en todas las comunidades. Es decir, que o aceptas el que te recetan o lo pagan entero, “hay pacientes que pueden hacer un esfuerzo económico para pagarse algo mejor, pero no pueden pagar el 100% del producto. La falta de copago pone en peor situación a la persona de menos recursos, porque los que tienen recursos se lo pueden pagar entero”. Más empatía y accesibilidad Tan importante como poder tener una silla de ruedas adaptada a las necesidades es que las ciudades y edificios sean accesibles, una realidad en la que vamos mejorando, pero en la que falta mucho por hacer, sobre todo en edificios antiguos, y muy especialmente en viviendas, “sigue habiendo muchas personas en viviendas sin ascensor, que no pueden salir de casa de manera autónoma o no que, directamente, no pueden salir de su casa. Es increíble la cantidad de personas que tienen que mudarse, irse a una residencia... porque su casa o su barrio de toda la vida no es accesible”, alerta el secretario de Cocemfe. También alerta de la falta de accesibilidad en lugares públicos, lo que provoca que hay multitud de lugares a los que la población general sí pueden acceder y las personas en sillas de ruedas no, lo que les hace sentirse excluidos. Esto se da, sobre todo, “en restaurantes, los lugares de ocio, cultura... Hay sitios a los que no podemos ir porque no son accesibles y es reduce la intensidad con la que podemos disfrutar de la vida”. Es increíble la cantidad de personas que tienen que mudarse o irse a una residencia porque su casa o su barrio de toda la vida no son accesibles Además, cuando algo es accesible, tiene que serlo en su conjunto. Es lo que se conoce como ‘cadena de accesibilidad’, pues de nada sirve una rampa si para acceder a ella te encuentras dos escalones, “hay que pensar mucho la cadena de la accesibilidad para que todo, desde que la persona salga de su casa hasta que vuelva, sea accesible porque cada elemento inaccesible impide ir al siguiente”, explica Daniel-Aníbal García. Otra cosa que le preocupa mucho es un discurso de odio que está creciendo hacía las plazas de aparcamiento reservadas para personas con movilidad reducida, algo impensable hace años, “nadie se atrevía a aparcar allí o si se atrevían y le pillabas, se sentían culpables. Hoy en día te increpan. Se ha perdido un poco de sensibilidad y la conciencia de que la discapacidad y la movilidad reducida son un elemento de exclusión y que tiene que haber medidas de discriminación positiva. Y ahora mismo se nos está criticando la mera discriminación positiva. Esto lo vemos sobre todo en las redes sociales, se está viendo un discurso de odio que antes igual no se daba, o lo pensaban, pero no lo decían. Es un discurso de odio capacitista, y es una pena. Se dice mucho eso de que ‘se ponga en mi lugar’, pero yo no quiero nadie se ponga en mi sitio, sino que se respeten mis derechos”, lamenta.