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Los vecinos de las parcelas del aeropuerto de Córdoba ya miran con inquietud la subida del Guadalquivir

2026-02-04 - 19:45

El cielo está igual de gris y la lluvia cae de la misma forma. Intermitente, dispersa, seca a ratos. Para que quien ha tenido que ir un día y otro distinga están los detalles. El punto hasta donde sube el agua, el nivel del barro en las calles que no están asfaltadas y las sensaciones de quienes conocen al Guadalquivir muy de cerca. Al punto informativo que hay en la última glorieta de la carretera del Aeropuerto se han desplazado muchos vecinos entre el martes y el miércoles. Los agentes responden a las preguntas de cada vez más residentes y esperan las peores horas de agua y sobre todo de viento. Por allí se llega hasta Guadalvalle y La Altea, que están entre las parcelaciones más próximas al río. Entre un día y otro han crecido el barro y el agua, y aunque todavía no se teme por el momento en que el río llegue a las casas, el Guadalquivir baja más alto. Dos bomberos acaban de llegar en uno de sus vehículos a la zona. No a ninguna emergencia, sino a comprobar cómo baja el Guadalquivir y si los vecinos necesitan algo. Conforme está más próximo el río crece el barro y los vecinos están allí acompañados por la Policía Local . De momento sin desalojar. María Victoria Moreno tiene en la mano el teléfono móvil con los datos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir que muestran cuanta agua lleva por el río por cada punto. Le preocupan Villafranca y Alcolea, en que el nivel está en el umbral naranja y por lo tanto el riesgo es menor. Como todos sus vecinos, sabe que el pantano de San Rafael de Navallana ha dejado de desembalsar agua, así que no se espera una subida muy violenta, pero quienes habían bajado el martes hasta el Guadalquivir han visto este miércoles que está más alto, que hay menos distancia hasta la zona de las casas. Elogia el trabajo de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir: «Cada vez que sube el río lo controlan perfectamente. Si esto hubiera pasado y hubiera estado en manos de la Agencia Andaluza del Agua habría sido como en 2010». Y al revés, no habría pasado con la gestión actual. El río baja y sube, pero eso es por lo desembalses y por las escorrentías, porque la mucha lluvia hace que la tierra no pueda tragar más. Por eso mira al Guadalquivir con inquietud, pero también confiada en que el río no se desborde: «Somos unos privilegiados . Como si Dios nos hubiera puesto la mano encima». Mientras tanto sigue mirando el teléfono para observar cómo crece el cauce, aunque esté a simple vista. El Guadalquivir ha multiplicado el caudal, que baja con una fuerza inusitada y ha arrastrado lo que encontraba en las orillas. Por eso llegan ramas, que forman grandes balsas y que también llevan objetos de plástico y todo lo que muchos incívicos han dejado en las orillas, y no son pocas cosas. Los árboles de los islotes apenas muestran las copas y las ramas más altas. No hay trazas de tierra ni de otra cosa que agua en la forma en que el Guadalquivir pasa junto al aeropuerto de Córdoba. La Policía Local ya ha preparado un triaje de las casas y teme que el peor momento llegue el domingo, con la siguiente borrasca que puede provocar una subida importante del cauce que ya empiece a llegar hasta las parcelaciones. El Ayuntamiento también presta especial atención a la barriada de Majaneque , en concreto por dos puntos. Tiene parcelas muy próximas al Guadalquivir que más de una vez han sufrido inundaciones, pero en la zona más próxima a la carretera Puesta en Riego hay dos arroyos que han dado problemas en días de lluvia. Lo sabe Josefa Jiménez, que en estos días ha tenido que colocar barreras en la puerta de entrada a u casa y en el acceso a la cochera. El agua puede llegar hasta allí y no se fía. Como ella lo han hecho todos los vecinos. Algunos, con plásticos o metal y otros de obra. Han tomado los ladrillos en la mano y con un poco de mezcla han dispuesto en las puertas de sus casas una barrera contra el agua, porque esta zona, entre dos arroyos, el de La Conchuela y el de Los Llanos, es muy inundable, y los últimos disgustos están bastante cercanos. Juan Cobacho invita a entrar en su casa, que tiene todavía las huellas de la inundación, y que le he a obligado a deshacerse de algunos muebles. Es el problema que crea el arroyo La Conchuela , y que ha obligado a cerrar una calle con sacos. Los vecinos no dejan de quejarse de los problemas que hacen que la subida de los arroyos provoque el agua llegue hasta sus casas. Llueve mientras tanto y no dejará de hacerlo en toda la noche. El Guadalquivir llega muy poco después al umbral rojo de riesgo. La respiración empieza a hacerse más entrecortada entre quienes escuchan el ruido del río bajando.

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