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Más allá del "no sanchismo"

2026-02-15 - 08:15

"¿El PP tiene un proyecto nacional? Sí, echar a Sánchez. Pero eso no es un proyecto de país". Recojo estas palabras recientes de Felipe González porque han quedado eclipsadas por sus famosas críticas a Pedro Sánchez y porque creo que merecen atención. Atención y reflexión, independientemente de las filias o fobias que despierte el antiguo secretario general del PSOE y de las valoraciones o reproches que se le puedan hacer a su gestión en los 14 años que estuvo en el poder. En efecto, creo que echar a Sánchez es algo que se queda un poco corto como programa político, como alternativa de poder, como proyecto de gobierno, de legislatura, de país. No es normal que sepamos tan poco sobre lo que piensa hacer Feijóo si consigue llegar a La Moncloa en unas próximas elecciones. Puede decirse a favor de él, como explicación a su laconismo ideológico y programático, que teme dar detalles que puedan dar lugar a discrepancia, discusión o división en esa amplia amalgama que es su potencial electorado y que, efectivamente, se aglutina hoy en torno a un solo, exclusivo, monotemático y machacante objetivo: sacar a Sánchez de una vez por todas de La Moncloa a la que se agarra como una lapa. Para colmo, tiene a Vox aguardándole al fondo del oscuro corredor y blandiendo la afilada hoja de su puñalito a la espera de que cometa un solo desliz retórico que le permita señalarle como traidor irredento, blandito genético o "huevón nacional". El problema es que el vacío verbal acaba generando un vacío conceptual si es que no proviene de éste. En sus lúcidas intervenciones del pasado 10 de febrero en los Desayunos del Ateneo, Felipe González dijo también que "de un bipartidismo imperfecto hemos pasado a un bibloquismo perfecto". No solo tenía razón sino que esa apreciación va más lejos de lo que él quizá pensaba. No es solo que en siete largos años no haya habido en el Congreso de Diputados más que un solo Debate sobre el Estado de la Nación y que Sánchez haya sustituido éste por el "debate sobre el estado de la oposición", sino que esa ausencia de contraste de opiniones ha calado en el cuerpo social. Y es que el "bibloquismo" ha "bloqueado" no solo la vida política sino el propio debate público, el debate pragmático y el teórico, el funcional y el intelectual. Es como si no hubiera vida fuera del PSOE y del PP ni de los bloques que se han construido en torno a ambos y que se alinean en la misma y reduccionista dialéctica hamletiana. No hay modo de salir del dilema "Sánchez sí, Sánchez no". Con otro apellido y otras siglas de partidos en juego, hemos hecho un viaje por el túnel del tiempo y hemos vuelto al "Maura sí, Maura no" de una de las memorables crisis del Régimen de la Restauración. La disminución del espacio de debate es tan brutal que, si algún partido político quiere asomar la cabeza en medio de ese guiñol 'bibloquista’' debe ser jugando a la misma disyuntiva simplista y ocultando a toda costa, su programa económico si es que realmente lo tiene; su manera de entender los derechos sociales, los impuestos fiscales o las reformas que reclama este país y que empiezan por la propia ley electoral. No hay altavoces ni podios ni tribunas, ni foros ni ágoras más que para posicionarse a favor o en contra de Sánchez. Al que quiera hablar de política o se le manda callar, como si fuera un niño que interrumpe una conversación de mayores con una salida extemporánea, o es ignorado y condenado a hablar solo como si se tratara de un trastornado o un extravagante que no ha entendido las claves por las que se rige la verdadera realidad. La situación tiene un punto en común con los años 80 y 90 en el País Vasco en los que la respuesta al nacionalismo era tan precaria y paupérrima que se expresaba en términos de "no nacionalismo" e incluso se llegaba a autodefinir como "no nacionalista". Como si no tuviera una entidad propia y ésta solo se definiera ontológicamente en oposición a la ideología hegemónica. Como si no tuviera, en fin, existencia autónoma ni nada que aportar por sí misma. Fue necesario el nacimiento del Movimiento Cívico Vasco en 1998 para que se acuñara el término "constitucionalismo" como definitorio de una ideología y unos valores democráticos tan potentes como los de la etnia, el terruño, la lengua, el autogobierno o la secesión. Sí. Hoy el partido de Feijóo se halla instalado en el "no sanchismo". Como Vox, cuya gran diferencia con éste es que grita ese mismo lema con más fuerza. Pero es preciso entrar en el debate ideológico, en eso que se ha llamado 'la batalla cultural'. No basta con darnos a la ciudadanía en vísperas de las elecciones un manojo de papeles farragosos, pomposos y tediosos, sin alma, que no se lee nadie y que mejor que no se lean porque quitarían las ganas de votar a cualquiera. A cualquiera que, al leerlos, se reencuentre con esos mismos términos (sostenibilidad, resiliencia, gobernanza...) que no se le quitan de la boca a quien supuestamente se pretende desbancar y relevar.

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